Colaboradorxs Habituales

El niño detrás de las barbas

Soy historiador de formación y creo que ello es algo que me condicionara siempre en el modo que tengo de ver el mundo, los cambios y la vida en general. Durante todo el tiempo que pasé estudiando la carrera siempre me hice la misma pregunta ¿para qué sirve la historia? Me pasé los cuatro años sin encontrar una respuesta satisfactoria. Más allá de mi interés personal ¿qué de utilidad podía yo aportar al mundo o al menos a mi entorno? Si bien creo que la cultura no ocupa lugar ¿hasta qué punto es cierta la sempiterna afirmación de que la historia nos permite aprender de nuestros errores? El conocimiento de fechas y sucesos, o incluso procesos ¿puede tener un impacto real hoy en día? No fue hasta hace bien poco, hablando con otros de los miembros de la revista, que fui capaz de encontrar la respuesta. Y es que como graduado en historia soy plenamente consciente de dos hechos: 1) Que todos los acontecimientos son fruto de procesos largos, nada puede explicarse si no indagamos atrás en el pasado (ya sea unos años o cientos de ellos) y todo lo que parece nuevo o sorprendente suele tener detrás un largo recorrido. 2) Nada es tan simple como pueda parecer, todos los procesos son complejos, en ellos confluyen miles de motivaciones diversas, muchos intereses e incluso pasiones. Hoy en día vivimos en el mundo de lo inmediato, nuestra visión es cortoplacista y desgraciadamente extremadamente simplista, no nos gusta lo complejo, no nos gusta pensar, preferimos las explicaciones fáciles que nos permitan señalar rápido al culpable, explicaciones que son poco satisfactorias en la mayoría de los casos. Supongo que todo esto no es más que para decir que mi intención va a ser en la medida de lo posible plasmar en mis artículos estos dos aspectos, la visión a largo plazo y la complejidad de los procesos, dando respuesta por fin a esa siempre difícil pregunta ¿para qué sirve la historia?

La Derramá

Derramándome desde 1994.

En un continuo camino de lo categórico a lo elástico. Me gusta la gente y la vida, pero creo que no me adapto a ella del todo: ¿24 no son muchas horas?
Lo mío son las conexiones estrafalarias que me hacen reír y el feminismo que me hace vibrar, si es de patio de vecinas mejor.
Currently analizando sutilezas desde Málaga.
liza

liza femonoe

Del rus. Записки из подполья, “Zapiski iz podpolya”, de Фёдор Михайлович Достоевски y del gr. Φημονόη, se le atribuye el γνωθι σεαυτόν conocido por Σωκράτης

  1. adj. Que no viene al caso, o que molesta de palabra o de obra. Apl. a pers., u. t. c. s. ps
  2. adj. p.us. Excesivamente susceptible, que muestra desagrado por

todo, y pide o hace cosas que están fuera de propósito. U. t. c. s

3. .m. pl. Anteojos con manija, usados por las señoras.

Polimorfx

Quien habita tras la máscara es lo de menos. Visto mil y una caretas , todas al servicio de mi travestismo intelectual. Imbuido así de nuevas identidades cobro voz y fuerza para bramar sobre aquello que me rodea, me llama, me descoloca, me tienta y me hiere. Si por casualidad o descaro el lector buscase mi cara, sólo encontraría silencios y la pura nada.

De esta polifonía de voces surge el guirigay y el caos, un montón de paja en la que el buen escarbador encontrará seguro agujas de oro y plata.

Estás lineas sin máscara y a pecho descubierto son lo poco que quiero desvelar al lector. De ahora en adelante sólo habrá carnaval, juego de reflejos y espejos. Mi baile de máscaras particular. Ya no se trata de quien dice qué sino de qué dice quien. Simples palabras a través de mis títeres. O quizás algo más. Ahora sólo queda escuchar y rebuscar.

Zule

depresión ok

Cómo el fénix: contradicción del no-muerto aunque muerto.

La hiedra crece en mis pensamientos y a veces llora flores de loto. Soy un palacio hecho ruinas. Soy el tesoro de la pobreza. Soy cuerda esquizofrenia, dándose cabezazos para no quedarse loca.

Pasión descarnada que toca las gónadas. La nocturnidad es mi día, el sol mi modorra. Llevo gafas opacas, porque si me miran a los ojos siempre se asustan y salen corriendo; a por piedras.

Soy brutalmente tierno, dulcemente vomitivo. Querría ser un enigma; pero he nacido, y lo que es peor, aun sigo viviendo.

Sólo sé que no sé nada, pero soy un vende-humos. Aún así, en la niebla ¿se encuentran cosas?.

Suicida vitalista, la pedantería poética es mi especialidad. El testimonio narrativo es mi método. No busques ensayo aunque ensaye. Todo es un cuento, y todo es mentira, pero en el contar del mentiroso habita una cierta verdad.

¿O no?

Momo

Momo II

Nacemos, crecemos, nos reproducimos (o quizá no) y morimos.

Respiramos, nos nutrimos, encontramos nuestro cobijo y trabajamos para mantenernos.

Hasta aquí lo esencial; a partir de aquí todo lo demás. ¿Y cómo llamamos a todo lo demás?

Arte. Así lo llamamos.

 

Lloramos, reímos, nos emocionamos, sentimos, padecemos.

No enamoramos, sufrimos, caemos y volvemos a levantarnos.

Nos equivocamos, aprendemos, erramos, nos desgarramos, volvemos a caer, recogemos las piezas y de nuevo nos alzamos en pie.

Comprendemos lo que nos rodea y a quienes nos rodean, tendemos la mano, damos la espalda, confiamos, fallamos y nos fallan.

 

Nada estaba previsto, pocas cosas nos enseñaron a enfrentar la vida como llega y no como la esperábamos.

Pero podemos contarlo.

Podemos narrarlo, cantarlo, bailarlo, dibujarlo, grabarlo, filmarlo, esculpirlo, capturarlo. Transformarlo en algo hermoso, dramático, sobrecogedor, esperanzador, hacer una caricatura de todo ello o una obra que cubra el cielo.

 

Hace unos años decidí hacer del aprendizaje de todas estas expresiones un modo de vivir el mundo que me rodea, y a cada paso surgen más y más. A cada momento cobra más sentido.

Para acabar siendo lo único que tiene sentido.

Porque pocas cosas terminan siendo tan bellas como nacer, crecer, morir…

 

 

 


Revista La interferencia. Aquí estamos, vamos a ver que decimos.