Jajajajajajaja. – Zule

Jajajajajajaja. 

Esa carcajada es el humor. El insípido blanco que lo antecede y el triste punto que lo acalla son sus límites. 

¿Qué contenido debería quedar enclaustrado tras estos límites? De primeras digo que no lo sé. No quiero engañar a nadie: yo soy un cuentacuentos y no alguien que sabe -griten… ¡griten la palabra sofista, que me pone cachondx! Por eso quería contar un cuento, un cuento gracioso que explicase el problema. Pero mi cabeza está atontada por la tele, el YouTube, la droga y el estrés, así que no da pa mucho. Por eso solo voy a contar una mierda de cuento.

Era un día bonito, y llovía mucho. ¿Quién dijo que los días bonitos no llueve? Pues personas que no tienen cosquillas. Quién tiene cosquillas en la cabeza se ríe especialmente los días de lluvia. Y no solo porque, ya que la gente se pone triste, es mejor reírse un poco. No, ellxs no piensan tanto: su motivo es más físico. Es porque el continuo caer del agua en el cogote les da mucha risa. Se ríen y se ríen, y la gente se ofende. Les dicen que no tienen límite: hay que saber cuando no reírse. Según dicen, no hay que reírse en el culto religioso, pero ellxs se ríen cuando el templo es pobre. Lo hacen porque hay cosquillas, quiero decir, porque hay goteras. Por eso ellxs contestan que sí saben cuándo reírse: hay que reírse cuando hay lluvia. Pero la gente se ofende… Pobre gente, con y sin cosquillas. Pobre en risas quien no puede reírse, y es que tiene que tomarse la vida en serio. Pobre y sufriente quien contiene carcajadas, que no puede vivir la vida como un mal chiste.

Gordo era un chico gordo. Sí la lluvia daba risa, él tenía una borrasca diluviando en su cabeza. Dale que dale, como mandril al manubrio, el reía por cualquier gilipollez que veía. La mayor gilipollez de la que se reía era que estaba gordo. Gordo hacía chistes sobre cómo rompía sillas, camas y retretes. Le decía al profe de gimnasia que no jugaba al basket porque estaba cansado de que la pelota orbitase en torno a su cuerpo -aseguraba que la NASA le llamaba pidiéndole permiso para ser la primera en viajar a sus satélites de cuero (y eso que olían a sudor adolescente). A la profe de mates a veces le explicaba que él no traía sus deberes porque se los había comido por el camino. Dice que odia cuando se cae a la vez por los dos lados de la cama, y que lleva sin verse los pies como… Bueno, mira, yo no soy Gordo, los chistes pregúntaselos a él, que es más salao. 

El caso es que Gordo dejó un día de ser gordo. Le llevó su esfuerzo, pero como nos gusta el cine absurdo -y hay que resumir- dirémos que en un plano se bebió una botellita de ASES…V (Adelgaza Sin Esfuerzo So… Vago) y al plano siguiente ¡Zas! tenía un cuerpecito que parecía recién salido de Mauthausen (sí alguien se ofende por esto, podemos hablar de quién vivía en la casa de mi abuelo en el año 39, que sé que a él no le molesta). Ahora Gordo seguía siendo Gordo, pero ya no le reían los chistes de gordos. Y eso que los contaba en pasado, por qué él siempre tuvo muy claro que hay que adaptarse a los tiempos. Pobre Gordo. La gente no entendía su humor. Fue así hasta que un día….

Che, me aburro de cuentos. 

Tengo déficit de atención: cambiemos de tema.

La cuestión de la lectura me parece íntimamente ligada al humor. Sí alguien con una apariencia X se ríe de las X y sus clichés, oye, pues ni tan mal. Pero sí alguien con una apariencia Y dice lo mismo de las X… párate un momento y contéstame… Oye persona Y ¿donde tienes la esvástica? No, es que no te la veo. A la gentuza como tú deberían obligaros a ir con la esvástica tatuada en la frente, como vosotros hacíais a los judíos con la estrellita de los cojones. Que es muy fácil reírse de los demás cuando tú abuelo no es una pastilla de jabón, ¡hijx de puta! Y la persona Y, por lo bajito y con una lagrimilla, dirá: Pero sí mi abuelo era judío… Ah, usted perdone.

Se que no lo digo claro, pero creo que lo cuento clarito. 

El ataque categórico que me acabo de inventar se debe a un sospechar que hay cierto odio oculto tras el chiste. El chiste molesta cuando se sospecha que tras él se esconde una mentalidad, un sentirse superior. Por eso la lectura es tan importante: la lectura de X como X hace que su mentalidad -teóricamente expresada en su chiste- no sea legible como intolerante, o al menos de forma fetichista no hacia otras X. Se considera entonces que el chiste no es ataque, sino terapia: el chiste está siendo utilizado para desinflar el plomizo globo de sufrir la intolerancia que habita en el pecho y taladra en el cráneo de X. Yo preguntaría entonces -incluso si el chiste es encubridor de una mentalidad latente, pero que solo se hace patente mediante el humor, y no mediante gestos y acciones intolerantes, que promueven el dolor y la infelicidad ajenas- ¿que más daría el chiste? Ya que ha pasado de moda el confesionario, de alguna forma habrá que permear los malos sentimientos antes de que estallen y generen males mayores. 

Yo no sé contar chistes, pero sí he sido gordo. Se lo que es oir chistes de gordo siendo gordo, y entiendo que el sentimiento que nace ante el reír es extraño, ambiguo y contradictorio. Normalmente te la suda, pero hay veces que sientes una extraña angustia en el estómago (ligerita en general, a veces pesada). Entonces o te ofendes o te ríes, sin ganas, -cuando crees que no va a malas, porque sino el chiste es un insulto cobarde, y entonces tenemos otra cosa. Pero incluso al reír ahí sigue la angustia, por debajo, silenciada. Joder, yo sin embargo prefería no pensar que la persona de enfrente me odiaba ni que odiaba a lxs gordxs. (¿Quizás porque no sospechaba, quizás sea ese malpensar otra causa del sufrimiento?). Yo me reía de mi mismo y sigo haciéndolo: me gusta reír, y me tengo muy cerca. Pero ahora, que ya no soy gordo, sí me río de la gordura pensaran que odio a los gordos, e incluso indagarán mentalmente enormes conspiraciones por las que yo dejé de ser gordo porque me odiaba a mi mismo (piensen en Michael), historias en las que como niños gordos cuando tengo tiempo libre… che, che, che, un momento. ¡Que solo era un chiste!

Me vuelvo a poner serio. Nos reímos, creo, de aquello que no nos duele. Para Aristóteles, reimos  de aquello feo y desagradable sin llegar al dolor. Yo creo que también nos reímos de lo que nos duele. Cuando tuve que pasar las Navidades en el hospital porque mi abuelo parecía morirse me lo tomé con humor. Prometo que todos nos reímos en algún momento esos días, incluido mi abuelo. Y joder, no es plan estar riéndose de la muerte: en ese momento, eso que a mí me gusta tanto, sería insensible…

Así que aquí viene el único contenido que estoy dispuesto a aceptar como límite del humor, y es el contexto. Hay momentos en que es evidente que el tema es sensible y no es adecuado tratarlo: aún menos reírse de él. Hay personas de las que sabemos un sufrimiento, y parece perverso, en tanto que sabemos que genera malestar, el reírse de ese sufrimiento. Que en algún tipo de humor haya algo intrínsecamente malo no lo creo: mi desgracia y mi locura nacen de creer que no hay bienes ni males categóricos, sino que ellos dependen de las perspectivas y de las circunstancias. Creo que a veces pueden no medirse bien las circunstancias, y que eso puede generar dolor. Creo que el dolor debe ser comunicado, especialmente a las causas, en busca de intentar frenar el dolor. Sí la cosa era un chiste, se habrá actualizado el contexto: pediremos disculpas, sabremos que es un tema sensible, y respetaremos la sensibilidad de esa persona. Al mismo tiempo, y ante un desliz, esa persona conocerá el contexto, y sabrá que no hace falta malpensar, que no había malas intenciones. 

Sí iba a malas, el chiste es un ataque. Cada quien que aplique sus nociones de autodefensa. Yo tengo las mías, pero es cosa de otro texto. En este simplemente quería decir que estoy en contra de hacer tabús en torno a algo tan netamente humano como el humor. Tengo entendido, aunque no estudié tanta biología como para saberlo, que la risa, que no la sonrisa, es un atributo exclusivamente humano. No quiero renegar de mi humanidad, y tampoco limitarla, constreñirla, no más allá de en lo demandado por mi convicción en la necesidad de compartir la dicha para hacerla plena. Sólo el contexto me limitará para potenciar esa circunstancia. Porque sea o no sea netamente humana, para mí la risa y el ocio son valores autotélicos. 

Zule

PD: Tiene huevos que siempre me ha tocado los huevos -porque sí, gente, tengo huevos, de esos que se rompen sí les das una patada- que la gente hable sin gracia y sin humor y que yo haga exactamente lo mismo escribiendo precisamente de los límites del humor. Capenme, que mis genes no merecen dar hijos, ni hijas, ni sustos ni sustas, y casi ni siquiera evitarme el cáncer (mi salud va muy bien, gracias por preguntar).

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