El clasismo del eco-filete – Janara

Esto no es una crítica al pagès que tiene una masía con tres cerdas, tampoco lo es a la que se hace un bocata de mortadela de conocidas marcas antes de salir a trabajar o la que prepara salchichas a sus hijos para cenar. Escribo este texto para aquellos ilustrados  del debate, que en la confrontación con el discurso antiespecista increpan como meras alumnas que se han aprendido bien la lección: “la industria está mal, pero… la carne ecológica […]”.

Por si alguien anda despistado, aprovecho para recordar que la ganadería industrial es uno de los principales puntos sobre los que la comunidad científica a nivel global llama la atención debido a su efecto nocivo en el cambio climático y la deforestación derivada(García, 2006; Ripple y col, 2019). La producción ecológica contamina menos el ecosistema circundante si, no obstante, este menor aporte de piensos, fertilizantes y plaguicidas tiene como consecuencia una menor productividad. Es este uno de los motivos por el cual  los productos ecológicos se han planteado, al público general, como la solución a los problemas ecológicos y éticos causados por la industria alimentaria. Ya casi todas sabemos que un filete ecológico no contamina tanto los acuíferos, que las vacas pastando en “libertad” deforestan menos el Amazonas y que las industrias que no pagan para que en su etiqueta ponga “BIO”, “ECO” o “Bienestar Animal” no son cool.

Entonces ¿cuál es el problema? ¿Por qué demonios iba alguien a condenar la ganadería ecológica? En primer lugar, sigue siendo una forma de explotación que acaba con la muerte del animal cuando está “listo” para consumir (o lista para morir porque su cuerpo no aguante más fruto de todas las inseminaciones y partos repetidos a lo largo de su vida)Por otro lado, no condeno la práctica en sí, bueno… sólo un poco. Lo que me enerva, lo que hace que mi cerebro me sature con ráfagas de datos que martillean incansablemente mi garganta pugnando por salir es la Gente: aquellas que usan ese argumento como “arma” definitiva,  abogando por este tipo de producto como si fuese una panacea contra los problemas ambientales y éticos de la industria cárnica. Una suerte de solución final que pasa porque ellas no tengan que renunciar a ningún privilegio.

A pesar de que alguna de las personas que me han propuesto la ganadería ecológica como solución, consume, muy de vez en cuando y en una cantidad casi homeopática, este tipo de productos, están ofreciendo una solución en realidad que casi nadie practica, y que en verdad es solo una excusa. En palabras de Francisco Gavilán (2012), las excusas son un autoengaño para sentirnos mejor con nuestra propia existencia y con la imagen que proyectamos, para no ofender con la crudeza de nuestras verdaderas motivaciones. Más allá de si es correcto blandir en una discusión sobre ética una solución que realmente no estás dispuesto a abrazar, aun estando ésta disponible, mi problema es qué se demuestra al ofrecer esta vía.

Levantad un dedo por cada persona que sepáis que compra normalmente carne ecológica (incluimos los huevos y la leche para que sea más fácil). Si habéis levantado dedos de más de una mano os garantizo que os movéis en ámbitos muy exclusivos: España exporta la mayor parte de su producción ecológica ,  principalmente  frutas y verduras (MAPA, 2018). En el caso de los productos animales, en España no se produce suficiente como para cubrir la demanda interna actual (Tabla 1, MAPA, 2019a), no hablemos siquiera entonces de exportar. De media, las españolas gastaron en productos ecológicos durante el 2015 (MAPA, 2018): 3,29€ en carne (lo equivalente a 200gr de hamburguesa de ternera o menos de 300gr de cerdo en El Corte Inglés); 1,29€ en leche (1 cartón de 1L); 0,48€ en huevos (1 huevo y medio), y 27,21 € en el resto. De un gasto medio per cápita de 2133 €/año, la compra ecológica representó en proporción solo un 1,51%. Según los informes (MAPA, 2018), el bajo consumo nacional de alimentos ecológicos es la debilidad estructural de este modelo de producción.

Tabla 1: Porcentaje del consumo actual e ideal que es cubierto por la producción ecológica actual. Se ha considerado que no hay exportación sino que toda la producción se usa para consumo interno

 

  % del consumo actual

(g/semana per cápita)

% del consumo “ideal”*

(g/semana per cápita)

Vacuno  Carne roja 10,25 (93,97g) 18,79  (51,4g)
Ovino y caprino 14,55 (26,08g) 26,66 (14,3g)
Cerdo 0,42 (191,59g) 0,78 (104,8g)
Pollo Carne blanca 0,22  ( 241,07g) 0,29 (185,7g)
Huevos 1,99  (2,58u)               2,58  (2u)
Miel 6,85  (7,52g) **
Caprino Leche 63,42 ( 3,85ml) 94,94   (2,57ml)
Vacuno 0,45 (1333ml) 0,68 (890 ml)
Queso 0,21(148,85g) 0,31 (99,4g)
 

Fuente: MAPA 2019a, 2019b.

 

*Según recomendaciones máximas de salud: 400g carne a la semana solo 200 de ellos carne roja (Agència de Salut Pública de Catalunya, 2019).  La ingesta de lácteos máxima es de 1-2 raciones al día (Harvard, 2017), en la tabla 1 ración equivalente a 200ml.

**El consumo de azucares añadidos no está recomendado por ninguna guía alimentaria, se considera aquí este producto por ser uno de los pocos en los que más del 1% de su producción es ecológica.

 

El consumo ideal de cada producto se ha extrapolado a partir de la proporción que ocupa en el consumo actual (MAPA, 2019b), es decir, no se espera que ahora la población incremente su consumo de leche de cabra por lo que su consumo también baja.

¿A qué se debe esa debilidad? ¿Quién no está haciendo los deberes según los informes? Pues para variar, el pueblo, aquellas que no compran lo correcto para salvar la tierra y que no consumen la “solución final” contra los males del mundo, es decir,  los productos ecológicos. La realidad es que, si alguien gana 750€ al mes, se gasta después 550€  en el alquiler y en suministros (luz, gas y agua), aparta luego para transporte y, soñando bastante, conserva aúnalgo para su ocio, ¿quién puede culparle de que no quiera comprar la carne a 13€/kg pudiendo encontrarla a 6€/Kg (precios para carne de cerdo troceada en El Corte Inglés, Tabla 2). ¿Cómo podemos esperar que este segmento de la población cumpla con las expectativas de las paladinas a tiempo parcial de lo ecológico? A quien se le ocurra sugerir esto, estará como poco siendo desconsiderada e inconexa con la realidad social de la mayor parte de la población. En palabras de mi yo ebrio: “una maldita clasista que deja a la mayoría de la sociedad fuera de sus soluciones de futuro”. Sucede que ignorar la realidad diaria de la clase trabajadora es el comienzo de la discriminación, así como su manifestación más habitual.

Tabla 2: Precio de productos proteicos en su versión convencional y ECO.

 

Producto*                           Marca €/ Kg – No Eco €/ Kg – Ecológico ↑ precio
Ternera, filetes ** Xata Roxa 18,95 21,95 15,8%
Cerdo, lomo El Pozo, Coren 7,42 19,95 168,8%
Pollo, pechuga Avefina, Coren 5,39 26,75 396,3%
Huevos, docena El Corte Inglés 1,99 4,25 113,5%
Leche de vaca, entera Puleva 0,90 1,39 54,4%
Garbanzos  cocidos El Corte Inglés 2,58 3,62 40,3%
Lentejas cocidas Luengo 2,95 4,19 42,0%
 

*Se ha tratado de comparar siempre en la misma marca, cuando no ha sido posible se ha escogido una marca con precio medio entre las opciones.

** Aunque la carne de ternera sube menos de precio es la más contaminante que hay con diferencia (BBC, 2019).

En resumen, sugerir la carne ecológica como alternativa para paliar el efecto negativo que tiene la ganadería en el medio ambiente es clasista. Lo es principalmente porque no hay producción suficiente, lo que genera unos precios que solo una parte privilegiada de la población puede afrontar. Aunque se aumentase la ganadería ecológica, tendría que ocuparse una mayor cantidad de territorio en este tipo de producción (lo que comentábamos de que es menos productiva) por lo que el problema ambiental persistiría y surgirían conflictos derivados de la gestión y uso del terreno.

Una vez que entendemos que hay que sugerir soluciones a las que pueda llegar una mayoría social, buscaríamos otras formas de alimentación que tengan un menor impacto en comparación a nuestra dieta occidental actual. Lo que parece claro sin duda es que comer principalmente vegetales (plant-based) es, según los estudios, la única forma de disminuir los efectos negativos de la ganadería en el medio ambiente y a su vez garantizar el alimento para una población mundial que crece cada año más (Ripple y col, 2019; BBC, 2019). Podríamos incluso considerar que al estar en un contexto occidental en el que tenemos acceso libre a prácticamente cualquier grupo alimentario, eliminar entonces los productos animales de nuestra alimentación es una solución viable y segura (Craig & Mangels, 2010). No obstante, nos encontramos con otra de las máximas en las discusiones entre veganos y “carnistas” (Joy, 2001): junto con los argumentos a favor del eco-filete, “comer vegano es caro” es el otro tópico recurrente. Según si esta afirmación fuera cierta o no, comparado con la compra media de la población, se darían dos escenarios muy diferentes:

  • “Comer vegano es caro” = verdad: En este caso, proponer una opción alimentaria estrictamente vegetariana sería igual de clasista que proponer el consumo único de carne ecológica. Puesto que no todo el mundo tiene acceso a este tipo de alimentos, nos encontraríamos en un escenario en el que es imposible como sociedad variar nuestra alimentación para que tenga un menor impacto.
  • “Comer vegano es caro” = falso: En este supuesto, la alimentación apta para veganos podría ser una solución al problema ético y ambiental sin suponer además una carga económica extra. Podríamos entonces sugerir este tipo de alimentación o una lo más basada en vegetales a ser posible para la población en general (Ripple y col, 2019; BBC, 2019).

¿Cuál es la realidad? Pues depende. Llevar una alimentación vegetariana estricta puede ser caro, desde luego, igual que la cesta de la compra de una “carnista” puede subirse de precio. La única diferencia en la lista de la compra está en la fuente de proteínas y aquí existe un abanico muy amplio: desde la legumbre cocida de bote que es sana, práctica y barata (1,55-3,50 €/Kg, El Corte Inglés), hasta la heüra, bastante más cara (25€/Kg, La Sirena), pero también sana y fácil de preparar. Otras opciones intermedias son las hamburguesas vegetales (de dudosa calidad nutricional por unos 3,50€ dos hamburguesas), la soja texturizada (unos 6€/Kg) que hay que cocinar, o el tofu, que “no sabe a nada” (7,60€/Kg, El Corte Inglés).

Comparado con otras fuentes proteicas las legumbres son bastante más baratas en relación a las proteínas que aportan (Martínez Biarge, 2019). Sin embargo, la población no tiene esto en cuenta y gasta más dinero en consumir productos procedentes de la explotación animal (MAPA, 2019b). Volviendo a la pregunta previa parece queal concluir que no es caro per se el comer vegano, de forma contraria a consumir solo carne ecológica, no podemos suponer que abogar por una alimentación vegana sea clasista.

Entonces, ¿por qué tantas trabajadoras siguen comiendo carne? Por la misma razón que siguen comprando en Inditex, Apple o Amazon: desinformación o mal-información en muchos casos, hastío en otros tantos (son demasiadas cosas por las que preocuparse) y en algunos incluso rabia. Me explico:  muchas de nosotras cuando vemos que todo se nos echa encima, que la clase política ni nos tiene en cuenta, que el salario cada vez da para menos, que eres menos que nada en esta sociedad, entonces y sólo a veces nos reconforta saber que tenemos poder sobre algo, que somos más que alguien.

Ese derecho a consumir a otras, a comerte un animal, no sabes por qué, pero sabes que lo tienes y sientes que es el único que te queda. De repente viene alguien que te dice que ese animal tiene derecho a vivir y que tienes que dejar tu “único privilegio” para que no se vaya a la mierda el planeta y eso te da rabia. Cabrea que alguien que tú consideras inferior tenga derechos, que te quiten el derecho de usarlo, a ti que no tienes nada. Y es justamente porque desde arriba nos ignoran y nos ahogan que debemos solidarizarnos, entre nosotras y con las de abajo, no podemos ser el pie que les asfixie a ellas. Por eso estas palabras no van para las que sienten que no tienen nada sino que van dirigidas a las que tienen la osadía de ignorarlas, sintiéndose mejor con ellas mismas al poner excusas que ni si quiera se van a materializar.

Notas sobre el lenguaje: He decidido usar en todo el texto el plural femenino de forma intencional y política como fórmula para reflexionar sobre el androcentrismo que avala el uso del masculino genérico de manera constante.

FUENTES:

  • Agència de Salut Pública de Catalunya (2019). Pequeños cambios para comer mejor. Barcelona. Disponible en: gencat.cat
  • APA (2019). Informe Del Consumo Alimentario En España 2018. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Disponibles en: gob.es
  • BBC, 2019: https://www.bbc.com/mundo/noticias-46832990
  • Craig, W. J., & Mangels, A. R. (2010). Postura de la Asociación Americana de Dietética: dietas vegetarianas. Actividad dietética, 14(1), 10-26
  • El corte inglés: https://www.elcorteingles.es/supermercado/
  • García, F. (2006). Cuando la ganadería española se come el mundo. Colección Soberanía Alimentaria Colección Soberanía Alimentaria De Veterinarios Sin Fronteras. Vol. 6.
  • Gavilan F (2012).Yo no he sido: excusas, disculpas y justificaciones que utilizamos para protegernos. Planeta
  • Harvard 2017: https://www.health.harvard.edu/staying-healthy/healthy-eating-plate
  • Joy, Melanie (2001). “From Carnivore to Carnist: Liberating the Language of Meat”, Satya, 18(2), September, pp. 126–127; Joy, Melanie (2003). Psychic Numbing and Meat Consumption: The Psychology of Carnism.
  • MAPA (2018) Estrategia para la producción ecológica 2018-2020, Madrid.
  • MAPA (2019a) Agricultura ecológica. Estadíasticas 2018. Subdirección General de Calidad Diferenciada y Producción Ecológica
  • MAPA (2019b) Informe de Consumo Alimentario 2018. Hogar, extradoméstico y usos.
  • Martínez Biarge M (2019) Lo caro que sale ser vegano. mipediatravegetariano.com
  • Ripple, W. J., Wolf, C., Newsome, T. M., Barnard, P., & Moomaw, W. R. (2019). World scientists’ warning of a climate emergency. BioScience.

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