Desconexión universidad-sociedad ¿puede hacerse más? – El niño detrás de las barbas

La universidad es una entidad esencial en cualquier sociedad, y lo es en una doble vertiente: formativa y constructiva de nuevo conocimiento. Un buen sistema universitario es una pieza esencial del desarrollo, tanto material como inmaterial. Esto es, desde los avances científicos-médicos a la producción de nuevos conocimientos en el amplio y diverso mundo de las ciencias sociales. Yo hoy quiero concentrarme en aquello que más conozco, la facultad de letras.

En el mundo científico (entiéndase sanitario, tecnológico, etc.), si bien los niveles de inversión son siempre insuficientes, los avances se hacen mucho más patentes: una mejora médica tiene una repercusión inmediata sobre los pacientes, los nuevos avances en ingeniería dan lugar a sistemas productivos más modernizados y a mejoras de las infraestructuras, son avances fácilmente palpables porque la formación de ese conocimiento va encaminada, por su propia naturaleza, a su aplicación práctica. No así en el ámbito de las letras más puras. Los avances en disciplinas como la historia no producen un efecto práctico inmediato, algo lógico por su propio carácter, lo que no quiere decir que ese conocimiento no sea importante y forme una parte imprescindible de la sociedad. Hoy en día todas las ideologías o movimientos nacionalistas hacen un uso constante del pasado para justificar su razón de ser, pero la historia real nos enseña que el mundo es complejo, variante a largo plazo, y que todo lo que podamos creer por cierto es en realidad mutable.

Pero me desvío del tema central. En estos ámbitos de letras, cuya producción científica no genera una repercusión inmediata sobre las sociedades que la sufragan y sustentan, se corre el riesgo, y muchas veces sucede, de limitar esos trabajos al estricto ámbito universitario. Habitualmente esta producción pasa a difundirse solo entre un círculo cerrado de expertos que rara vez salen de sus especialidades, remitiéndose a espacios cerrados sin apenas difusión de dicha producción fuera de esos entornos estrictamente académicos. Entiendo que los propios esquemas de la universidad así lo exigen, interesa la producción en sí misma, y cuanta más repercusión académica tenga, mejor, de manera que en la propia estructura queda muy poco tiempo para una divulgación que no sea especializada, es decir, entre expertos del periodo, y en el mejor de los casos, también con el alumnado.

Pero no es solo una cuestión de estructura universitaria, entre los propios investigadores y docentes suele verse la divulgación como pérdida de tiempo. No aporta currículum ni prestigio, y es verdad que el tiempo dedicado a la divulgación es tiempo perdido para creación de nuevo conocimiento. Además, el propio sistema de contrataciones y ascensos exige una ingente producción académica que deja muy poco margen a todo aquello que se salga de la investigación-publicación y horas de docencia. Por esto, esa labor de difusión de la información debería producirse desde la propia universidad, los departamentos deberían buscar la manera de construir espacios, quizás en combinación con el alumnado de máster, para su difusión a un público más amplio. Hoy en día disponemos de las herramientas necesarias para poder hacerlo sin demasiados esfuerzos.

Un ejemplo de fácil difusión es el podcast. Cada vez están adquiriendo más relevancia aquellos que se centran en cuestiones específicas, que además suelen tener una sorprendente buena acogida entre el público, incluso aquellos que abordan los temas en gran profundidad. Imaginad lo sencillo que sería desde una facultad de letras ofrecer a investigadores, tanto a titulares como a aquellos en proceso formativo, o incluso a alumnado de máster, un espacio para hablar de sus trabajos. Sería una manera tremendamente sencilla de ofrecer un altavoz a la producción, tanto para las recientes investigaciones como para los trabajos del alumnado, que, si bien serían más recopilatorios, no dejan de ser en muchos casos trabajos de calidad que recogen una gran cantidad de bibliografía. Para ámbitos como la historia o la historia del arte esta posibilidad resulta realmente sugerente. Por no hablar de las múltiples conferencias universitarias que no salen de pequeñas aulas y que encontrarían en este sistema un magnífico altavoz.

También en estos ámbitos las posibilidades que ofrecen las series históricas o los videojuegos son a su vez espectaculares, unos y otros buscan cada vez más a especialistas para enriquecer sus productos. Por supuesto que no son documentales, pero ofrecen la posibilidad de impartir conocimiento sin que el usuario lo perciba como algo pesado, es una manera eficaz de llegar al gran público. Ejemplos los hay, el Assassins Creed Origins para el ámbito del videojuego, incluso experiencias nacionales: La Peste de Movistar Plus les acercará mejor que muchos documentales a lo que era una gran urbe en la edad moderna, especialmente en sus capas más marginales que representaban un alto porcentaje de la sociedad, pero que tan habitualmente quedan fuera de la gran pantalla.

Otro ámbito en el que existe una gran desconexión entre el conjunto social y la producción universitaria es en el estudio de los conflictos internacionales. Hoy en día hay una gran cantidad de expertos con conocimientos muy profundos sobre el contexto internacional, con las herramientas para analizar las causas profundas de los mismos, saliendo de las visiones maniqueas de buenos y malos, ya que la política internacional se rige por una larga escala de grises. Pero esa visión más imparcial, o al menos mucho menos politizada, no tiene espacio en los grandes medios de comunicación, ni en los televisivos ni en los escritos, y, sin embargo, son fundamentales para comprender en profundidad muchos de los acontecimientos que suceden en nuestro mundo globalizado.

Sí que hay intentos de romper esta dinámica, también en el ámbito de la geopolítica. Sirva de ejemplo la revista El Orden Mundial, compuesta por gente universitaria muy joven que busca la divulgación de información veraz sobre el panorama internacional. La revista es de pago, lógico si quieren mantener su independencia y al mismo tiempo vivir de ello, pero aun así ofrecen artículos de acceso gratuito y también participan en Onda Cero y tiene su propio podcast semanal. Es un ejemplo somero de cómo desde el ámbito académico se puede hacer más. Existe un mayor interés social del que pensamos, pero tenemos que buscar los mecanismos para comunicar, y en ese sentido, un decidido apoyo desde los propios organigramas universitarios podría resultar decisivo. Valoremos a nuestras universidades, pero a la vez, exijámosles más.

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