La casa de papel ¿reivindicación social? – El niño detrás de las barbas

No pretendo realizar una reseña completa de la serie, de la que, siendo honestos, no soy especial fan. Pero si que noto un aspecto que sin ser el central de la misma la sobrevuela constantemente: la supuesta reivindicación social. Los personajes protagonistas se ven casi como revolucionarios, esa es la idea que les transmite El Profesor. Se dotan a sí mismos de un discurso que los hace parecer los buenos de la película, justifican sus acciones, y nos llevan a “empatizar” con ellos.

La serie de hecho hace uso de algunos símbolos tradicionalmente asociado a los movimientos reivindicativos más de izquierda. Por un lado tenemos las máscaras de Dali, siendo estas una adaptación de las populares máscaras de V de Vendetta con un toque español (curiosamente de un artista que tuvo bastantes buenas relaciones con el franquismo y al que no se le puede tildar de reivindicativo) que han sido utilizadas masivamente como símbolo de protesta en múltiples manifestaciones a lo largo y ancho del planeta.

Por otro lado está el Bella Ciao, la popular canción italiana que surge durante la II Guerra Mundial , y que fue uno de los himnos de resistencia de los partisanos italianos, grupos guerrilleros que se opusieron al régimen de Mussolini y a la ocupación nazi de la península. Posteriormente ha sido reutilizado en cientos de versiones, y siempre ha traído aparejado un mensaje de lucha y reivindicación. Como efecto colateral de la serie Bella Ciao ha traspasado estos ámbitos clásicos de la izquierda y ahora suena hasta en discotecas, pero carente de su significado original. La elección de esta canción como himno de la banda no es inocente, trata de otorgarles esa idea revolucionaria, de lucha social contra la opresión, que busca justificar constantemente sus acciones, pero que no acaba de tener sentido tal y como veremos ahora.

Las acciones de nuestros protagonistas les llevan a recabar el apoyo popular, que se intuye en las dos primeras temporadas y se escenifica en la tercera con protestas en la calle, las cuales facilitan el segundo atraco que da pie al nuevo hilo argumentativo.  ¿Pero tiene todo esto de verdad algún sentido?¿Una acción similar en el mundo real sería capaz de recabar el apoyo de los sectores sociales más reivindicativos? Personalmente, lo dudo mucho.

Comencemos con las motivaciones de los protagonistas, ya que son las bases que  dotarán de sentido a su discurso de fondo. En este caso la motivación de la gran mayoría de los participantes es muy clara: el dinero. No busquéis mucha más profundidad, el objetivo es robar la mayor cantidad de dinero posible y sobrevivir en el intento. No buscan desestabilizar el sistema, o iniciar ninguna revolución, ni reivindican ninguna causa, aun siquiera pensando en realizar una redistribución de ese dinero entre los sectores sociales más desfavorecidos. Los protagonistas que visten monos rojos no se plantean nada de esto. Roban el dinero y se fugan a sus respectivos paraísos personales a disfrutar de la vida. Aquí entra una vaga retahíla justificadora de la boca del profesor, un reciclado discurso antiélites plagado de tópicos que podríamos escuchar a cualquier cuñado en el bar, un mensaje con el que el espectador puede identificarse rápidamente pero al que le falta reflexión. Un clásico mensaje de corte populista que sirve de argumento justificador de una acción ilegal que tiene como objetivo el beneficio propio, exclusivamente. Se critica a los altos poderes, se habla de ellos y nosotros, pero en realidad solo quieren vivir la gran vida, salir del grupo de los marginados y de la clase baja para ingresar al exclusivo club de los millonarios. Ahí se diluye su discurso revolucionario.

Las motivaciones económicas se complementan en el caso de Berlín y el profesor con otras a nivel más personal. Ambos se saben inteligentes, se ven capaces de superar todas las adversidades solo con su ingenio, y robar la casa de la moneda se les plantea como un reto, una meta por la cual pelear y que pondrá a prueba sus capacidades. También tienen un gran peso los vínculos familiares :en el caso del profesor este desea culminar la obra de su padre, a quien admira profundamente. Su muerte se nos presenta como algo injusto, un hombre hundido en la miseria al que no le queda otra alternativa que robar. Un clásico “la culpa es de la sociedad”. Pero no olvidemos que es un ladrón, y que opta por esa vía, pero que además existen muchas otras. En el fondo es un discurso victimista fácil de refutar. Por su parte, Berlín busca ayudar a su hermano a cumplir su objetivo y de paso alcanzar un último gran chute de adrenalina: él ya lo tiene todo perdido, se muere, y quiere despedirse del mundo a lo grande.

No puedo evitar comparar La casa de papel con la película Plan oculto. Si no la habéis visto os lo recomiendo encarecidamente. Al menos dos cuestiones esenciales han sido extraídas de esa película: la negociación con un agente de la policía con el que acaba existiendo una cierta complicidad y la idea de alargar las negociaciones con el simple objetivo de obtener tiempo. Aunque sería interesante, no voy a detenerme en una comparación exhaustiva de ambas películas. Pero las motivaciones entre una y otra son muy distintas (ojo SPOILER de la película): en Plan oculto los atracadores no hacen alarde de un discurso grandilocuente, no se dotan de un discurso justificativo, sino que se presentan como atracadores de banco, y solo al final de la película logramos empatizar con ellos. ¿Por qué? Muy sencillo: al final de la película no roban todo el banco, ese no era su objetivo. Simplemente se hacen con la caja privada de su director, un multimillonario que había obtenido su fortuna colaborando activamente con el régimen nazi. No roban al banco en su conjunto, solo a él, una especie de castigo por su pasado. En La casa de papel sucede lo contrario, necesitan del discurso grandilocuente para justificar las acciones, porque vistas por sí mismas, no hay quien se las trague.

Por tanto ¿De dónde sale ese apoyo social? La serie juega con la idea de apostar por el débil, el caballo perdedor, algo que siempre genera empatía. Bueno, analizad ahora cualquier partido Brasil vs Camerún y veréis como la gran mayoría de los espectadores van con sus ídolos brasileños. El apoyo al débil se produce cuando existe una injusticia neta de fondo, cuando su causa se considera justa y digna. ¿Pero por que una persona de a pie debería considerar como héroes a un grupo de ladrones que solo busca su propio ticket de salida dejando a todos los demás atrás?. ¿Qué bienestar aporta a la población que esa gente robe la casa de la moneda? No podemos considerarlos unos anti-sistema, no buscan generar el caos, destruir las estructuras hegemónicas ni plantean cambios profundos. Quieren su trozo de pastel, y a ser posible, más grande que el de la mayoría. El propio objetivo del atraco es significativo, no roban a una entidad privada, a una gran familia que haya amasado su fortuna con medios cuestionables, roban al Estado en sí. En cierta medida, nos roban a todos. La primera y única acción que puede generar un cierto apoyo sucede ya en la tercera temporada cuando deciden arrojar el dinero desde el zeppelín. Un reparto indiscriminado cuyo único objetivo es generar el caos y facilitar el acceso al Banco de España.

¿Es creíble que cientos de personas, como aparece en la tercera temporada, salgan a la calle a manifestarse a su favor? La respuesta es un no rotundo. Si no observad las últimas grandes protestas que se han dado a lo largo del 2019, veréis que siguen viéndose máscaras de V de Vendetta, pero ninguna de Dalí.

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