Tiempo de pandemia, tiempos interesantes – Momo

“Ojalá te toque vivir tiempos interesantes”, reza una maldición que se ha extendido por completo sobre nuestras vidas en estas últimas semanas, ya que estamos metidos de lleno en un hecho histórico sin precedentes que dará mucho que hablar y que acarreará más consecuencias de las que somos capaces de ver por ahora. Lo que parecía una gripe pasajera, aislada en una remota ciudad y más o menos similar al virus que nos visita anualmente cada noviembre, ha pasado en apenas unas semanas a ser la causa de una parálisis mundial nunca vista. Y es que no resulta fácil proteger a más de siete mil millones y medio de personas de una enfermedad de la que no se sabe todo lo necesario.

El mundo hiper conectado, rápido y accesible en el que vivimos ha demostrado una vez más que no sólo lo bueno se transmite, sino que un fenómeno aislado en una parte cualquiera del globo puede poner en jaque al resto de habitantes. Ahora caemos en la cuenta de la fragilidad de lo que nos rodea, de todo el orden y seguridad asumidos, ya que nada ni nadie estaba preparado para preveer ni frenar la situación. Hemos dado muchas cosas por hechas: que la vida no se nos puede descontrolar hasta ciertos límites o que la gravedad de nuestras decisiones no puede ser tal. Y sin embargo los acontecimientos actuales nos lo niegan un día tras otro.

En Europa la mayoría de los estados llaman a la contención, al aislamiento individual, dejando en manos de la ciudadanía algo que no puede ser delegado: que la enfermedad deje de propagarse. No se trata de la velocidad con la que las investigaciones médicas puedan desarrollar una vacuna, sino de facilitar la labor de tantos miles y miles de profesionales médicos que en estos momentos y durante los próximos meses, se ven exhaustos y desbordados ante la falta de equipos, espacio, medios o sustituciones, ya que los contagios y enfermos graves no bajarán de un día para otro. Y estas carencias, sumadas al crecimiento exponencial de infectados sólo tienen un resultado: un mayor número de muertes, de las cuales muchas se deberán al triaje[i].

Hay quienes han visto en esta realidad una oportunidad para jugar con el miedo de la población: el miedo por ella misma y por aquellos a quienes quiere. Así, se ha conseguido no sólo el aumento en las ventas de productos ahora indispensables, sino forzar el estado de ánimo colectivo hasta límites de histeria y pánico. Mientras, en el otro lado de la balanza, se encuentran quienes desoyen a sabiendas los partes noticiarios y las recomendaciones estatales. En ambos casos la consecuencia es la misma, ya que el egoísmo y la falta de solidaridad que acarrean ambas vías serán lo que agrave y prolongue la situación de caos para quienes se encuentran más indefensos.

Las consecuencias económicas serán devastadoras en un primer momento y resulta difícil augurar qué vías se tomarán para paliarlas, pero ninguna suma de dinero va a devolver la dignidad a la sociedad de quienes han visto a sus familiares y amigos fallecer sin remedio, mientras veían como muchos se tomaban las primeras recomendaciones como un pretexto vacacional. Se nos ha pedido cuarentena en nuestras casas, un esfuerzo que por muy sacrificado que sea para la gran mayoría, no puede ser obviado ni magnificado como la hazaña que no es. Aquellos a quienes no se les ha permitido faltar al trabajo querrían estar en nuestro lugar. Es lo que nos toca al resto y es nuestro deber como ciudadanos en una sociedad compartida entre muchos.

Este es uno de esos momentos que la Historia nos recordará constantemente; se mirará atrás una y otra vez, rememorando quienes fuimos en los peores momentos y en nuestras manos está hacer que el espejo nos devuelva motivos para seguir creyendo en la humanidad, o por el contrario, el deforme esperpento de quienes pudiendo ayudar decidieron volver la espalda a los demás.

[i] El triaje es un método de selección y clasificación de pacientes empleado en la medicina de emergencias y desastres. Evalúa las prioridades de atención, privilegiando la posibilidad de supervivencia, de acuerdo con las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles.

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