Nociones y verdades – Por los hermanos X e Y

¿Cuál es el coste de las mentiras? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por ellas? Ojeando unos días atrás un libro sobre comunicación no verbal encontré la forma de comenzar este texto, en el capítulo dedicado a las mentiras. Dice la comunicación no verbal que existen varios tipos de mentiras en función del rol que la persona que miente adopta en este juego: tendríamos por un lado las mentiras por omisión, esas medias verdades en las cuales el interlocutor omite conscientemente parte de la información; y por otro lado tendríamos las mentiras como tal, las de pleno derecho, en las que el interlocutor falsea de forma consciente la información. O bien ocultamos, o bien falseamos. Llámelo vicio y alevosía, señor juez.

Resulta curioso como las mentiras por omisión parecen adoptar un rol más pasivo. Dentro de este el sujeto no hace por no mentir, no actúa: se limita a no hacer, a no decir y sólo por eso suceden las mentiras. Por eso parece como si fuese menos responsable. En cambio, la mentira por falseamiento de información acapara toda nuestra atención y nuestra ira: en ella el sujeto toma parte activa manipulando y añadiendo información a su antojo, siendo él su único límite frente a su propia perversidad e imaginación. En este segundo caso, el mentiroso consciente, fraudulento, adquiere un rol activo y plenamente responsable de su engaño. No tiene forma de eludir su responsabilidad. A fin de cuentas, y esto es importante, si no es una cuestión de responsabilidad, al menos sí que es una cuestión lo bastante relevante como para tomársela en serio. ¿A qué jugamos con la verdad? Repito de nuevo una de las frases con las que comenzaba el texto: ¿Cuál es el coste de las mentiras?

Para seguir, dejemos de jugar con la comunicación no verbal (históricamente denostada a pesar de contar en su haber con trabajos de investigación relativamente recientes y sólidos). Pasemos a hablar de droga dura, digo de ciencias duras: las clásicas, las que recordamos todos por el colegio y el instituto. Revivamos ahora nuestro queridísimo Boyle Mariotte, que tantas alegrías nos dio. Recordemos recitando lo que decía la fórmula:

“A temperatura constante, el volumen de una masa fija de gas es inversamente proporcional a la presión que este ejerce”

A temperatura constante, dicen las queridas “cte”. Admito que un poquito sí que os echaba de menos. Ahora revivamos a otro científico: le toca el turno ahora a Gay-Lussac, contertulio también de nuestros ratos en física y química. Dice nuestro amigo:

“Si el volumen de una cierta cantidad de gas ideal, a una presión moderada, se mantiene constante, el cociente entre presión y temperatura permanece constante”.

Traduzco niños: si la temperatura cambia, y fruto de esto lo hace también la presión, la división de ambas será una constante igual a la constante inicial que surgía de dividir presión entre temperatura. ¿No es hermoso recordar nuestra pubertad académica? Saliéndonos del aula improvisada, debemos advertir que se repite la palabra constante y, si recordáis bien, son leyes para “gases ideales”. Traduzco de nuevo: gases supuestos que teóricamente se darían en la realidad si se cumplieran determinadas condiciones concretas. Pero en la realidad no se cumplen estos supuestos si no se tienen en cuenta las condiciones particulares del experimento y las variables. Variables, bonita palabra. Junto con constante, fueron mis dos novias de pubertad. Y lo curioso es que con los años cada vez soy menos constante y mi humor es más variable. Bromas físico-químicas que la vida le da a uno.

Volvamos de nuevo al texto, a lo importante, a una cosa que no hemos tenido en cuenta pero es vital en nuestra investigación: los marcos de referencia. Estas fórmulas hablan de presión y temperatura, presión y temperatura que si recordáis vuestra etapa escolar recordareis también como letra pequeña al final de cada ejercicio: “en condiciones de presión y temperatura constante”, “en condiciones de presión y temperatura normales”. Ya empezamos con los peros. Resulta que algunas de las fórmulas que nos enseñaban llevaban siempre esta letra pequeña. Normal. Si no caput, no funcionarían; y las maravillosas investigaciones hechas hace siglos por grandes hombres no serían más que letras y números en fila. Siempre que respetemos las condiciones sine qua non, esto es, las condiciones en las cuales el experimento se puede producir de manera satisfactoria, no tendremos que preocuparnos porque funcionará y será verdad. Pero será una verdad rara. Una verdad con peros a la que le ponemos condiciones. Esa verdad como absoluto grandilocuente ya no vitorea y ahora es una verdad sí, pero algo desinflada. Quizás polarizar las cosas en los absolutos verdad o mentira no sea la solución, ni siquiera en ciencias duras.

Sartori, por ejemplo, nos enseña que las cosas no siempre son tan claras y para ello introduce el concepto de saber nocional. Distingue así entre el saber nocional y el conocimiento como saber en sentido fuerte, un saber en sentido estricto y con el significado clásico del término. Parte de la distinción entre información (entendida como contenido informativo que recibe el público) y saber (en el sentido llano del término: saber algo) buscando el choque entre ambos términos. Conocer algo no lleva necesariamente a comprenderlo. La información entendida así solo sería eso: información, ruido o simples nociones pero no saber cómo tal, ya que se puede tener mucha información acerca de un suceso pero sin embargo no llegar a comprenderlo. Este saber nocional, que llegado el caso puede ser útil, consistente en un saber en un sentido blando, no es equiparable con un saber basado en el conocimiento preciso de algo. La idea de saber nocional apunta hacia un saber confuso, quizás una suerte de saber inicial. Casi es como decir que es un saber que apunta maneras. A fin de cuentas un conocimiento menos firme. ¿Pero acaso esto es posible? Junto a este saber nocional, por contraste, vemos con más claridad el engaño del conocimiento en un sentido fuerte.

Siempre debemos apelar a conocimientos más firmes, cerrados, y por lo tanto absolutos, como garantías para el éxito en nuestra búsqueda de nuevos métodos, herramientas y conocimientos para solucionar nuestros problemas presentes. Sin embargo (y por desgracia) muchas veces olvidamos la letra pequeña de este acuerdo por el progreso que (al más puro estilo de una estaf…oferta publicitaria) nos recuerda que esta verdad en sentido fuerte sólo es posible dentro de un marco de referencia concreto y particular. Este marco,  acordado previamente, es dentro del cual se dan las condiciones necesarias para que la verdad pueda ser eso: sencillamente, verdad. Muchas veces lo olvidamos apelando a la verdad como absoluto y como arma para legitimarnos, para engrandecernos a pesar de omitir esa letra pequeña a la que antes aludía.

Entonces, ¿Cuál es el precio de las mentiras? ¿Quizás construirnos, constituirnos en base a la mentira? ¿Quizás usar la verdad como arma arrojadiza, aprovechándonos de las mentiras sin querer admitirlo? Insisto de nuevo antes de cerrar mi texto: ¿Cuál es el precio de las mentiras? Menos del que esperábamos. Resulta que en todo momento, el concepto de mentira ha estado inserto en el concepto de verdad: latente, en 2º plano, esperando y acechando, siendo a su vez parte constitutiva de ambas partes de esta polarización, agachado y dispuesto a atacarnos en cualquier momento recordándonos que la polarización de los absolutos verdad/mentira es espuria, relativa y que si admitimos una visión más laxa, la mentira ya no encarna el verdugo ante el que agachar la cabeza sino la purga y la herramienta para disolver los muros y derribar las barreras.

 Explicaba al principio como recibí la inspiración para este texto ojeando un capítulo sobre mentiras en un libro de comunicación no verbal. Pero no dije todo lo que leí. ¿Mentí por omisión? Allá cada cual. Este mismo libro profundiza en como todo el sistema de relaciones sociales, jerarquías sociales, autoafirmación, percepción del yo o proyección del yo está ampliamente basado en mentiras: mentiras que nos contamos, mentiras que nos creemos y mentiras que proyectamos.

A lo largo de este texto he tratado de plantear una nueva epistemología, más sencilla y honesta, una epistemología de andar por casa que sirva para evidenciar esa letra pequeña que a menudo se oculta pero que siempre acompaña al concepto de verdad. Si asumimos que esta siempre se debe dar dentro de unos marcos de referencia que son tales en forma de exigencias que le ponemos al objeto de nuestro saber, habremos dado un paso de gigante pasando de lo verdadero a lo verídico y dejando por el camino algo de la prepotencia con la que cargábamos. Ahora aquello que busquemos contrastar lo será en relación a algo que a su vez exigirá, en una relación bidireccional, que se cumplan una serie de requisitos en todo momento revisables. Esto es importante: la verificabilidad nos devuelve al suelo del que partíamos y nos recuerda que debemos responder por aquello que defendemos.

¿Y todo esto a que nos lleva? Ser más honestos, aunque parezca curioso, también es posible en ciencias ya que la honestidad también germina allí. Es tan simple como que cambiemos el concepto de verdad por el concepto de verificabilidad. Si nos movemos dentro de unos marcos concretos con unas condiciones particulares y concretas (no como a prioris sino como sine qua non) con unas normas que la realidad pone en un terreno de juego concreto, no nos costará nada continuar nuestra investigación y verificar aquello que enunciemos. Si es verdad, ganaremos en humildad, pues habremos demostrado un día más que aquello que dijimos era cierto. Si es mentira, deberemos seguir probando, investigando, trabajando y viviendo. Así es la vida, un quehacer constante en el que debemos tratar de ir más allá, y así es la mentira, parte necesaria y constitutiva de nosotros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s