Reflexionando sobre el 8M: hacia donde va el feminismo – Momo

Se dice de mí… Mi de se dice, deshice de mí, cedí de mi ser (Letra de la canción Deshice de mí, del grupo argentino Fémina)

Otro año más, como empieza a ser costumbre desde no hace demasiados, las calles de ciudades y pueblos de todo el mundo se llenaron el domingo 8 de marzo con una marea más o menos nutrida de gente vestida con prendas moradas que enarbolan pancartas cada vez más ingeniosas y cuya mayor parte son mujeres. Y cada año han surgido voces a favor y en contra de esta reivindicación, cuyo primer escollo de comprensión comienza por el propio nombre del movimiento; por ello, qué mejor que comenzar por el principio y evitar malentendidos incluyendo la definición de la RAE:

feminismo

Del fr. féminisme, y este del lat. femĭna ‘mujer’ y el fr. -isme ‘-ismo’.

  1. m. Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.
  2. m. Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.

Fácil, ¿no?

Puede parecernos una moda pasajera que quizá en un tiempo pierda fuelle, pero la realidad es que históricamente se han sucedido hasta tres oleadas anteriores a la que vivimos en la actualidad, cada una de ellas asociada a la situación social de cada época y cada vez más extendidas entre la ciudadanía. Y es que, aunque nos parezca que el avance es mayúsculo, seguimos viendo en sociedades ancladas en lo que ojalá fuera ya el pasado. En la mayor parte de Europa se han alcanzado cotas que intentan acercarse a lo que supone genuina igualdad, pero la realidad continúa arrojando las cifras, en prácticamente cualquier área que pudiéramos proponer, sigue reflejando que somos distintxs. O más bien que se nos trata de manera distinta.  O peor es que si esta marea morada deja de simbolizar algo militante, revolucionario, rupturista o peligroso para el orden establecido y termina por convertirse en otra mentira del capitalismo para vender todo tipo de baratijas del color apropiado para la ocasión, la batalla habrá quedado silenciada.

Es llamativo ver como empresas, instituciones o entidades que no cumplen con la igualdad efectiva en cuanto a salario o presencia de mujeres en altos cargos, durante este mes se hayan teñido completamente de morado, sin ningún pudor ni vergüenza. Con la misma facilidad con la que los eslóganes feministas aparecen en marcas de ropa para lxs más jóvenes o surgen ofertas dirigidas a mujeres, buscando el lucro comercial, sin caer en la cuenta de que todo ello no deja de ser parte del problema a solucionar. Si la máxima expresión de esta sociedad machista y patriarcal son los brutales asesinatos de mujeres, la base la conforma la ingenuidad hacia todo lo que implica la propia noción de feminismo, incluida la adopción de símbolos completamente vaciados de significado. Lo vivimos a diario, en muchas ocasiones perpetuándolo.

Lo que para muchxs ha resultado ser un supuesto ataque a sus convicciones y modo de vida, no ha pretendido ser sino una llamada de atención muy clara ante situaciones cotidianas que de pura asimilación ya no nos planteamos siquiera. Para otrxs es sencillamente la lejanía ante el problema lo que les hace creer valedorxs de excusa para no mostrar un mínimo de empatía: casos escabrosos que aparecen en el telediario y la cotidianeidad de países sudamericanos o La India, no permean lo suficiente en la conciencia de una gran parte de la sociedad, que da la espalda así a las realidades que padece la mitad de la población. Y resulta curioso ver como muchas de estas personas que denuncian la radicalidad del movimiento no son conscientes de que participan de él mucho más de lo que podrían creer, que los derechos que tienen a día de hoy han sido peleados hasta la saciedad por sus predecesoras o que, en esencia, no se pide sino la consideración merecida en el mundo laboral, en la sociedad, en la familia o en la pareja.

Lo realmente peligroso de esta desidia, o de ejercer un postureo vacío durante una semana al año, no es que se tarde más en avanzar, es que cada paso logrado peligra ante la duda, ante la falsedad, ante la idea de pensar que no es necesario tal despliegue o que cortar ciertas actitudes de raíz no está justificado. Aún queda mucho, pero paso a paso cada vez el camino se hace más corto.

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