Un alegato a la verdad – El niño detrás de las barbas

El ser humano siempre ha jugado con la mentira, es una herramienta más que nos sirve para desenvolvernos en la sociedad y posee funcionalidad múltiple: agradar a otros miembros de esa sociedad, protegerse a uno mismo, obtener algún beneficio individual o colectivo (esta última adopta múltiples formas, desde la exageración de las hazañas propias al desprestigio del contrario), entre otra. Parece irónico comenzar un texto sobre la verdad hablando de la mentira, sin embargo, esta nos impregna, todos hacemos uso recurrente de ella y muchas veces nos la creemos. Sería interesante hablar aquí sobre la importancia de mantenernos fieles a nosotros mismos, de escuchar esa voz llamada conciencia que todos tenemos (y que sin duda cambia en función de nuestra educación y entorno cultural) y que nos indica que estamos errando el camino. No me cabe duda de que nuestras frustraciones individuales tienen su eco colectivo. Pero este sea un tema que quizás me venga demasiado grande.

La mentira sin duda ha mostrado ser una herramienta tremendamente útil:  la  gente suele estar muy predispuesta a creer aquello que o bien ya tiene preconcebido, o bien le resulta menos perjudicial para sus intereses. Incluso con verdades casi incuestionables (casi, porque siempre estarán los que se emperren en renegar de ellas) como el cambio climático, tendemos a adoptar una postura de semi-aceptación, pues todos reconocemos que existe el problema, pero somos incapaces de ponderar su gravedad.

Por contra, quizás si seamos capaces de ponderar los costes pero ello requeriría asumir muchos errores, cambiar demasiadas cosas, algunas a nivel individual, y otras muchas a nivel colectivo. Para algunos sería incluso reconocer que sus convicciones políticas podrían no ser las acertadas (al menos en este punto), o peor aún, sería aceptar que el sistema actual tiene brechas (como si existiese alguno que no las tuviera). Hablo del cambio climático porque me parece un aspecto muy evidente y difícil de cuestionar con argumentos científicos de peso, pero podríamos tratar de muchísimos otros temas. En cualquier caso, tratar de ocultar lo que nos dicen las evidencias solo nos traerá más desastres como los que sucedieron en Chernobyl.

Ahora he hablado de cambio climático, que se enrola dentro del ámbito científico-cuantitativo. Sin embargo, en materias mucho más grises también podemos tratar de alcanzar ciertas verdades, o al menos, saber reconocer muchas de las mentiras. Pienso en geopolítica, un espacio en el que todo se mueve por los intereses más fríos, sin que tengan tanta cabida los rencores tan habituales de las políticas nacionales. En pocos ámbitos se hará un mayor uso de la mentira. Pongamos como ejemplo a Libia (podéis profundizar más sobre ello en un artículo de esta propia revista) (HIPERVÍNCULO). La intervención militar que se efectuó en este país se hizo enarbolando la bandera de la democracia cuando en realidad atendía a intereses muy dispares. Se mintió sobre los motivos del conflicto y sobre el carácter de los grupos rebeldes a los que se apoyaba. El resultado es un estado fallido, donde el tráfico humano campa a sus anchas, que se ha sumido en la pobreza y se ha convertido en una de las principales vías de salida de inmigrantes hacia el Mediterráneo.

Otro ejemplo que puede resultarnos más cercano es el de la inmigración. Podríamos  hablar horas sobre el problema migratorio, pero mientras la pobreza y la guerra sigan, campando a sus anchas en África habrá gente que se vea obligada a abandonar su tierra, arriesgando su vida en la esperanza no ya de un futuro mejor, sino simplemente un futuro. Solo una política que ponga el foco en los países afectados podrá resolver este drama humano. Todo lo demás no será sino poner diques al mar. Aprovechemos para señalar otra verdad universal, que dice que no hay nada más valioso que la vida humana, y si alguien se está ahogando debe ser rescatado siempre que exista la posibilidad de ello. Estaría bien que se lo recomendásemos  a los Salvini y Abascales de todo el mundo.

Todos estos ejemplos someros no tiene como intención más que hacernos reflexionar sobre la importancia de acercarnos a la verdad, quizás mejor definida como realidad, sea de la naturaleza que sea. Me dejo muchos aspectos en el tintero que querría haber comentado, como el constante recurso a las mentiras más recalcitrantes en los actuales discursos políticos, el papel de las redes sociales como creadores a partes desiguales de desinformación y espíritu crítico, etc.

En resumen, debemos ser capaces de asumir los aciertos de contrarios y los errores propios. Ninguna ideología, ninguna facción, ningún territorio está libre de aciertos y errores. Ninguna línea de pensamiento puede satisfacer todas las respuestas ni proporcionar las soluciones adecuadas a los infinitos problemas que afrontamos como sociedad, y también como individuos.  Nuestra única posibilidad para seguir mejorando como sociedad es seguir cuestionándonos todo, siempre. Hay ámbitos en los que la verdad es imposible o inexistente, porque nace de la propia percepción humana, que será siempre individual y subjetiva, aderezada con grandes dosis de ignorancia sobre casi todo lo que nos rodea. Pero no por ello debemos abandonar nuestros intento de comprender la realidad. Cuanta más información tengamos mejor, cuanto menos manipulada esté mejor, cuanto más se acerque a la “verdad” mejor.

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