Tiempos de Trap – Zule

Son tiempos de trap.

La juventud escapa de esa mentira imposible que es llegar al éxito por el camino recto. Los banqueros, los políticos, las estrellas y los narcos les demuestran que eso es imposible. No quieren ser héroes de peli hollywoodiense. Pero siguen queriendo ser protagonistas. El sueño es vivir en el cine kinki: ser navajero, vender más kilos que Montana solamente para gozarselas, y de paso poder dar por culo al madero y a cualquiera que tenga las narices de ponerse delante de sus alas abiertas, sin tabús y sin excusas. Sí hay que dar candela, el filo del pincho se saciará con sangre; y el sapo correrá la misma suerte… ACAB, y a la hoguera. Porque si miro por alguien, será solo como el Joker, y lo haré por su caos y su locura.

Me dan igual los demás: en este mundo dónde todos pisan yo piso más fuerte. Porque pa loco yo. Por eso mejor ponerse careta de payaso que vestirse con trajes como George Clooney. Al menos el loco es auténtico, y sigue su camino sin pensar en nadie. Conoce el lado más oscuro de la vida, conoce la soledad, la mugre, y aprende a vivir en ella. Risas, neurosis y delincuencia, droga por comunión y dolor del padre nuestro. La oscuridad no se elige, la oscuridad se afronta. Quién nace en una barriada solo puede resignarse o luchar. Sí se resigna, renuncia a lo único bueno. Sí lucha, puede caer en el engaño del camino recto. Así acaba en la mierda. Porque si escoge el camino sinuoso de la lucha puede morir o triunfar, pero vivirá su propia leyenda, y será un héroe incluso si muere en el silencio. Porque «prefiero morir como un cobarde que vivir cobardemente». Y por eso «ahora me importa una mierda, el saber que he defraudado, el saber que nunca he dado lo que de mí se ha esperado». Ahora voy a darles lo que no esperan: voy a incinerar su mundo.

Mundo digital de imágenes perfectas: cuerpos voluptuosos esculpidos a chequera de dieta y de gimnasio, casas solo posibles de comprar con la suerte o con la herencia (y no tenemos de ninguna), coches fantasía más difíciles de alcanzar que la alfombra mágica, ropas de marca que reflejan más estatus que autenticidad, lugares de ensueño publicados por insta, acompañados de una sonrisa falsa… porque al final en todos los sitios huele a necesidad de pasta, y solo en el barrio se sonríe de verdad.

Pero no renunciamos a querer lo que nos toca. Nos lo prometieron, y quién no nos deje el sueño a mano es simplemente un perro mentiroso. Apliquémosle la dialéctica del sapo. El único modo de buscar el éxito es rebelándose contra la mentira de la vida heroica. Esa es la vía del antihéroe: el mal, lo inadaptado, lo simulado, la falsedad que es tan auténtica que no puede sino reconocerse como valor de éxito. A la mierda el picapleitos, el médico, el ingeniero, y todos aquellos antiguos valores seguros que después de hacer lo correcto viven en un piso de mierda o en la puta calle. En este camino solo está nuestro modo de andar, porque no quedan recetas. Y sí la receta es robar, como hacen los del traje, mejor ser sincero y asumir nuestros actos: mejor coger la pipa que la pluma, y al menos hacer el mal echándole narices. En este mundo de cachivaches buenos, la originalidad del que es malo por naturaleza y sigue su propio y singular camino es el único modo de que el imperfecto se alce como rey. Cómo somos imperfectos, aspiramos al mal. Ya lo dicen los Non Servium:

«Vive sin pensar en desobedecer

¡A un farsante!

No perteneces a un ser vil.

Piensa que es posible elegir un destino

¡Libremente!

¡Nacidos para hacer el Mal!»

Más claro, birra mejicana.

El mal es la posibilidad de los imperfectos de ser libres. Por eso nos preferimos malos. Por eso y porque, obviamente, en este mundo de buenos, la diferencia del mal tiene algo de excitante. Lo malo nos pone cachondxs. Cuando vamos en serio, no lo queremos demasiado en nuestra vida, pero che, una noche loca… una vida loca, de esas que se queman más rápido que un petardo la noche de San Juan, aquellas que se extinguen con 27 años: rock and roll de leyenda. Eso sí que es un peliculón.

Pero claro, la película es importante. El mundo de las redes muere si deja de contar la vida. La cosa es contarla interesante. El éxito de la habilidad: la vida del kinki. El triunfo de la locura: la vida eskiza. La redención del demonio: el camino de los Peaky Blinders. Podemos guionizar nuestra vida en el mal de muchas formas. Loco y hábil se nace; esos son los caminos del malo por naturaleza. El tercero es otro. El camino de quien se ve forzado a vivir en el mal y se acomoda a ello, e incluso tiene los puntos de habilidad y locura que le permiten vivir libremente en el mal. Pero la necesidad da una ética, que no necesariamente tienen ni el loco ni el hábil: la falta de escrúpulos, la ausencia de ley, no son el único camino del mal.

Los kinkis de hoy día no son los de antes. Entre toda la mierda, han recogido flores, que critican muchos de los errores heredados. Pueden no rebelarse con el capital, pero renuncian a algunos valores. Pueden asumir cosas del feminismo, y del ecologismo, y de diversas ideologías. Todos hemos leído algo en este mundo de redes, aunque solo sea un post y un par de memes. Y en ello, se filtran los debates de los libros y de la calle. Hay una cierta ley, una cierta ética. El antihéroe tiene que criticar la sociedad, y no solo a los que mandan. Luego hará lo que le salga de la napia; pero de vez en cuando se cagará en esos males sociales. Sino será un mero facha, sino será otra versión triste de lo correcto. Será el picapleitos, o el banquero, o el político. Joder, por lo menos tendrá que cagarse en el político.

Así lo que se escucha es el trap y el reggaeton. Ensalzamos la vida oscura de las calles, la droga, la basura y la decadencia. La música del sexo sin compromiso, ni amor, ni cuidado, ni tacto, ni ética, el sexo duro, incluso aunque pueda ser con calma. El mal parece nuestra heroicidad. ¿Quizás sea porque, sí tantos siglos de héroes nos han dejado este mundo de mierda, los antihéroes puedan ser solución o al menos respuesta? No creo que nadie crea eso, pero tampoco que la respuesta sea un no rotundo. Podemos ver la decadencia del pasado en el presebte ensalzamiento de los antihéroes. Y en el trap, y en el Joker y en el reggaeton. Y aunque no puedo evitar sentir que algo de este pesimismo es cierto, sería demasiado sencillo decir eso. Apunto más a que la cultura del antihéroe nace de asumir la frustración de la rebeldía del viejo 15M, que en su lucha idealista y en su derrota material ha amamantado en buena parte este mundo de antihéroes. También las chequeras patronales y su búsqueda de desmovilización tuvieron que ver, pero ellas solo se aprovecharon de que queremos ser felices. Así, aunque en cierto modo está ideología haga juego al capitalismo de la competencia individualista, la cultura del antihéroe nace del convencimiento de la imposibilidad de un cambio y del orgullo de clase. Porque aunque sea un orgullo conformista y no revolucionario, el camino del mal en el sentido del antihéroe es un camino de clase y orgulloso.

No sé qué más decir, esto solo es un diagnóstico. Y probablemente, incluso sea malo.

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