Elegía a Roy Batty: nacido androide, muerto hombre – Linguo, que no ha muerto

¿Cuánto debe durar una vida que merezca la pena ser vivida? ¿90 años? ¿60 años? ¿40? ¿30? ¿Menos? Veinte años no son nada dice el tango, nos recuerda Nach en palabras de Gardel. ¿Entonces que son dos décadas sino tan solo un gato longevo? ¿Y una sola? ¿Es quizás un lustro también medio suspiro? Cinco años no son nada, solo viento y brisa en nuestros dedos. ¿Y cuatro? ¿Que son 4 años? Un grado universitario, y también una pubertad o media adolescencia. Insisto de nuevo: ¿Qué son 4 años sino tan solo un rato? Cuatro años pueden ser un instante o toda una vida, depende para quien. Para un replicante Nexus 6, efectivamente, cuatro años son toda su vida.

Roy Batty, nacido esclavo y condenado por su condición de replicante a ser un eslabón más en la cadena de trabajo de las colonias situadas más allá de la Tierra, rechaza frontalmente esta obligación impuesta. No está dispuesto que tras cuatro años su existencia se acabe como si se tratase de un pila más. Una vida de castigo no merece ser vivida, menos aún si este es impuesto. Roy Batty no es responsable de su condena y por eso se revuelve contra ella. En su mano, como en la de todos nosotros, esta cambiar las cosas y al menos durante el tiempo de vida que nos quede tratar de vivirla de forma que merezca la pena realmente ser vivida. Y no solo una, sino una y mil veces vivida, en el sentido del eterno retorno nietzscheano.

Roy Batty es el prófugo, el replicante autosuficiente, el líder, el rebelde que al ser consciente de su propia finitud trata de luchar contra ella con todos sus medios intentando escapar, tratando de ser libre, no solo de los trabajos para los que fue concebido sino libre también en su conciencia, reconociéndose capaz de poder gritar abiertamente “no quiero morir” y luchar abiertamente por tratar de conseguirlo, al precio que sea. Si ha de morir, que al menos sea después de haber intentado sobrevivir a su propia finitud sabiendo (en su fuero interno) que ha hecho todo aquello cuanto estaba en su maño para luchar contra su existencia contrarreloj.

Avanzada la película vemos como Roy Batty en un arrebato de rabia asesina a Tyrell, su propio creador, al no poder darle este más vida. Roy Batty quiere no morir. Da igual la solución, da igual el método, solo quiere que se le garantice que no se va a morir y que ese nudo que tiene en el estómago (nudo que también tenemos todos) se va a solucionar y va a poder vivir más tiempo. Da igual el cómo, pero necesita no morir. Todos lo necesitamos.

Roy Batty ha nacido esclavo, le han creado esclavo, pero no está dispuesto a morir siéndolo. En un momento de la película dice: “Es toda una experiencia vivir con miedo, eso es lo que significa ser esclavo”. Si bien no consigue su inmortalidad ni más años de vida, si consigue morir siendo plenamente consciente de que, aun naciendo esclavo, muere libre.

Si debe morir sin opción ni alternativa, si su tiempo se agota (como lo hará el de todos nosotros) al menos quiere morir sintiendo como la vida fluye en toda su dimensión a través de él. Como replicante que es no puede sentir emociones: ni alegría ni tristeza, ni rabia ni dolor. Y sin embargo en las escenas finales notamos la impotencia que siente frente a su propia muerte, que después se transforma en rabia contra el propio Tyrell y Sebastian, a los cuales asesina. Notamos también el amor y la alegría que comparte con Pris, y el dolor horrible que supone la muerte de esta. Si Roy Batty debe morir, que sea sintiendo la vida una última vez, sintiendo el dolor del clavo que atraviesa la mano y desgarra la carne, sintiendo la diversión del juego tomado en serio como juegan los niños, y por último, sintiendo la adrenalina y la emoción de la caza una última vez. Solo así entonces puede abrazar Roy Batty su muerte según llega, sin dolor ni rabia, ni decepciones ni cuentas pendientes, y con la satisfacción de que ha merecido la pena. Roy Batty nacido replicante, muere siendo algo diferente, algo más. Ha creado sus propios recuerdos, ha vivido, añadiendo recuerdos reales y propios a los recuerdos de serie que le insertaron al crearle. Entonces, y solo entonces, puede fundirse con la lluvia.

El eslogan publicitario de Tyrell Corporation anuncia como sus replicantes son más humanos que los propios humanos. Y en verdad es cierto: Roy Batty muere sin miedo, pues ha dejado de vivir sintiéndolo; muere sabiendo que ha sentido emociones, que ha tratado de cambiar la injusticia que conlleva su muerte y que ha hecho aquello cuanto estaba en su mano para definir su existencia, reclamarla en sus propios términos posicionándose así frente a su creador y ante su propia circunstancia concreta declarando a la vez como siente y concibe su propia vida. Nach continua: “Por eso […] ya no hay ni medallas ni rangos. “

Roy Batty muere habiendo vivido una vida que si merece la pena ser vivida. Su epitafio imaginario rezaría:

Roy Batty, nacido esclavo, convertido en prófugo de las colonias después, y perseguido por los Blade Runners, muere, a fin de cuentas, libre.

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