La atracción por los narcos – El niño detrás de las barbas

Hay algo en la maldad humana que nos resulta tremendamente atractivo: la figura del antihéroe tiene una larga trayectoria en el cine, y ahora existe una tendencia por la cual se profundiza cada vez más en la figura del villano, especialmente en el ámbito de las series. Los antagonistas, en muchas ocasiones, pasan a ser tan importantes como el personaje principal. Yendo un pasito más allá, surgen también productos en los que el antihéroe adquiere el protagonismo: estoy pensado en Breaking Bad (porque si, Walter White es un cabrón) o más recientemente en el fenómeno del Joker. Existe un nicho en el que todo lo señalado adquiere mayor relevancia incluso: el narcotráfico.

Desde el lanzamiento de la primera temporada de Narcos en 2015 se ha producido un boom de productos audiovisuales relacionados con el mundo del narcotráfico: Loving Pablo, American Made, El Chapo, Suburra, Sobreviviendo a Escobar, El Niño, etc. El mundo del narcotráfico ha despertado un tremendo interés en el gran público, y en pocos años las películas y series de este tipo han bañado nuestras pantallas. Aunque la mayoría de ellas cuentan con un miembro de los cuerpos de seguridad encargado de luchar contra el tráfico de drogas estos no suelen adoptar el rol de protagonistas aunque se nos llegue a vender así, sino que el elemento central sobre el que pivota toda la serie es siempre el narco. El antihéroe adopta un papel central, profundizamos en su carácter, sus miedos, sus peculiaridades, su lazos de amistad y familiares, y en definitiva, a pesar de estar contemplando de manera constante los atroces crímenes que comete no podemos evitar llegar incluso a empatizar con el protagonista, lo humanizamos. En estas historias los narcos no son solo meros antagonistas, son de facto los protagonistas de las mismas, y el protagonista está siempre pensado para que atraiga al espectador.

Como analizar todos los productos de lo que es ya casi un género televisivo por sí mismo resulta inabarcable he optado por seleccionar tres series bastante representativas del fenómeno: la serie Narcos que a mi parecer es la que ha desencadenado buena parte del fenómeno; Gomorra, uno de los grandes éxitos televisivos de la televisión italiana; y Fariña, la serie concentrada en los narcotraficantes gallegos e inspirada por el libro de Nacho Carretero del mismo nombre. Procuraré centrarme exclusivamente en el tratamiento que se hace de los personajes, por lo que no tenga miedo el lector de sufrir spoilers sobre la trama.

Hablar de la serie Narcos es hablar de Pablo Escobar. Este personaje, que logró controlar la mayor red de narcotráfico del mundo durante largo tiempo, acaparó titulares por la crueldad de su guerra sucia y lo estrafalario de su persona, que se presentaba a sí mismo como un gran benefactor del pueblo, especialmente en la ciudad de Medellín. Si en el mundo real es un personaje que desde siempre ha generado una gran atracción, la interpretación de Wagner Moura hace que nos enamoremos definitivamente de él, a pesar del hecho ineludible de que es un asesino. Porque si es cierto que la serie no esconde ninguna de las crueldades de Pablo Escobar, tampoco esconde su decadencia, y el protagonista no deja de generar una cierta complicidad con el espectador. Se nos presenta como un hombre hecho a sí mismo, capaz de montar un imperio del narcotráfico y poner en jaque a buena parte del país, con capacidad para atraer a los grandes traficantes del mundo hacia sí. También se nos muestra su lado más “humano” en sus relaciones familiares.

Aunque a priori el protagonista podría ser el agente de la DEA Steve Murphy, todo el primer capítulo de la serie gira en torno al ascenso meteórico del narco colombiano. El mensaje es claro: Escobar es el gran protagonista y el gran atractivo de la serie. Es un desalmado sí, pero es el desalmado que enganchará al espectador, ya que en el fondo es un personaje constituido para “molar”. Quizás resulta algo inevitable, pero al final de la serie nadie se acordaba del agente Murphy, eso sí, las redes se vieron plagadas de: “iuo de putas”.  

Por otro lado, la serie Fariña se vio estrenada entre la polémica por la retención del libro originario, recordemos periodístico y no una novela. Sin embargo, la serie no se moja excesivamente en lo político más allá de unas acusaciones veladas a Manuel Fraga, y omite algunas otras que se vierten tanto sobre el Partido Popular como sobre el PSOE de Felipe González. Si bien la serie parece poseer una cierta intención de dividir el protagonismo entre los grandes narcotraficantes gallegos: Oubiña, los Charlines, los Bustelo…el gran destacado de la serie es Sito Miñanco. Una vez más es un personaje interpretado para que, con sus defectos, atraiga al espectador. Al igual que en Narcos el hombre de ley, el sargento de la guardia civil, llamado Castro, es en realidad el antagonista de la serie, le apoyamos porque es el “bueno”, pero para todos queda eclipsado por Sito.

Una vez más los narcotraficantes se comen la pantalla, la historia versa sobre ellos, sus conflictos, sus logros y sus fracasos. No es que estén idealizados, ya que quitando a Sito Miñanco cuesta generar empatía con ninguno de los otros narcos gallegos, pero una vez más la historia versa sobre ellos. En el caso del narcotráfico gallego juega a favor de estas figuras el hecho de que no fueron excesivamente violentas, ojo, violencia hubo, pero no fue endémica como en Colombia. El propio Miñanco se diferencia de Escobar en ese aspecto, rechazando la injerencia colombiana.

Por último, Gomorra se encuadra de una manera distinta puesto que según evoluciona la serie adquiere tres grandes protagonistas: Pietro Savastano, Gennaro Savastano y Ciro di Marzio, junto a los que podríamos incorporar a Patrizia en la última temporada. A diferencia de las dos anteriores Gomorra no idealiza tanto la figura del narco, sino más bien al contrario, pues nos muestra sus contradicciones y sobre todo la gran crueldad a la que son capaces de llegar. En Narcos apenas existe un acercamiento a las víctimas de la violencia, si en Fariña, pero su número y trascendencia es mucho menor. En Gomorra en cambio tenemos incluso capítulos enteros dedicados a ellas, y sus muertes se nos muestran con completa crudeza, recalcando la crueldad de la que son capaces los protagonistas. Estos vuelven a ocupar el rol central, y por supuesto resultan tremendamente atractivos para el espectador, pero se nos manifiestan evidenciando mucho más sus frustraciones, lo amargados que viven, y recalcando que no hay belleza en su modo de vida, sino dolor e ira. En ese sentido Gomorra nos aporta una visión del narcotráfico mucho más cruda, cruel y sucia, sin duda, mucho menos romántica. Quizás a alguno descerebrado le podría atraer la idea de ser un Escobar o un Sito Miñanco, pero nadie querría ponerse en el lugar de los protagonistas de Gomorra.

Pero incluso Gomorra adolece de un fallo que considero de vital importancia, y es el grave perjuicio que las drogas generan sobre la sociedad. Esas víctimas no se ven reflejadas en prácticamente ninguna de las tres series, tan solo en Fariña y más que a las víctimas da protagonismo a Carmen Avendaño y a la organización de Madres contra la Droga. Pero ninguna dedica siquiera un capítulo a hablar del yonqui, de aquellos cuya vida queda completamente destrozada, desarraigada de la sociedad, destruyendolo todo a su alrededor. El incorporar a un personaje de este estilo, sin duda, nos daría una mayor profundidad de lo que supone para un país la existencia del narcotráfico.

Quiero aclarar que no es que no se pueda disfrutar de estas series, más bien al contrario, he escogido estas tres porque soy especial fan de todas ellas. Yo, al igual que muchos otros, he sucumbido a lo “atractivo” del narco. Pero debemos ser conscientes de qué son exactamente esos personajes, que representan a nivel social y cual es la plaga que extienden, porque sus grandes víctimas no son  solo las de la violencia, sino las afectadas por el producto que distribuyen y la inestabilidad que generan en sus países. Tendríamos que preguntarnos ¿Qué nos resulta tan atractivo del narcotráfico? ¿Por qué  se ha convertido en un fenómeno mundial? ¿Hasta qué punto nos sentimos atraídos por lo prohibido? Por la figura del antihéroe. Quizás, en el fondo, todos queramos experimentar nuestro lado más oscuro y egoísta.

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