Y de regalo algo de misoginia – Melenial, el millennial

Uñas tipo garra, deportivas de suela gruesa, skinny pegados con sus respectivos tobillos al aire, etc.Y es que en pleno 2019 hablamos por fin, de modas, si, de modas que ya han llegado, de modas que se han establecido y de modas que están aquí para quedarse. Ojo que de esto no se libra nadie. El que escribe tiene ya unos cuantos añitos y ha sufrido eso de “habitar” las modas: estrellitas rosas poky poky, el tanga a la vista (bendita adolescencia) o sobre todo el omnipotente e idolatrado Tuenti, que hacía y deshacía nuestras relaciones sociales a su antojo en base siempre a su interfaz y su forma de uso. Que siga entonces tranquilo el centennial que me lee. Pero es precisamente ahí, en Tuenti, amigo instagramero, donde voy a centrarme en este texto.

“¡Pero si tu ibas a hablar de modas y no de redes sociales!” me reprende un lector atento. En mi defensa diré que si existe algo que defina a los nacidos en los 90, llámalos millennials, llámalos mi generación desde la que escribo, es su consolidación como usuarios de redes sociales, y dentro de estas aquellas que en concreto estaban o están de moda.

Tomo como ejemplo y herramienta a Tuenti, aunque los planteamientos son perfectamente homologables  a Instagram o Facebook. Resulta curioso darse cuenta como todas estas redes sociales nos invitan a una serie de dinámicas que interiorizamos y asumimos como constituyentes de nuestras formas de relación social. Ya no es solo que estas redes nos permitan nuevas posibilidades para relacionarnos sino que nos enseñan, educan, moldean y determinan hacia unas formas de relación concretas, particulares y dadas. Aquí surge el problema.

Tuenti funcionaba como un tamiz, el cual filtraba metodológicamente (e ideológicamente también) las formas de relación que se adecuaban o no a su interfaz de usuario y sus opciones, excluyendo irrevocablemente a aquel que no se rindiera a la lógica interna de este instrumento (parafraseando a la Escuela de Frankfurt). A la larga, hablando de forma honesta, todos hicimos por adaptarnos a esta lógica particular y concreta, aceptando y asumiendo todos estos nuevos métodos de relación. Los integramos.  Es entonces cuando nos constituyen y definen, identificándonos y prácticamente posicionándonos. ¿Exagerado? Es ahora cuando entran en escena los supuestos auxiliares, pero antes una pausa de 30 segundos.

¿Qué hay detrás de la moda de llevar los tobillos al aire entre el vaquero y las deportivas? ¿Qué intereses particulares pretenden que tengamos los tobillos rosados por el frío a pesar de estar en pleno invierno? ¿Acaso las farmacéuticas buscan aumentar las ventas de mucolíticos, anticatarrales y multivitamínicos? ¿O quizás estemos en el preámbulo de una moda futura basada en llevar minibufanditas y minifularcitos en nuestros tobillos? Prendas, estas últimas, fabricadas seguramente por empresas de calcetines pertenecientes a una industria actualmente en expansión y que casualmente vuelve a estar de plena moda. Muchas preguntas, demasiadas respuestas y algunas de ellas muy tontas.

Pasados los 30 segundos, continuamos (si no me crees cronométrate). Retomando el texto, permíteme que te recuerde amigo centennial que tú eres millennial como yo: tu Instagram fue mi Tuenti, tu Fortnite mi PSP y tu trap, mi gasolina. Ambos hemos asumido, aceptado y adoptado modas que se dieron en un momento particular de nuestra vida. Per se son inocuas, al menos en apariencia, ya que junto a ellas llegan una cantidad enorme de supuestos auxiliares que damos por sentados: mi evolución social y fraternal en la adolescencia en un entorno puramente virtual, el ostracismo derivado del uso de las consolas o unas letras machistas aprendidas y recitadas hasta la saciedad son algunos de los supuestos auxiliares que he mamado y con los que yo cargo.

Vemos que, tras un primer momento de aparente neutralidad, junto a las modas concretas de una época se esconde algo más. Pautas de conducta, ideologías incipientes o sencillamente nuevos hábitos que adquirimos, ya que se nos imponen, los cuales aceptamos sin dudar. Según la R.A.E.,  la moda es “un uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país”. También podemos definirla como “gusto colectivo y cambiante en lo relativo a prendas de vestir y complementos”, tomando otro de los significados que aporta la R.A.E. Entonces pregunto. ¿Aceptamos interiorizar de forma ciega toda una serie de supuestos implícitos pero velados simplemente por el hecho de que se repita mucho en el tiempo el envase en el que van escondidos?

Ahora las modas serían nuevas cajas de sorpresas, dentro de las cuales te puede tocar un poquito de misoginia o de hipersexualización lesiva y a las cuales no se puede decir que no. Esto no sucede dos o tres veces, sino cientos o miles de veces. De fondo asoma la normalización y de la mano llega con ella la estandarización, procesos normalizadores nefastos ambos que arrasan y minimizan lo poco de distintivo y propio que le queda al sujeto. Mamamos referencias culturales y supuestos auxiliares que no son propios de nuestra cultura sino ajenos, y ello no es problemático salvo que se haga dejando de lado todos los matices e ideas contextuales que dan sentido a estas ideas dentro de su contexto original.

En la película Dragonheart, Bowen pregunta al Draco, el último de los dragones: “¿Hacia dónde miraremos?”, y es esa misma pregunta la que debemos hacernos nosotros. Al acatar y aceptar todos estos supuestos debemos dudar sobre hacia donde estamos mirando, el lugar de procedencia de estos supuestos, y si se pueden entender en toda su dimensión de significado al integrarse dentro de mi genética cultural, social e histórica o si por el contrario al hacerlo estoy omitiendo una serie de matices pertinentes para comprender estos supuestos auxiliares de forma completa.

Nuestra responsabilidad entonces es ser un topo del día a día, escarbando y sacando a la luz aquellas ideas que se esconden en el sótano ideológico de la moda y que se nos venden junto a las promesas de diversión, relevancia social o utilidad ya que de nuestra generación se espera incluso un reto mayor, que todos sabemos y no decimos: que nuestra generación sea capaz de crear, entender y educar en un uso responsable de la tecnología y de las redes sociales demostrado que hemos sabido estar a la altura y hemos salido airosos. Eso sí que se merece un like.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s