Arte como experiencia sensorial II – Zule

Así entramos en la paradoja de siempre, la deleuziana revolución de los simulacros: sí todo es arte, nada lo es. Pero solo una definición amplia del arte da cuenta de la pluralidad de los gustos, las formas, los contenidos y las tradiciones. Solo una definición así puede equiparar la cocina con la pintura, el videojuego con la narrativa, la costura con el teatro. Solo una definición amplia del arte puede conjuntar tantos y tantos modos de expresión que apelan a la psique humana, tantos modos de exhibir la facultad poiética del significante artístico, que es una conquista evolutiva. La plasmación de un estado mental, de unas pretensiones emocionales, el intento de llamar la atención de otro ser humano mediante la manipulación de los sentidos, una manipulación que no tiene porqué ser negativa, sino simplemente, reclamar la empatía: los ojos del otro adentro de los míos. Los seres humanos intentamos escapar de la soledad, y para ello nos expresamos, para atraer con nuestro canto a los otros, como el bebé que con su llanto embruja a la madre para que vaya a atenderle y hacerle caso. Porque cuando sentimos el arte, entendemos que alguien más necesita a los otros, que hay otros que nos necesitan.

Esta experiencia crea grupo: el arte crea grupo, y el grupo crea supervivencia. El arte es cohesor de grupo, y como la emoción, es un valor adaptativo en el proceso de la evolución. Por ello, entiendo que arte es todo aquello capaz de cohesionar desde la experiencia estética, ya sea desde el dolor, desde el placer, desde la historia, desde el trauma. La cocina nos une, el cine nos une, los videojuegos nos unen, la literatura nos une. La historia del arte es la historia de nuestra gran unidad emocional como especie. Y dado que aunque cada vez estamos más separados, a la vez hemos refinado más nuestros modos de cohesionarnos, habrá más artes, más modos de unirnos en pro de la vida, la evolución, las culturas, las historias. De tal manera, una definición amplia de arte es necesaria para construir una definición amplia de la humanidad: una que albergue todos los gustos, modos, tipos y tradiciones, todas las maneras de expresarse, sentir, y hacer sentir, todas las maneras en que un humano puede hacer algo que emocione a otro, y les lleve a darse un abrazo fraternal, olvidando por un instante todo lo demás.

Por todo lo dicho, el valor evolutivo que tiene la facultad artística es enorme, dado el peso cultural que tiene sobre los grupos en los que se gesta, la fuerza emocional y terapéutica que tiene incluso para sujetos aislados. El arte es como magia, la magia el símbolo que nos separa del resto del mundo natural y nos permite adaptarnos con peculiar éxito a la carrera evolutiva, porque nos recuerda la fuerza de la cohesión, de grupo, ese punto en el que desde lo particular, nos convertimos horizontalmente en algo más. Y no, obviamente el arte no es magia, pero está cerca de ella, y creo que solo mediante un reconocimiento amplio de aquello que es arte —mediante la inclusión de lo que no lo parece a priori— podemos dar cuenta de cómo mucha gente es capaz de encontrar esa magia en las cosas, sin que necesariamente estemos de acuerdo con ella, pero tampoco sin imponer nuestro criterio sobre los demás. Porque solo bajo una definición amplia de arte  —como la nuestra, que esencializa el arte en un artefacto con la potencia de generar experiencia estética— cobra sentido el buscar arte en los restos arqueológicos, especialmente en los de los neandertales, dado que este vestigio físico (y por tanto perdurable) es lo que nos permitiría confirmar las intuiciones de que estos homínidos disponían de una cierta carga mental simbólica. No olvidemos que el arte, en tanto que representación de estado mental en un objeto material con el que no guarda ninguna relación es un símbolo, y que la evidencia de la capacidad simbólica, sumada a las evidencias técnicas de esta especie nos podrían llevar a afirmar, sin demasiada cautela, que los Neandertales bien pudieron tener un lenguaje simbólico de algún tipo. Este es solo un ejemplo de la importancia que tiene el arte en la arqueología: su capacidad de fosilizar la demostración de los estados mentales de animales muertos (de especies homínidas). Pero solo una definición amplia de arte nos permite equiparar los artefactos sin utilidad evidente con nuestras obras de arte, y solo esa equiparación nos permite rastrear en el arte la arqueología de la mente.

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