Alegato a una Venus de gominola – Triteta, el esteta de tres tetas

 “¿Nos decías entonces que el caramelo es como flor de un solo día?” pregunta la presentadora de un programa de cocina mientras a su lado una repostera da forma a un cisne de caramelo frente a la cámara, dudando la presentadora sobre la esperanza de vida de una figura de caramelo, antes de que esta pierda su forma o se deshaga. Al igual que una rosa, una figura de caramelo tiene el encanto propio de las cosas menudas (“el perfume se vende en frascos pequeños”, recordemos), la delicadeza que imbuye el haber trabajado delicadamente/decididamente el azúcar y la belleza per se de ambos objetos. Pero una rosa es una rosa y el azúcar simple azúcar. Cualquiera con la maestría o el talento de un buen maestro repostero sería capaz de hacer auténticas joyas en azúcar, aunque este seguiría siendo simplemente azúcar. ¿O acaso es algo más?

¿Objetos y prácticas banales entonces, como una figura de caramelo, un videojuego o un GIF lanzado en el instante preciso pueden ser consideradas como obras de arte o formas de arte? ¿O por el contrario debemos dejarlo aparcadas como el fruto de un artesano diestro, como mucho, y no como una producción artística que pone al ser humano frente a lo sublime y le golpea en los más hondo? La duda queda, y sin embargo, la pregunta que subyace se incomoda por el miedo propio que tiene ante la herejía, miedo a los bastardos que aspiran y pretenden equipararse a ella, miedo que no sabe si puede eludir ya esta pregunta y poder escapar por fin de la mirada sojuzgante del canon pali de las artes.

Tras esta huida viene ahora la ausencia de marcos de referencia petrificadores y una inmensa libertad de corte existencialista. ¿Qué tomaremos como arte? Pues aquello que nosotros queremos o creamos entender como arte. ¿Pero eso abre la puerta para considerar arte cualquier banalidad? Seguramente, pero esa afirmación estaba implícita de manera velada desde el minuto uno. ¿Y eso es todo? ¿Ya está? Ahora nos abruma la responsabilidad y la falta de criterio. “Ya no es cuestión de saber qué es arte sino cuando es arte” azuza Duchamp mientras mira de refilón su futura obra dentro del aseo de señoras.

Por otra parte, para ser capaces de comprender una obra de arte concreta es fundamental que atendamos al contexto en el cual se sitúa y se desarrolla prestando atención entonces a los modos de vida imperantes en esa época, a los valores ideológicos que promociona la sociedad que ve nacer esta obra de arte, y en general, al contexto histórico-sociocultural que sirve de fermento y sustrato para esta obra de arte. El artista es ahora, aceptémoslo cautelarmente, un mero altavoz que canaliza y da forma a estos supuestos implícitos de una forma subjetiva, particular y libre.

Con este compromiso miramos a nuestra generación, pues cada una tiene sus modos particulares, y entonces nos preguntamos: ¿Desde qué supuestos evalúa, concibe y produce arte? Y esto nos lleva irrevocablemente a las nuevas realidades. No digo que mi generación renuncie a supuestos teóricos sobre arte heredados de una larga tradición de la cual participa, pero creo que debemos relegar estas al cajón de los supuestos auxiliares implícitos y centrarnos ahora en aquello que otras generaciones no han tenido, esto es, las nuevas realidades: nuevas realidades, 2as realidades, realidades de 2ª, realidades virtuales y realidades simuladas.

Instagram tiene actualmente 1.000 millones de usuarios. Facebook ostenta nada menos que 2.200 millones de usuarios al mes. WhatsApp se mantiene entre medias con unos comedidos 1.600 millones de usuarios. Estos datos concretos se traducen en que todos estamos expuestos en mayor o menor medida a una segunda realidad, una realidad inventada y en red que habitamos casi a diario. Exploramos así el espacio de Internet, su geografía particular que se construye a medida que avanzamos y que queda en suspenso si paramos (hasta que decidimos retomar el viaje), llegando incluso a explorar realidades alternativas y paralelas (casi reales) de la mano de los videojuegos y de la realidad virtual. ¿Podemos considerar los videojuegos una forma de arte en mayúsculas y con sus propias reglas o debemos sufrir lo mismo que le sucedió a la fotografía, a saber, ser forzada al pictorialismo imitando a la pintura y al dibujo hasta que pudo reclamar su posición como una forma de arte independiente y con sus particularidades concretas?

Prestemos atención a que aquello que consideramos arte lo es únicamente con base en la tradición, ya que llegó primero. Esa es nuestra razón más fuerte para defender que una cosa sea más arte que otra. Nuestra generación tiene otros modos y las razones que se basan en porque sí ya no le sirven. Si debemos elegir que es arte y que no debe ser en base a argumentos más sólidos, aunque eso sea una contradicción al ubicarse en el terreno de la producción artística. Al menos sabemos que habitualmente lo que se exhibe en galerías, ferias y bienales si es arte.

Aunque quizás el motivo de que estas sean formas de arte no es tanto que sean una expresión genuina de la naturaleza y las capacidades del hombre, sino más bien una forma de camuflar la usura y el interés por vender algo cutre disfrazado bajo la piel del arte. Menos mal que velan por nuestra incultura…digo cultura, que me he puesto nervioso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s