Blade Runner: Lluvias en Noviembre y las dos caras de la moneda – Dr. Nick Riviera

Es Noviembre. Y es 2019. Y quizás les haya pasado como a mí. Quizás pensaban que aún quedaba un poco. O que la fecha ya había pasado. Pero no. Es Noviembre de 2019. Y eso, aunque muchos no hayamos caído en ello, solo debería significar una cosa: Blade Runner, estrenada en 1982, ha llegado a encontrarse en la línea temporal con la época en la que se desarrollaba la película. Quizás el mundo que soñaron Ridley Scott y Syd Mead (el creador de los diseños y la estética del film) no ha sido tan preciso como ellos imaginaron en ese lejano (y aún más desde la perspectiva tecnológica) 1982, pero sin duda los temas que trataron en la película siguen estando de actualidad; además de la clara influencia que ha tenido en muchas otra obras del género de ciencia ficción. Sin embargo, mucho se ha hablado ya de dichos temas (y en general de toda la película), así que en este pequeño homenaje nos vamos a centrar simplemente en tres de los personajes de Blade Runner. Huelga decir que habrá spoilers, así que si no la han visto hasta este momento (¿estarán satisfechos, no?) les recomiendo que se vayan a verla, y entonces ya si vuelvan al texto. O vaya, hagan lo que quieran. Sea como sea, yo ya he avisado. Ahora vamos al meollo:

Mucha de la carga de intensidad de Blade Runner la llevan los personajes. La trama es simple:(blabla Replicantes, blablabla no pueden estar en la Tierra (que ahora es una mezcla extraña de la lluvia de Londres con las luces y colores de Shangai), blablablabla los Blade Runner, blablablabla, hay que matar a los Replicantes, FIN. Sin embargo, las motivaciones de los protagonistas y sus circunstancias son lo que convierten a esta película en algo digno de admirarse. Comencemos por el elemento más interesante de esta triada de personajes que vamos a tratar: Roy Batty (magníficamente interpretado por Rutger Hauer, cuyo físico e interpretación alabó el creador de la novela en la que se basa Blade Runner, Philip K. Dick) Roy Batty es un replicante, un Nexus 6. Si ha llegado hasta aquí sin hacer caso a la advertencia del párrafo anterior, voy a tener un detalle con usted, y a explicarle lo que eso significa: los replicantes son clones humanos, dotados de una mayor fuerza y agilidad que estos Además, en el caso de los Nexus 6, poseen una inteligencia superior a la nuestra. Estos replicantes son usados como esclavos: trabajan en nuestras minas, luchan en nuestras guerras, “colman” nuestros deseos en ciertos clubs… Pues bien, Roy Batty es uno de ellos. Uno además de combate, que sin duda debe de haber vivido experiencias que no cabrían en la vida de un humano corriente (ese “Si pudieras ver con tus ojos lo que he visto yo con los tuyos” que le suelta al diseñador de globos oculares…). Batty representa uno de los mayores temores de la historia de la humanidad: la muerte. La contrarreloj en la que nos embarcamos desde el segundo en que nacemos. En el caso de los replicantes Nexus 6, es una mucho más vertiginosa que la nuestra: solo tienen 4 años de vida (o de duración, según consideren ustedes que son seres vivos, o maquinas).

Ya en la primera escena de Roy se nos da a entender esa carrera contra el tiempo en la que se ve embarcado. Y por si no fuera esta tarea ya lo suficientemente dura, para conseguir revertir su mortalidad, quiere encontrarse con su creador, algo vetado para la mayoría de los humanos. En el camino, Batty comete actos despiadados, impulsado por el destino fatídico que se le avecina, no solo a él, si no también a sus compañeros. Y Al final, cuando descubre que todos sus esfuerzos han sido vanos, abraza su lado más humano, salvando a Ray Deckard. El arco narrativo de Batty es digno de una tragedia griega, con un personaje intentando escapar a de su destino, ese en el cual, en palabras del Doctor Tyrell: “La estrella que brilla con más intensidad, está condenada a durar la mitad”. Batty se demuestra como humano al luchar con ese lado. Quizás como anunciaba el lema de Tyrell “más humano que los humanos”, ya que el miedo le impulsa a cometer actos despreciables. Roy ha matado y ha amado, siente cariño por sus allegados, se preocupa por ellos. Pero todo queda a un lado cuando ve que su tiempo se acaba y el miedo se apodera de él. Y al final,  ese miedo acaba convirtiéndose casi en una calma estoica (Ese “¿Es toda una experiencia vivir con miedo, no es cierto?” que suelta a Deckard cuando este está a punto de caer) aceptando su destino, y abrazando en sus últimos momentos su humanidad.

Blade Runner muestra a su protagonista y al antagonista (Deckard y Batty), como dos reversos de la misma moneda, y como bisagra entre la naturaleza de ambos, se encuentra el personaje de Rachel. Rachel ha vivido toda su vida pensado que era una humana, pero es una replicante, también un Nexus 6. Deckard le aplica el test “Voight-Kampff” (una prueba para diferenciar a los replicantes de los humanos) sin saberlo, y a partir de ese momento, la vida de Rachel pega un giro de 180º. Los recuerdos que ella creía que eran suyos, no son más que recuerdos implantados de otra persona. Todo su pasado, todo lo que la convertía en humana hasta ese momento, se ha desvanecido. Su mundo es una mentira que acaba de desplomarse ante sus ojos, pero se resiste a creerlo. Pone en duda todo: el test que le han realizado, a sí misma, sus creencias y sus recuerdos…

Uno de los temas más clásicos de la historia de la literatura y la filosofía, ha sido siempre el de si la vida es un sueño. Si esto que creemos que es real, no será más que una fantasía, o como la caverna de Platón, meras sombras que otros proyectan para entretenernos. Aquí es Rachel la que ejemplifica ese tema. Además, sirve como catalizador para que Deckard entre en contacto “emocional” con los replicantes (y quizás también con SU parte replicante, como veremos más adelante).

Por último, tenemos al protagonista de la película: Ray Deckard interpretado por Harrison Ford. Es un humano, un Blade Runner, encargado de “retirar” a los replicantes que llegan a la tierra. O bueno, era un Blade Runner, porqué está retirado. Pero es llamado a realizar un último trabajo. Trabajo que siempre ha realizado de manera fría y profesional, aunque quizás esta vez es diferente. Para recabar más información sobre los Nexus 6, es llamado a la sede de Tyrell. Y allí es donde descubre la verdadera naturaleza de Rachel, explicada por el mismo Tyrell en persona.

Tras esto, Deckard comienza su caza de los 4 replicantes, pero ahora la cifra ha subido a cinco, ya que Rachel es un nuevo objetivo. Pero la relación entre Deckard y Rachel ha cambiado mucho: a pesar de saber que es una replicante (¿o quizás por ello?) se enamora de ella y se verá obligado a protegerla. Es aquí donde la situación de Deckard cambia. Ya no puede ser más la maquina fría que era antes, ahora tiene a alguien de quien preocuparse. Además, parece hasta casi simbólico como tras ser salvado por Roy Batty, ese apretón de manos parece transmutar las cualidades de los dos: Batty, antes de morir se encuentra sereno, en paz consigo mismo. Pero ahora Deckard va a descubrir, como ya le aviso Roy, que vivir con miedo es toda una experiencia. Después de eso, Rachel y Deckard saben que tienen que huir, en ese final tan incierto como bonito que presenta la película. Son ahora ellos los nuevos fugitivos, los que tendrán que vigilar constantemente sus pasos ante el temor de ser liquidados.

Más allá de las pistas, que Ridley Scott dejó durante los diferentes cortes de la película, sobre si Deckard era un replicante o no, parece que podemos imaginar que aunque no lo sea el futuro que le espera le va a empujar a vivir como uno de ellos. Después de todo, ha tenido que abrazar (voluntariamente o no) su lado menos humano, haciendo que los roles entre antagonista y protagonista se intercambien, casi confirmando que en todo momento Deckard y Batty han estado hermanados. Quizás de tanto investigar a los replicantes, Ray ha acabado siendo uno de ellos. Quizás ya lo era antes, y han sido los acontecimientos ocurridos los que le han permitido ver la realidad. Nunca lo sabremos a ciencia cierta (no, no se engañen: Blade Runner 2049 nunca ha existido, es una simple ilusión), pero que bonito es elucubrar al respecto.

Podríamos estar hablando de la película durante 20 hojas más tranquilamente, pero creo que con esto, al menos, he conseguido animar a aquellos que no la han visto a darle una oportunidad. O quizás a aquellos que ya la visionaron, a hacerlo de nuevo para ver si coinciden conmigo. En cualquier caso, me doy por satisfecho. No tendremos coches voladores, ni puestos de comida china en las calles, pero que cojones, al menos seguimos siendo humanos.

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