Estética de Aristóteles III: el arte – Zule

4.El arte y el artista: la poiesis mimética

El arte es la segunda facultad del alma racional presentada por Aristóteles en su «Ética a Nicómaco»(1) —tras la episteme (ciencia)— y consiste en la poiesis o producción de objetos. De tal manera, para el estagirita es una de las facultades humanas más elevadas (dado que en ella reside la verdad eterna del ser) y su diferencia esencial con la episteme es que tiene una naturaleza contingente frente a la necesidad científica(2)—es decir, que mientras las verdades de la ciencia son necesariamente como son, los productos de la poiesis bien podrían ser diferentes o incluso no ser, aunque en su ser siempre alberguen una verdad (la del propio ser). Sin embargo, frente a la episteme, la poiesis goza del aditivo de incorporar en su ser lo posible, lo cual, como ya hemos visto, le dota de cierto estatus ético en cuanto a su potencial creación de modelos humanos —es decir, permiten reflejar al humano no solo como es, tal como hace la ciencia, sino como podría llegar a ser, dando posibilidad al cambio y la evolución social, cultural, moral. Si bien es contingente, la poiesis abre su horizonte a la posibilidad del ser y el no ser, lo que en cierto sentido le da un horizonte más amplio que la episteme, lo cual no es necesariamente interesante para una sociedad como la griega, obsesionada con la búsqueda del uno primigenio, pero desde luego resulta interesante para la búsqueda hermenéutica de la significación múltiple.

 

Estatus ético

Aun así, en cuanto a este estatus ético, cabría matizar que 

«El modo de ser racional práctico es distinto del modo de ser racional productivo. Por ello, ambas se excluyen recíprocamente, porque ni la acción es producción, ni la producción es acción.»(3).

Dado esto, la praxis ética, que tiene el fin en sí misma, difiere de la poiesis técnica, cuyo fín está en otra cosa (el producto). Además, recordemos que, si bien las virtudes éticas y las dianoéticas —como toda virtud humana—  están igualmente vinculadas con el alma racional, las virtudes éticas se encuentran en un estatus jerárquico menor dentro de dicha alma. Dado que la virtud ética es aquella solo aprendible mediante el hábito, y la virtud dianoética es aprendible por el hábito, pero además enseñable; la virtud dianoética adquiere un estatus mayor, y dentro de ella quedaría englobada la facultad técnica, poiética o artística (en el estagirita las tres cosas pueden funcionar en cierto sentido como sinónimos, tal como venimos viendo en desde la entrega II). De tal manera, la facultad ética y la poiesis no están en la misma categoría aristotélica de las facultades racionales humanas, y en cierto sentido, la poiesis está por encima de las virtudes éticas, dado que mientras las éticas son contingentes en tanto que devienen de la experiencia y del hábito, la poiesis (como facultad) sería a priori e igual para todos los humanos y por ello enseñable, aunque también perfeccionable en tanto que no está acabada pues incluye en sí lo posible.

Esta clasificación difiere respecto a la platónica, que no diferenciaba nítidamente la praxis de la poiesis, y por ello, daba a las producciones un estatuto semejante al de la praxis ética, lo cual era uno de los principales motivos por los que se pretende expulsar al poeta de la polis. El poeta, al producir cosas falsas, gozaba de un estatus falso y sofístico a nivel ético, y debía partir al exilio para no contaminar con sus actos a la juventud. Sin embargo, el poeta mimético de Aristóteles puede realizar una obra mejor o peor, pero ella es muestra de su virtud dianoética -su habilidad, su conocimiento, su educación- y no de su carácter ético -que como mucho deja huella en su selección de modelos y contenidos- el cual, además, es reeducable. 

Si bien la obra, como ya dijimos, puede seguir siendo censada, y el carácter del artista puede ser deplorable, solo puede haber motivos ligados a la poiesis, y no a la ética, por los que rechazar al artista y/o su obra: una mala elección de modelo, una mala poiesis mimética, una ineficaz elección del medio…. Esta diferenciación es importante, pues deja de mostrar la creatividad y la inventiva artística como males morales que deben depurarse. Ahora pasan a ser características propias de la facultad técnica, naturales a ella, y empleables con fines políticos. El arte, que ya no es necesariamente malo. Es cierto que en tanto que la mímesis exacta es imposible (incluso para seres sobrehumanos) y por tanto, siempre miente. Pero gracias a la katharsis y a la apertura de lo posible poietico se posibilita como una herramienta política, tal como ya hemos visto en nuestras reflexiones en torno a la katharsis de la entrega II.

Origen del concepto contemporáneo de arte

Hemos de resaltar que el arte al que se refiere Aristóteles engloba todo tipo de actividad productiva, y no sólo las vinculadas con la producción de objetos bellos e “inútiles”. El concepto griego de arte era mucho más general y no diferenciaba al artista del artesano, y ni siquiera a este de un profesional cualquiera. La tekné englobaba toda actividad humana cuyo fin era extrínseco (el fin es un objeto distinto al propio agente) —es decir, productivo, ya fuese de casas, de medicinas, de discursos o de estatuas. En toda tekné había una síntesis entre el intelecto —que ideaba objetos mediante la combinación de formas que luego rellenaba con materias, en un proceso creativo intelectual que quizás podamos describir como dialéctico, en tanto que sintetiza en uno los diversos elementos—  y la acción —que hacía efectivas las ideaciones del intelecto. De esta manera, la poiesis tenía un carácter eminentemente práctico, pero también teorético. Por ello no se alejaba en exceso de la episteme, más allá de en su contingencia. Esto nos puede mover a pensar en hasta qué punto la ciencia de hoy día, tan ligada a los resultados, a la experimentación y a la innovación, no sería vista por Aristóteles más como tekné que como episteme —y de hecho, es frecuente la definición de la ciencia como una herramienta, y ciertas vertientes de filosofía de la ciencia tienden cada vez más a un pragmatismo verificacionista. No incidiré más allá de este bosquejo en esta cuestión, dado que entronca con campos más epistemológicos que los estéticos que nos atañen.

Sin embargo, y volviendo al que hoy diríamos carácter estético de la tekné, no todas las teknés son iguales, ni tampoco todas son deseables para la consecución de la belleza. En «Ética a Eudemo»(4) Aristóteles nos dice que haylas incluso indeseables, tales como las ligadas a la industria, al lujo o a la acumulación de capital. Estas artes se reducen a sí mismas, en tanto que se anclan al producto de su propia naturaleza. No pueden ir más allá de su producción, por lo que la felicidad, que es un fin en sí misma — y el fin humano supremo—, no es alcanzable por su medio. Sin embargo, hay otras artes, las de corte mimético, que tienen por finalidad la producción de objetos que hacen una referencia al mundo. Estas artes serían semejantes a nuestra concepción contemporánea de lo que es el arte, y sí que tendrían vinculación con la belleza, lo cual las haría deseables para la consecución de la felicidad. 

En torno a su naturaleza hemos hablado en los apartados dedicados a la mimesis y a la katharsis, y creo que no hace falta incidir, por el momento, más en ella. Simplemente, hemos de resaltar que esta diferenciación entre las teknés miméticas y no miméticas parece oriunda de Aristóteles y es actualmente consensuado el entenderla como la primera diferenciación que encontramos en la tradición occidental entre el arte y las otras técnicas. Así, si bien no es adecuado hablar de arte en la antigüedad (al menos no en el sentido actual) este abuso lingüístico parece ser menor a raíz de los textos del estagirita, especialmente de la Poética (que trataremos con más profundidad en la siguiente entrega), obra en que se efectúa también una diferenciación interna en las artes miméticas: las que imitan las acciones humanas y las que no.

La obra como objeto de interpretación

Al igual que el lenguaje, la obra hace de mediadora entre el mundo y el sujeto, que o bien siente intelectualmente el placer de la mímesis o corporalmente el disfrute de la katharsis. Este sentir se da en el propio sujeto, aunque mediante un objeto. Ello es posible porque el objeto no se cierra en sí: el objeto artístico es una puerta abierta a la interpretación, al sentir. Si bien Aristóteles no explota estas ideas hermenéuticas, la realidad es que podemos intuir cierta semejanza con estos postulados en sus distinciones entre artes, si bien probablemente él no haría una hermenéutica libre, sino una que parta de un marco canónico. Lo posible, que se hace fáctico al pasar a la cultura, parece desmoronarse ante el referente que mimetiza, dado que ante él no hay más que una posibilidad de ser. Y el referente mimetizado es imprescindible en un proceso cognoscitivo de raíz inductiva como el aristotélico. Sin embargo, podemos decir que, en sí mismo, lo posible se reivindica como real al pasar a la cultura mediante una obra de arte: ahora está Adriano y su busto, y el busto de Adriano, se parezca más o menos a Adriano (lo que molestaba terriblemente a Platón y lleva a Aristóteles a exigir unos cánones de imitación y demandar una buena poiesis); el busto de Adriano tendrá una naturaleza propia, una realidad diferente a Adriano. La obra se independiza del referente original, tanto materialmente como en sus significación.

Si bien no podemos achacar a Aristóteles posturas hermenéuticas, sí que podemos validar desde su análisis está interpretación, dado que la hermenéutica cabe dentro de aquellos conocimientos y artes que tienen el fin fuera de sí, por lo que no están precisamente cerrados. Donde hay un puente -un espacio transitable entre las orillas del fin en otro y el fin en sí- hay un camino para que el intérprete reflexione en torno a cuán sólida es la construcción del puente, de donde viene el sendero o hacia dónde va el camino, ello entre otras tantas interpretaciones preguntas, con incontables respuestas posibles.

El artista

El de artista, como tantos otros conceptos planteados en el presente trabajo, es un término anacrónico para la realidad aristotélica. Sin embargo, empleo esta y otras palabras porque me parece que, pese a distorsionar parcialmente el mensaje puramente aristotélico, dan un buen ejemplo de su proyección a nuestro presente, posibilitando la reapropiación de ciertas cuestiones y facilitando la comprensión de los mismos. Es cierto que este uso de anacronismos desvirtúa parcialmente el texto. Sin embargo, este uso retórico no es aleatorio ni pretende faltar al texto: nos interesa aún lo que dijo Aristóteles por cómo afecta a nuestra realidad, y solo es desde nuestra realidad desde donde hemos leído y podemos leerlo. Este método de análisis hermenéutico permite entroncar el pensamiento del griego con la circunstancia contemporánea. Lejos de las posibles acusaciones de homicidio veritativo, la realidad es que ésta distorsión revive el texto aristotélico, cuya potencia permanece, y simplemente se reactualiza en dirección a una entelequia (en Aristóteles, la puesta en acto de la máxima potencia, y al mismo tiempo, el proceso por el que el ser llega a ese punto culminante de sí mismo) que —dado el devenir del pensamiento occidental a lo largo del siglo XX—  sólo podemos entender como propia de cada tiempo del hombre; una distinta para cada tiempo, aunque potencialmente, siempre la misma.

Tras esta digresión metodológica, hemos de hablar del artista aristotélico como un técnico de la mímesis. Su facultad es eminentemente poética, su producción es imitativa. Dentro de estos técnicos, Aristóteles habla especialmente del poeta: aquel artista cuyo modelo mimético son las acciones humanas y cuyo medio de expresión es la palabra, acompañada de ritmo y armonía. El poeta debe de imitar la realidad en busca de la katharsis. Para ello, Aristóteles recomienda que se mire a las obras que mejor consiguen este fin, para imitar sus estructuras y sus recursos (sus métodos prácticos) y -sin necesidad- sus temas (contenido ético). Este mirar inductivo hacia lo mejor -que encontramos de cara a poder actuar en el mundo de distinta forma- parece una constante aristotélica que se remarca con especial énfasis en la Poética. 

El poeta y su ética

El poeta debe de mirar al mundo, y en ese mirar, no podrá sino afectar su obra con su carácter. El carácter del poeta le lleva a un mirar personal: un mirar ciertas cosas, un mirarlas de cierta forma. Este mirar es el motivo de la aparición de los diversos géneros poéticos. Ese carácter lleva a elegir medio, modelo y modo mimético. En breve describiremos la cuestión en base a la afección que el carácter produce en el modelo mimético de lo que es, lo que debiera ser y lo que podría ser. Dado que la ética aristotélica nos habla de cómo el carácter es construido mediante el hábito, y por lo tanto puede aprenderse, parece que la educación del poeta cobra cierta relevancia, como también dijimos. Dado el papel político de la katharsis, del cual hemos hablado y que defenderemos más adelante, parece que el poeta debe de ser educado, pues en su creación hay una responsabilidad para con la polis. El contenido de su obra puede afectar a la ciudad de forma positiva o negativa; es importante educarle en la virtud para que su efecto sea constructivo y no destructivo para la polis. Ello sin contar la evidentemente necesaria pedagogía técnica.

Cabe recordar que la obra es fruto de la poiesis y no de la praxis. Su creación, en tanto que objeto, no tiene una implicación ética, por lo que no es reprochable. Pero ello no elimina el valor ético de su contenido, dado que la obra poética y la musical (que también es catártica) afectan al alma y, por sus caracteres temporales, no solo lo hacen desde el nivel intelectivo de toda mímesis -propio incluso de las artes estáticas o dorias- sino que incluye una afección a las pasiones que, inevitablemente, termina afectando a la acción del espectador. El espectador que no vive la katharsis mantiene su desequilibrio anímico, y por lo tanto, aún puede actuar de forma irracional. Si a ello sumamos la exposición de modelos éticamente dudosos, el espectador puede acabar atentando contra la polis por una falta de templanza anímica. La poiesis no es ética, pero la poesía y la música si lo son, dado que en su expresión del tiempo expresan el carácter, el hábito, la moral. El poeta debe ser ético, y no solo dianoéticamente virtuoso. No basta con que le eduquen, debe mantener unos hábitos.

Cualidades del poeta: metáfora, pasión e inteligencia

El poeta debe ser especialmente ducho en la metáfora:

«Metáfora es la traslación de un vocablo ajeno o desde el género a la especie, o desde la especie al género, o desde la especie a la especie o en virtud de una relación analógica»(5). «Llamo «relación analógica» a cuando el segundo miembro de una proporción guarda con el primero similar relación a la del cuarto con el tercero. En tal caso se podrá decir el cuarto término en lugar del segundo y el segundo en vez del cuarto»(6). 

La metáfora implica un conocimiento de la apariencia, de la imagen, justo el tipo de conocimiento que requiere toda mímesis. En el caso de la metáfora, este conocimiento es tan profundo que permite analogar de forma comprensible elementos aparentemente diferentes, pero que comparten algún tipo de nexo substancial que los pone en común y los hace sinónimos. Según Aristóteles, esta facultad, especialmente importante, no se aprende, y es natural del buen artista.

«La poesía es propia del bien dotado o del exaltado, pues de estos los primeros son hábiles para urdir y los segundos se enajenan con facilidad»(7). De esta manera, o bien la agudeza intelectual o bien la pasión desbocada son imprescindibles para el artista, siempre al compás de su habilidad técnica. Cabría decir que estas dos posturas vitales las podríamos identificar con los artes dorio y jonio respectivamente. El primero, intelectual, es un artista formal, que mira a las formas para imitarlas desde su comprensión. El segundo, pasional, es un artista material, de contenido, que vive el devenir de las cosas para imitarlo desde su sentimiento.

Tipos de poeta

Además, se nos habla del poeta como aquel que imita acciones humanas, y ello puede ser hecho desde la palabra o desde la mímica(8). Si bien el uso de la palabra es más profundo, pues desoculta el pensamiento y además elige y ordena el entramado de acciones; también parece importante la mímica, de cara a cómo se escenifica el pensamiento, lo cual afecta a la verosimilitud y a la katharsis. La palabra es cosa del poeta, nuestro actual literato, cuyo estatus, por ser el constructor del relato, selector de acciones y organizador de las mismas, es primordial y más importante. La mímica es cosa del intérprete, y si bien es caracterizada como algo inferior(9), también es cosa poética, pues imita acciones, lo cual dota al actor del estatus de artista, si bien mirándolo por encima del hombro. El intérprete, aún subyugado a la narración ideada por el poeta propiamente dicho, adquiere en Aristóteles una relevancia importante, en tanto que se vuelve una pieza clave en el proceso mimético y, sobre todo, catártico. Sin embargo, mientras el argumento y la palabra son imprescindibles para la causación catártica, el actor es prescindible, a la vez que preferible.

Bibliografía

(1) «Las disposiciones por las cuales el alma posee la verdad cuando afirma o niega algo son cinco, a saber, el arte, la ciencia, la prudencia, la sabiduría y el intelecto» Nicómaco op. cit p164

(2)  «Entre lo que puede ser de otra manera está el objeto producido y la acción que lo produce» Ibid.. p165 y «no hay arte de cosas que son o llegan a ser por necesidad, ni de cosas que se producen de acuerdo con su naturaleza» Ibid. p166

(3) Loc.cit.

(4) Eudemo Op. cit. p.9

(5) Poética, op. cit. p85, 1457b

(6) Loc. cit.

(7)  Ibíd. p.73, 1455a

(8) «Debe el poeta rematar su obra también con los gestos y posturas» Loc. cit.

(9) «Como si los espectadores no entendieran la escena si ellos no añaden de se cosecha, los actores se entregan a una enorme gesticulación» Poética op. cit. p.107 1461b 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s