Análisis post-electoral – El niño detrás de las barbas

No sé qué estarán pensado ahora mismo los asesores de Sánchez. Aunque la pregunta quizás debería ser ¿en qué estaban pensando al optar por una segunda vuelta? Quizás cegados por las encuestas del CIS (que ha vuelto a sus clásicas patinadas después del acierto en las anteriores elecciones) nos han llevado a unas segundas elecciones que solo dejan satisfecha a la ultraderecha. Parece mentira que no supiesen ver aquello que cualquiera con dos dedos de frente hubiese sabido vaticinar: en una segunda vuelta la abstención siempre crece, y esta siempre favorece a la derecha, al menos desde que España es democracia (que tampoco es hace tanto). Ni mucho menos iba a ser distinto siendo los claros culpables de esas elecciones los dos grandes partidos de izquierda, PSOE y Podemos. La sentencia no ha podido ser más clara: ambos bajan, y los diputados perdidos no se ven compensados por los 3 que incorpora Más País. El efecto Errejón tendrá que esperar. Eran unas elecciones en las que solo la derecha podía ganar, y así ha sido, salvo para Ciudadanos. Pero como dijo Jack el destripador, vayamos por partes.

El bloque de la izquierda desciende en votos y en escaños. Era lógico ya que son los grandes culpables de haber fracasado en la configuración de un gobierno.  Si el golpe no ha sido mayor ha sido gracias al miedo a VOX, que visto lo visto, está lejos de ser infundado. El resultado es un nuevo contexto mucho más radicalizado y fragmentado que dificulta el entendimiento y favorece la crispación. Si PSOE quiere formar gobierno, y habiendo ya descartado públicamente la idea de la gran coalición con el PP, tendrá que volver a sentarse con Iglesias, como parece que está haciendo. Nada parece anticipar que las negociaciones vayan a ser menos ajetreadas que las anteriores: el cruce de acusaciones durante la campaña electoral ha sido constante. Ha quedado muy patente también el giro (otro más de su larga lista) de Sánchez hacia la derecha en un intento de atraer al voto más centrista de Ciudadanos, estrategia que se ha revelado un fracaso absoluto. Si ha logrado atraer votos de Ciudadanos, estos no compensan las perdidas fruto de la abstención. Nuestros políticos a veces creen que no tenemos memoria, que cada elección es un punto de partida nuevo, pero los evidentes cambios de discurso acaban pagándose: a Sánchez se le ha visto el plumero, y mucho. Al igual que en las anteriores, la confianza de la gente en que sería el partido mayoritario junto con el miedo a la ultraderecha han permitido que ese error se refleje tan solo en la pérdida de tres escaños.

Podemos resiste mejor de lo esperado, lo que no quiere decir que no haya sido un claro fracaso: se deja siete escaños, afectado sobre todo por la abstención. A pesar de ello ha evitado la debacle, igual que Sánchez, y sobre todo, Errejón no ha logrado fragmentar tanto su espacio electoral como en un primer momento cabría esperar.  Tales han sido las lecciones de unos y de otros que nos han sorprendido con un rápido preacuerdo que da por sentado el gobierno de coalición y que ha sido anunciado por ambos líderes como definitivo. Es cierto que había ya mucho adelantado, pero no obstante, no deja de ser chocante y nos hace especular sobre cuáles fueron las razones del anterior fracaso si en esta ocasión ha sido tan fácil. Sin duda ha habido una gran dosis de tactismo por parte de Pedro Sánchez, con la estrategia “votenme a mí para asegurar un gobierno o podemos vernos en una nueva situación de bloqueo”. La estrategia, además de fracasada, se ha revelado como tal: una pose para atraer el voto. Por supuesto a ninguno de ambos líderes les pasa por alto la bajada de votos a sus formaciones, y mucho menos el ya citado auge de VOX, así como las perspectivas de un descalabro total si se produce un nuevo fracaso. Se ha solventado un gran escollo, pero no es el único ni mucho menos.

La gobernabilidad pasa por la abstención de Ciudadanos o ERC. Los primeros ya están llamando a una coalición de PP con Ciudadanos, mientras que los segundos han pasado de la promesa de abstención al no como punto de partida. ERC se siente obligado a mostrarse fuerte frente a su electorado y tiene que hacer ver que presiona a Sánchez. No obstante, saben que el partido socialista no aceptará la celebración de un referéndum, no son tan ingenuos. Tampoco creo que puedan permitirse ser los culpables de una tercera repetición electoral que nadie quiere y que daría aún más alas a la ultraderecha. Habrá que ver como se desenvuelven, pero sin duda, que PSOE y Unidas Podemos presenten un bloque conjunto facilita la situación, esperemos que ERC actúe con responsabilidad. De Ciudadanos, no la espero.

Si las anteriores elecciones ya constataron que España es un país territorialmente complejo y plural, estas acaban de confirmarlo. Una parte de la población, ante el bajo encanto que despiertan los partidos de proyección nacional, ha optado por dar su voto a partidos regionalistas que conocen de primera mano las necesidades de su territorio. El País Vasco es un ejemplo paradigmático de ello: PNV y EH Bildu suman juntos 11 escaños, 7 y 4 respectivamente, mientras que la suma de PSOE y Unidas Podemos tan solo aportan 7 escaños. La derecha nacional se queda sin representación en lo que resulta una anomalía histórica solo repetida en las elecciones anteriores pero que tiene vistas de perdurar en el tiempo dado el actual panorama político. El mensaje es claro, la autonomía no se toca, y tampoco se puede pactar con la ultraderecha. Las derechas también se diluyen en Cataluña a pesar del alto número de representantes que se reparten en su territorio. Al Partido Regionalista Cántabro de Revilla se le suma ahora Teruel Existe que, aunque no parece que vayan a ser grandes obstáculos para la gobernabilidad, sin duda harán valer su escaño.

Terminamos ahora con el bloque de la derecha, el más agitado dentro del panorama político. La espectacular crecida de Vox, que obtiene algo más del doble de escaños que en las anteriores elecciones, ha frenado las expectativas de crecimiento del PP que pensaba nutrirse a costa de Ciudadanos. El constante cambio de discurso de Rivera le ha pasado factura, tanto como el haber pactado con la extrema derecha allí donde ha podido. No puedes denominarte un partido de centro-liberal y formar gobiernos municipales y autonómicos con un partido como VOX sin que ello te pase factura. No solo eso, sino que Rivera radicalizó su discurso hasta el extremo, siendo en algunos aspectos (aunque en otros no tanto) difícil diferenciarlo del partido de Abascal; por ejemplo, en lo que encaje territorial se refiere. Quizás Rivera tenía que haber escuchado algo más a Valls.

Pero la gran noticia que nos apena a una gran parte de los españoles es sin duda el auge de un partido racista, homófobo, negacionista del cambio climático, enemigo de la pluralidad territorial, machista, franquista y de claros tintes autoritarios. Ha hecho buena gala de todo ello durante la campaña. Propuso la creación de un muro en la frontera entre Ceuta y Melilla, al más puro estilo Trump (al menos no le han exigido a Marruecos que lo pague). Lo más grave sin duda fue cuando se plantaron ante un centro de menores de Sevilla a criticar la inestabilidad que estaban generando los MENA (Menores Extranjeros No Acompañados). La gravedad aumenta cuando los vecinos del barrio se posicionaron muy claramente en contra de estas acusaciones. Esto quiere decir que VOX ha buscado hacer campaña usando como chivo expiatorio para generar polémica, odio y conflictividad a menores que están amparados por el Estado. Han focalizado el odio en menores, lo repito para que calen bien las implicaciones de este hecho.

Que son franquistas ha quedado más que claro, ya no solo por la oposición frontal a la exhumación de Franco (que Ciudadanos y PP solo se han atrevido a realizar de perfil) sino por las declaraciones varias de Ortega Smith alabando al fundador de la Falange (grupo y partido declarado fascista) Primo de Rivera o sobre la acusación de tortura a las 13 rosas de Madrid. Estas fueron 13 mujeres fusiladas por el franquismo, acusadas por el régimen no de tortura sino de rebelión, matiz considerable a tener en cuenta, sin entrar en otras posibles observaciones. Ortega Smith se niega a pedir perdón.

Vox niega la pluralidad nacional al posicionarse en contra del sistema de autonomías, que ha demostrado ser mucho más eficaz que un sistema centralizado en Madrid. Que sirva de ejemplo el País Vasco, que si bien se tienen que tener en cuenta otros muchos factores como el amplio tejido industrial que este territorio posee, es una de las autonomías que mejor funciona y también la que posee el tan criticado por muchos Concierto Económico, a su vez tan bien valorado por su población.

Vox es machista porque trata constantemente de relativizar la violencia de genero calificándola como violencia intrafamiliar. Incluso ha propuesto diferenciar entre los machistas y los alcohólicos, como si el consumo de esta droga excluyese de responsabilidad a su ejecutor. ¿Dirían lo mismo si el que consume el alcohol es uno de los menas mencionados? Vox es homofobo porque no apoya el matrimonio igualitario y habla constantemente de la defensa de la familia tradicional, como si ello excluyese al resto de familias que tienen el mismo derecho a serlo. Tampoco se siente cómodo con la celebración del orgullo contra la cual ya realizó algunas declaraciones. También ha pedido que se retire la ley LGTBI, porque todo lo que sea atacar la diversidad va mucho con ellos.

Vox es autoritario porque ha propuesto de manera frontal la ilegalización de los partidos independentistas o incluso simples nacionalistas como el PNV. Tampoco permite el acceso a los medios que no le son afines, limitando un derecho tan básico como el de libertad de información.

Creo que a cualquiera que se considere demócrata debería entristecerle, y mucho, el auge de un partido como Vox. La irrupción de Vox presenta dos consecuencias muy claras. La primera es la introducción en la agenda  y normalización de cuestiones que en buena medida parecían ya superadas, o al menos, no ocupaban la centralidad de la actualidad política. Esa normalización puede generar lo mismo que ha sucedido en EEUU con Trump, en Brasil con Bolsonaro y en menor medida, en Gran Bretaña con el Brexit: un repunte de las agresiones a ciertos colectivos como el inmigrante o miembros de la comunidad LGTBI. Por otro lado también posee consecuencias políticas, y es que la derecha lo va a tener muy difícil para gobernar en el Estado (no así en ciertas autonomías y municipios) debido a que salvo ante altísimas cuotas de abstención la derecha no suma mayoría absoluta, y con VOX presente no puede plantearse pactar con otros partidos como el PNV, que recordemos, en el pasado ha sido clave para gobiernos del PP junto con CIU.

Respecto a los causantes de este auge, sin duda hay una infinidad de motivos, pero me gustaría recalcar dos de ellos, que son también los que más se han señalado estos días. En primer lugar el tratamiento que han hecho de este partido los medios de comunicación. Lo han tratado como uno más, poniendo su discurso de intolerancia a la misma altura que el del resto de partidos, en definitiva, legitimando su discurso. La participación en el programa de Pablo Motos o la comparativa de Ana Rosa equiparando a VOX y Unidas Podemos como dos mismos extremos no hace más que ayudar a normalizar la presencia de un partido que tiene en su esencia la semilla del autoritarismo. La solucion que proponen los expertos de estos fenómenos es siempre la misma: reducir la cobertura mediática que se hace de este partido, pero sabemos que eso no va a suceder en los medios de comunicación españoles. Ellos son en buena medida responsables de lo que está sucediendo, ya no solo incorporando a Vox en el noticiario diario, sino sobre todo, poniendo en la agenda informativa sus reivindicaciones y poniéndolas a debate, siendo muchas de ellas cuestiones que creo deberían ser incuestionables en una democracia que se considere digna.

Por último, PP y Ciudadanos le han dado la puerta de acceso al pactar con la extrema derecha: han enviado el mensaje claro de que el voto a VOX no es un voto inútil, sini que sirve para configurar mayorías, y por tanto los dubitativos han acabado inclinándose por el nuevo fenómeno. A Ciudadanos le ha costado un absoluto adebacle electoral. El PP resiste, pero si no cambia su política de pactos como se ha hecho en el resto de Europa, puede verse absorbido por la formación de Abascal. Que por muy contrario al ideario del PP que me pueda considerar, sigo prefiriéndoles que a los extremistas. Estas elecciones se ha creado un monstruo que va a ser muy difícil de combatir.

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