A.L.A.B (All Lions Are Bastards) – Un león llamado Trostki, el felino rojo

Comenzamos este mes con energía, alegría porque…¡¡¡Yo voy a ser rey melón!!! El tema de este mes nos devuelve al lugar emocional del que venimos, a nuestros días de infancia, esos en los que el mundo no presentaba obligaciones sino solo esperanza e ilusiones. Así pues este mes hablamos de películas infantiles.

Como algunos habréis adivinado, he decidido seguir las corrientes del cine comercial, y como Disney, reflotar El rey León para poder sacarle rentabilidad. Al menos a nivel intelectual, que ya bastante desangrado esta Simba por esos peseteros usureros de la nostalgia.

Invito al lector a revisitar El rey león, pero esta vez con ojos de adulto para poder ver cosas nuevas. Quizás entonces veamos despotismo donde antes se veía triunfo y honor, o dudemos acerca de los privilegios adquiridos mediante la fuerza que ostentan los leones. Yendo más allá, animo al lector a revisar la película con ojos críticos y a que se pregunte por qué suceden así los hechos. ¿Acaso no se podría haber conciliado la situación entre Mufasa y Scar sin dañar a menores y terceros? Empezamos ahora nuestra aventura y entramos de lleno en el texto.

Partimos de que el problema de Mufasa es no saber aplacar las demandas de poder de Scar,  satisfaciéndolas otorgándole privilegios de caza o alguna leona para su harem personal. Con una de esas hembras leona fieles al gobierno despótico de Mufasa, Scar habría sido desactivado, erradicado, en silencio y sin derramamiento de sangre alguno.

O sino una buena guardia pretohiena que lo vigilara. Cuidado, pretohiena no. Mejor guardia proleonina, pues las hienas son la plaga en esta historia. Torpes, estúpidas y voraces, como una plaga. Voracidad, por cierto, que surge de su destierro a una tierra lúgubre, yerma, insalubre y pobre en recursos en la que habitan hacinadas. Los leones las condenan a su propia inmundicia. No extraña así que en cuanto aparecen los cantos de sirena las hienas accedan sin dudarlo al pacto: “Apoyadme y jamás volveréis a pasar hambre” grita Scar desde su trono mientras arenga a las hienas que desfilan para él. Como pueblo son engañadas por un político que les promete el paraíso. ¿Nos suena verdad? Las hienas entonces serán su brazo ejecutor mientras Scar se queda en las sombras acechando y esperando la oportunidad de lograr el trono, como acecha la sombra de Mufasa en vida.

Es extraño que las hienas se dejen engañar así ya que son presentadas bajo una organización autárquica. Las hienas no creen en el poder derivado de la sangre que hereda uno, sino que por el contrario, se organizan de forma marcial bajo la ley del más fuerte, la ley del asesino. Misma ley en la que se apoya Mufasa, pues no olvidemos que son dos leones macho compitiendo por un mismo trono, territorio y harem. Y sin embargo no nos molesta que esta misma actitud de soberbia autoritaria, prepotencia y superioridad moral provenga de Mufasa si esta está camuflada bajo un código aparentemente apoyado en la ética, y una magnanimidad ejercida desde su posición de poder, o dicho de otra forma, migajas de consolación para los rivales derrotados e impotentes.

El verdadero problema que deja entrever la película es la existencia de una burocracia avícola parásita e incompetente que permite primero la huida de Simba y Nala hacia el cementerio de elefantes en el cual habitan las hienas, comprometiendo seriamente la estirpe leonina, y demostrando de nuevo su inutilidad por segunda vez al tratar de prevenir la muerte de Mufasa en el desfiladero.

Pero espera, porque hemos olvidado a las hienas demasiado pronto. ¿Me estás diciendo que tenemos un cuerpo revolucionario disciplinarmente organizado y cohesionado, fuerte, que supera en número a la monarquía hereditaria y acomodada en el poder, y resulta encima que son los malos? Scar, recordemos, se apoya en el campesinado hienil para lograr su golpe de Estado y así alcanzar el poder. O bien lo que denomino golpe de estado y campesinado hienil es la liberación de un feudalismo rancio y clasista consolidado en el poder mediante la fuerza, la represión y la tradición como excusa.

Los medios de comunicación proleoninos nos han hecho un lavado de cerebro bestial haciéndonos concebir a las hienas como los peligrosos y los enfermos, forzados a habitar una zona pobre de recursos mientras una aristocracia latifundista hereditaria saca beneficio de enormes extensiones de tierra apoyados en la tradición y un “equilibrio natural” en el cual casualmente están ellos a la cabeza. Recordemos además que hienas y leones se alimentan de la misma carne. Entonces ¿malvadas gitahienas de tez oscura que atacan a la población leonacanela que defiende el natural, y por ello resignador, ciclo de la vida?

A cambio, se habla poco de la exclusión social de los carroñeros, la falta de salubridad de los pequeños mamíferos que se ven obligados a comer gusanos o del golpe de estado encubierto que seguramente legitimó a Mufasa en su momento. ¿Ley del 1er hombre o primogénito leonino?

Un día las hienas tomarán conciencia de clase-especie y derrocarán a los leones, comenzando la dictadura del hienariado. Mientras tanto siguen riendo: riendo por la leyenda negra que pesa sobre sus cabezas; riendo porque saben que están abajo y representan la amenaza. Riendo, a fin de cuentas, porque de por sí ellas son libres en su fracaso y es Scar quien las necesita. Su risa retumba en los cañones, en las cuevas y en la sabana porque frente a un rugido de represión siempre surgen mil risas enérgicas de rebeldía.

  1. D.: Este juego de imaginación y aventura intelectual no habría sido posible sin la inestimable ayuda de Miguel Bravo (un ole por él), la pertinencia en las ideas de Lorena López y el genio del siempre querido Esquizo von Basstardson. Este texto es tan vuestro como mío. Gracias.

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