Las Brigadas Internacionales Parte II: Albacete y la organización logística – Mikel Larrinaga Ortiz

La llegada de las Brigadas Internacionales, si bien fue bien acogida por el conjunto de la población, no lo fue tanto por los anarquistas; estos veían en ellos la mano de los comunistas, lo que supondría un retroceso de su influencia. Tampoco fue especialmente bien recibido por Largo Caballero, socialista y por entonces primer ministro de la república, el cual se mostró siempre reacio a su llegada. A pesar de ello la Komintern continuó el reclutamiento y constitución de las brigadas, de manera que los primeros voluntarios llegaron a Albacete el 13 de octubre. Curiosamente, el gobierno solo aprobaría de manera oficial su constitución unos días después, el 22 de ese mismo mes. Parece que Largo Caballero acabo aceptando la presencia de las Brigadas para no dificultar la llegada de las armas rusas que tanto necesitaba la República.

Por curioso que pueda parecer, la organización de estas brigadas tuvo lugar en la ciudad de Albacete. Según Manuel Requena Gallego, los posibles motivos para la elección de Albacete son los siguientes: era una ciudad en la que los anarquistas no tenían una fuerte presencia, lo que evitaría conflictos innecesarios entre ambos grupos; estaba alejada de los frentes de guerra y, por el contrario, su posición era cercana a la de los puertos de Alicante y Cartagena desde donde llegaban buena parte de los soldados y suministros; además de ser una zona de elevada producción agrícola, lo que facilitaba el abastecimiento. Para mediados de octubre ya existe una importante presencia de brigadistas en la ciudad y con el objetivo de alojar a los voluntarios se incautaron varios edificios de la ciudad.

Ante la nueva situación se hacía imperante cubrir las múltiples necesidades de los brigadistas, y al mismo tiempo, dotarles de una estructura militar que fuese operativa en combate. Se debía constituir un aparato administrativo que permitiese identificar a los brigadistas, proporcionarles documentos de identidad, recoger el número de muertos y heridos, etc. Así mismo, era necesario suminístrales vestimenta, equiparlos, y por supuesto, alimentarlos. Para ello se constituyeron almacenes desde donde se distribuían los alimentos a los brigadistas, y otros para la ropa. También se crearon secciones de este tipo en aquellos pueblos de alrededor en los que también se habían instalado grupos de brigadistas.

Los primeros batallones que se incorporaron a la lucha se dieron pronto cuenta del déficit en servicio sanitario, que incrementó tremendamente el número de bajas durante los primeros combates de noviembre. Se encargó la organización del mismo a los doctores Pierre Rouqués, Kalmanovith y Neumann. Se crearon también aparatos de censura, para controlar el correo que los brigadistas enviaban a sus familias, asegurándose de que no se revelase información de importancia. Junto con ello se puso en funcionamiento un servicio de propaganda, destinado a impulsar la moral de los combatientes y a uniformizar las directrices ideológicas, tan variadas entre los integrantes de las brigadas.

El Estado Mayor de las Brigadas Internacionales fue compuesto por comunistas, muchos de ellos con amplia experiencia militar y política. El comandante en jefe fue André Marty, junto con el que colaboraron Jean-Marie Geoffrey, Vital Gayman, Kebler, Blanco, Luigi Longo y Nicoletti di Vittorio. Los problemas para dotar a los voluntarios de una instrucción militar eficiente fueron múltiples. En primer lugar debido a la gran diversidad de idiomas y mentalidades se produjeron tremendos problemas a la hora de crear batallones compactos en las que las órdenes pudiesen ser transmitidas con una mínima facilidad. La instrucción de los primeros cuerpos fue bastante deficiente debido a la necesidad de enviarlos con velocidad al frente de combate. Su preparación militar era escasa, lo que llevó a invertir muchas horas en su formación teórica y enseñanza del uso del armamento, además del adoctrinamiento político.  De todos los países de los que llegaron grupos importantes de combatientes solo en Francia habían cumplido el servicio militar obligatorio. También hubo problemas a la hora de escoger a los mandos, que fueron seleccionados en función de su experiencia militar, mientras que muchos de los voluntarios pedían que estos fuesen elegidos por la propia tropa. En total se constituyeron 5 brigadas, cuya enumeración iban de la XI a la XV.

Bibliografía

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R.CELADA, Antonio; PASTOR GARCÍA, Daniel; LOPEZ ALONSO, ROSA M. Las Brigadas Internacionales: 70 años de memoria histórica. Salamanca, Amarú, 2007.

REQUENA GALLEGO, Manuel; SEPÚLVEDA LOSA, Rosa María (coord). Las brigadas internacionales. El contexto internacional, los medios de propaganda, literatura y memorias. Madrid: Universidad de Castilla-La Mancha, 2003.

REQUENA GALLEGO, Manuel. “Albacete, base de reclutamiento e instrucción de las Brigadas Internacionales”. Al-Basit: Revista de estudios albacetenses, 1996, no 1, p. 63-84.

VIDAL, César. Las Brigadas Internacionales. España, Espasa, 1999.

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