Dibujitos sencillos, dibujitos profundos -Zule

Amo las pelis infantiles, hasta el punto de que por lo general solo voy al cine a ver películas de autor o para niños (aunque a veces me lían y me trago otras mierdas). Me gusta pensar que a la gente le sorprende esta extraña combinación. Sin embargo, creo que quienes realmente me conocen saben que tras la sorpresa inicial, el combo pega mucho con mi contradictorio carácter: a caballo entre la seriedad filosófica, la cacharrería audiovisual, el terapéutico juego artístico y el infantilismo del clown, todo ello macerado en ácido vinagre de vino (o de lúpulo). Por eso denuncio siempre esa preconcepción: las películas infantiles son una cosa tremendamente seria y filosófica.

En las películas infantiles se condensan los valores esenciales de la sociedad, aquellos que esta considera indispensables para la infancia y para los buenos ciudadanos. Señalan el civismo, las virtudes apreciadas por la sociedad presente, valores que no siempre están ya implantados de forma hegemónica. Sin embargo, esperanzadamente, esperamos que las generaciones futuras los eleven como hegemónicos, y en pro de esa hegemonización, lavamos la cabeza  a la infancia con películas de dibujitos que intentan reflejar lo mejor de nosotrxs (aunque los años pasarán y juzgarán nuestras virtudes como errores garrafales, inmoralidades responsables de lo peor del mundo futuro). Las películas infantiles, por tanto, son importantes en varios sentidos: como indicativo de los valores hegemónicos de una sociedad, pero también como indicativo de sus esperanzas de futuro (sus deseos y utopías) y por supuesto como herramienta pedagógica para la enculturación.

Por ello «Big Hero 6» es una película plagada de educación vial y sociosanitaria. Su trama está rociada con pequeñas cápsulas de valores (“abróchate el cinturón”, “come sano”, “haz deporte”), hábitos esenciales en nuestra vida cotidiana que no solían trabajarse fuera de aburridas clases y charlas. Antes no eran lo bastante importantes para aparecer en las películas (la gente no intentaba cuidar la dieta ni tenía ningún tipo de precaución al volante). Ahora, los encontramos insertados en esta entrañable historia porque son valores hegemónicos. También lo es el marco científico. Junto a «Descubriendo a los Robinsons» (entre otras), la película fomenta el aprendizaje científico como constructor de utopías y fantasías. La sociedad tecno-industrial contemporánea, tan universitaria y científica, pretende así romper los clásicos estereotipos negativos del empollón para potenciar una sociedad en la que la ciencia tenga mayor peso. Porque la mayoría de la gente que habita las sociedades a las que estas películas van dirigidas no realiza trabajos físicos: la mayoría de la población trabaja con la mente, luego ya no hay que ser rudo, sino inteligente y sociable.

La inteligencia emocional probablemente nunca se haya trabajado tan bien como en la aun relativamente joven «Inside Out»/«Desde dentro». Esta es la película con la que Pixar bucea en la construcción de la identidad, en la gestión emocional, en los mecanismos psíquicos y en la importancia de las emociones en el desarrollo humano. Esto es imprescindible para la formación de los niños, dado el desarrollo e influencia actuales de la psicología (su importancia pública). En una sociedad de servicios y comunicación constante es importante saber sobre esto: el mercado demanda personas capaces de conocerse, de conocer, de gestionar emociones, de trabajar bajo presión. Por cierto, no puede pasarnos desapercibido (a mí me lo evidenció una antigua amiga) que en la mente de nuestra protagonista conviven figuras masculinas y femeninas, mientras que en las de sus padres cis-hetero los avatares emocionales son únicamente mono-género. Quizás, partiendo de esto, una secuela adolescente nos hable incluso de cómo el género es algo que se determina culturalmente, y ello significaría (como sabemos que significa) que el discurso del colectivo LGTBIQ+ ha irrumpido con tal fuerza en ciertas esferas de la sociedad que es necesario que aparezca en las películas infantiles, en vista a normalizar algo que aún no ha sido completamente aceptado por la sociedad.

Aquí hablo solo de dos de los muchos ejemplos del desarrollo del lavado cerebral en base a dibujitos, de la enculturación mediante animaciones. En un futuro me gustaría poder hacer una serie de trabajos monográficos sobre estas y algunas otras películas de Disney y Pixar. Hablar de las relaciones sapiens-naturaleza desde «Tarzán» o «El libro de la selva», de diversidad a partir de «Lilo y Stich», de racionalidad y locura con “Alicia en el país de las maravillas”, de política y totalitarismo desde «Bichos» o «Toy Story 3», de libertad con «Brave» o «Dumbo», de etnocentrismo con «Atlantis» o maniqueismo desde «Taron y el caldero Mágico» e incluso de multiculturalismo con «Pesadilla antes de Navidad», de ontología mediante la comparativa entre «Los increíbles” 1 y 2 o existencialismo desde «Peter Pan», «Up» o «Monstruos S.A.». Pero hoy no es ese día. Hoy simplemente intentaremos que la espectaduría de nuestras ideas acepte, a falta de mejores explicaciones, que las películas infantiles son grandes constructoras del mundo en tanto que forman a las mentes del futuro con los valores que deseamos poner en nuestras sociedades, ya sean valores presentes o valores teorizados pero aún sin implantar. Pediremos aceptarlas con respeto, como testimonios de nuestras creencias y nuestras esperanzas. Demandaremos aceptarlas como versiones sencillas y esquemáticas de nuestro mundo, y por tanto, como potenciales contenedores de muchos de los discursos más complejos y abstractos que nuestra sociedad alberga —¿Teoría queer en “Inside Out”? ¿Descentramiento ontológico en “Los increíbles”? ¿Nihilismo en “Peter Pan? ¿Colonialismo en “Pesadilla antes de Navidad”?. De tal manera, quizás no debamos burlarnos de las películas infantiles, sino mirarlas con atención para ver hacia donde camina nuestro mundo; e incluso con un interés modal del discurso, de cara a aprender a simplificar divulgativamente teorías abstractas más complejas.

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