La nueva campaña del consumismo de masas: vender que lo natural tiene que tener etiquetas – Magnitud Verde

¿Desde cuándo lo cultivado en la tierra de la abuela ha pasado a ser ecofriendly? Desde el primer momento en que entramos a un supermercado ya nos encontramos con nuevas secciones que parecen totalmente novedosas y cargadas de buenas intenciones. Pero lo que de verdad hallamos es un nuevo universo de colores y estampados en forma de etiquetas.

En un primer lugar, etiquetar todo aquello, que en teoría es producido de manera natural, como si estuviera producido aposta de esa manera natural puede ser un poco controvertido. Pero utilizar ese cometido como una nueva campaña de marketing es de todo menos alentador. Tenemos que tener en cuenta que cada cierto tiempo las empresas deben renovarse (por aquello de “renovarse o morir”), pero ¿qué tiene de bueno utilizar este método como lavado de cara? Nada, pero funciona.

Así de simple, una empresa que hasta el año pasado sobrepasaba los niveles de contaminación hasta el doble de lo establecido por los indicadores europeos (por mostrar un ejemplo en territorio conocido), a día de hoy puede ser una de las más populares por su “nueva orientación ética y compromiso ecofriendly”. Este lavado de cara, que estamos presenciando actualmente por un gran número de empresas, solo se trata de otra estrategia de marketing para ganar puntos en la bolsa o superar las ventas del trimestre anterior. Y lo peor de todo es que nosotros, los consumidores, los que tenemos la última palabra, los creemos. Pero ¿cuántas de todas ellas, han conseguido comprender el importante papel que tienen en el medio ambiente?

Aun así, lo que más me asombra es ver que poco interés se pone en las nuevas campañas publicitarias sobre la “nueva ética” cuando se trata de medio ambiente, y sin embargo, cuando se refiere a la mano de obra, la cual puede salir perjudicada, se crea una ebullición social sin precedentes. Es decir, que cuidar del capital humano es imprescindible para la supervivencia de una empresa, ¿pero por qué no se le da la misma importancia a los bienes materiales cuando sabemos que son totalmente finitos?

La controversia que generalizó una empresa de reconocido nombre a raíz de la cantidad de despidos llegó a todas las provincias del país. Sin embargo, hasta el 2019, nadie ha tenido en cuenta la cantidad de contaminación que producía dicha empresa. Es decir, ¿de verdad hemos llegado a tal nivel de etnocentrismo que todo lo que no seamos nosotros mismos nos es prescindible?

Por eso me sorprende esta nueva tanda de marketing protagonizada por el bombardeo (porque no tiene otra palabra) de etiquetado, como si la cantidad de etiquetas fuera directamente proporcional a la “valía” de ese producto.

Por ejemplo, ir ahora a la compra implica tener un mínimo nivel de conocimiento acerca de este etiquetado. Lo que me lleva a la siguiente idea: ¿desde cuándo una empresa obliga a los consumidores a aprenderse la jerga que han diseñado, en lugar de simplificar lo que ya existía? Parece que hubiéramos perdido el norte y navegáramos a ciegas sin poder desglosar los diferentes aspectos que engloba la palabra medio ambiente.

¿Qué aliciente necesitan las personas para desatar esa venda que llevamos en los ojos? ¿Cuánto tiempo tenemos que esperar para que las empresas sean realmente conscientes de que sin recursos no hay productos? Todas estas preguntas se escapan de mi mente cada vez que sale en los medios alguna nueva campaña publicitaria. Porque como a mí y a cientos de personas, no nos engañan, pero ¿qué pasa con el resto de la población que no encuentra esta otra cara de la moneda? Ya sea por ignorancia seleccionada o por la escasez de recursos de entendimiento, esta parte de la población se queda expuesta al torbellino de marketing que han planificado aquellas personas que ahora se bañan en montañas de dinero logradas a partir de nuestros sueldos.

Que glorioso tiene que ser bañarse en semejante cantidad de dinero, pero ¿con que se bañarán cuando talen el último árbol?, ¿con que agua llenaran sus bañeras cuando la última gota sea gastada? Cuantas situaciones inverosímiles se manejan actualmente y con qué sátira somos capaces de escucharlas. Parece como si viviéramos en frente de una pantalla de televisión, estando la actual situación del planeta dentro del mismo, y nosotros fuera, como si no nos fuese a afectar.

A salvo. A salvo de una realidad que deja muy pocas esperanzas, una realidad que plantea una situación muy desalentadora. Mientras nosotros sigamos bailando al son de las empresas mercantilizadoras de lo ecofriendly, pero sin una buena base ética medio ambiental, no tendremos una marcha atrás posible. Vamos de cabeza a un callejón…

…sin salida, cuesta abajo y sin freno.

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