Poema a una Cataluña en llamas- Zule

Ya no me importan las banderas,
ni la respulsión que me genera todo manto distinto al cielo nocturno cuando me arropa con un círculo blanco de esperanza.
Ya no me importan las burguesías pistoleristas,
las cuentas bancarias que históricamente ametrallaron a los de mi estirpe en las calles de la flor roja de Engels,
ni tampoco si usaron la indignación de todas esas compañeras que,
solo allí y casi en ningún otro sitio,
encontraron motivos para mantener una lucha que empezamos todas juntas soleando nuestras plazas,
y como siempre cuando hay lucha,
el alba evoluciona a un crepúsculo
de cárcel, hostias y fuego.

Viven ahora,
como vivimos nosotras,
pero con más clavos,
la quijotesca derrota de los mártires de la historia,
que levantan sus puños para luchar contra el dragón,
aquel qué segun nos cuenta la vida política,
solo parecen derrotar los caballeros de los cuentos.

Ahumadas en el gas del contenedor-escudero,
luchan por una libertad que no es la mía,
pero que anhela ser libre,
y en eso se hace mía:
pues la lucha solo es una,
la de la felicidad,
aunque todxs lo olvidemos demasiadas veces.

La felicidad es imposible cuando la balanza se equilibra en injusticia,
en venganza,
en sentencias,
en miedo,
en la eterna prohibición de exalar una consigna
que se quiebra con la porra de un madero con carcoma.
No me importa ya que esa esperanza quebrase en el alzheimer todos los sueños sociales,
porque el alzheimer ayuda a elegir un líder que alza el trapo, más nunca da mantas.
Omito que me importe que las banderas asfixiasen a los pobres,
y ocultasen sus problemas,
alquitranando todo lo que no fuesen trapitos.

Ya no me importa que todo este enviciado juego
nació para que una minoría de ricachones defendiese sus intereses,
ni que la revolución estelada,
tuviese luces, zancudos y altavoces de teleshow,
regalos de ricos pa sobrellevar la lucha.
Ni siquiera me importa que el lobo se vistiese de cordero,
y que dijese que los gatos somos lobos,
y que los felinos lanudos tuviésemos que explicar,
cada vez que veían que éramos gatos,
que creíamos en la libertad de decidir de cada cordero,
porque sino éramos lobos, pese a versenos la lana.

Casi no me importa el rechazo hacia los otros,
ni el señalar que todos los que no son yo son malos,
vagos
y maleantes,
porque incluso cuando el fuego abrasador es prendido en mis calles,
el sur es quién subió a prender nuestros suelos,
y no la legítima ira contenida de quienes sufren la derrota.
Cuando para afirmarme otro me tengo que hacer mejor,
todo lo otro es mierda,
y la mierda,
incluso si no huele,
siempre es culpa de otros.

Me importa una mierda el concepto de nación,
porque a mí solo me interesan las diversas culturas conviviendo en su diversidad.
Me importa la gente que sufre,
la gente que no puede ser lo que es,
aquellas personas que viven esclavas del pasado,
de la historia,
de todas sus cicatrices,
que laten y supuran,
aunque no queramos verlas.
Y ojo, esto es algo muy importante:
la identidad es clave de la felicidad,
y no hay presa que frene sus aguas.

Me importan las astillas hincadas en las encías que quieren decir basta,
la sombra de los barrotes sobre quienes dicen basta,
la violencia contra quienes no creen en la violencia,
y por eso dicen basta,
con las manos levantas.
Me importa que negar al dios de la paz trae al dios de la guerra,
que el fuego se aumenta si le echas gasolina,
y qué la gente se embrutece si la tratan como a bestias.
Me importa que ya no se pueda hablar,
qué decir las cosas con paz calmada sea un delito que te lleva a la trena,
y que ya da igual si te gustan o no los trapos,
o si eres gato
o cordero
o hipopótamo
o antílope,
qué si quieres decir basta,
o te coses la boca
o vas al calabozo.

Me importa que las cabezonerías de unos y de otros no hacen sino crear una guerra,
dónde por familia se que nunca hubo trifulcas.
Me importa que las dos garrotas en eterna pelea
se conviertan en cuatro bestias que se devoran las unas a las otras.
Qué las hermanas muerdan a las hermanas,
y que las locas se vistan al final siempre de cuerdas,
sea con uno o con otro trapo,
siempre al final mandan los ricos.
Me importa que aquí ya no queda espacio para decir basta,
pero basta hay que decir a un gobierno autoritario,
y que no podrán callarnos,
aunque quieran ponernos su mordaza en la boca.

__________________________
Por los presos políticos,
contra la represión,
y a favor del imprescindible referéndum y la necesaria admistía,
porque solo con gestos maduros, de adulto,
podremos resolver esta pelea de niños enfadados y caprichosos,
que corre el riesgo de traernos un cisma violento e insalvable.

 

Zule,

madrileño orgulloso

con raíces catalanas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s