Superando la democracia – El Niño detrás de las barbas

La propuesta de César Hidalgo deja muchas incógnitas y una idea muy clara: es una opción que aún está muy lejos de siquiera poder ser implementada. Para poder seguir bien el artículo os recomiendo ver el vídeo arriba adjunto, no obstante, os haré un pequeño resumen de su propuesta. En esencia esta pasa por configurar una especie de software que asigne a cada ciudadano un avatar propio, que en base a una serie de cuestionarios y de algoritmos asociados a las redes sociales tomen decisiones políticas, es decir, voten las leyes. De esta manera se sustituiría a ese engorroso intermediario que toda la sociedad detesta, al político. Cada uno podría decidir el nivel de gestión que hace de su avatar (si es más directo o si lo deja en algo así como en piloto automático). Carezco de los conocimientos informáticos para acercarme a valorar las posibilidades reales de implementar este sistema y mucho menos para  evaluar si una interfaz es capaz de actuar de manera representativa respecto a nuestros intereses. Por eso, en este texto voy a desarrollar otra vía: supongamos que este sistema es implementable y que funciona bien, que realmente nuestro avatar es representativo de nuestro posicionamiento ideológico ¿Serviría para resolver la crisis de las democracias?

Tiene una ventaja muy evidente. Los políticos, esos cuellos de botella en los que reside la voluntad popular son, tal y como dice Hidalgo, el eslabón débil, el punto al que poder atacar para pervertir el sistema. Son humanos, y por ello existe un alto riesgo de que se muevan por sus propios intereses (las puertas giratorias son un buen ejemplo de ello). Aunque no siempre tienen porque movilizarse por un afán de lucro propio, esas presiones pueden ir en muchas direcciones. Pueden estar asociadas al interés del partido o a su financiación, o incluso a cuestiones de interés nacional (el gobierno tuvo que claudicar ante la venta de armas a Arabia Saudí con tal de no perjudicar a la industria naval). Si esas decisiones se toman de manera colectiva no existe ese eslabón débil, no se puede corromper ni presionar al individuo: el sistema no puede transgiversarse por ahí. 

¿Quiere esto decir que no van a poder ejercerse presiones? En absoluto, estas seguirán ahí pero cambiarán en forma y dirección. Ya no tendrán la forma de presiones directas sino que se hará un aún mayor uso de los medios para forzar o fomentar las ideas que interesen. En ese sentido el problema de la sobreinformación va a seguir ahí, y quizás incluso sea más grave: al no  existir filtros entre las personas y las decisiones políticas finales el convencer a la población adquirirá todavía una mayor importancia. Los datos manipulados, el uso de las redes sociales para fomentar bulos e ideas falsas; todas esas cuestiones seguirán al orden del día y va a resultar muy difícil combatirlas. Los medios de comunicación adquirirían por tanto una dimensión de vital importancia. El cuarto poder tendría la llave para convencer e inclinar la balanza hacia donde interese, y estos medios están en manos de grandes empresarios y multinacionales que defenderán sus propios intereses.  A ello hay que añadir el papel que ya están jugando las redes sociales. La difusión de datos falsos y el uso de bots para acercar la publicidad “adecuada” al usuario indicado. En ese sentido el papel de la educación seguirá siendo trascendental, una educación que de una vez por todas tendría que estar menos enfocada hacia la memorización y más hacia una actitud crítica hacia nuestro entorno y la gestión de la información que nos rodea. 

Todo ello nos lleva al último punto ¿la ausencia de políticos nos llevaría necesariamente a una mejor toma de decisiones? Algunos de los últimos referéndums nos hacen como mínimo dudar de ello. Estoy pensando en el BREXIT o en Colombia, donde la población votó en contra del proceso de paz con las FARC (esto es, en contra de un proceso por la paz del país) y fue la posterior voluntad política del ex presidente la que acabó por ratificar el acuerdo. En esta ocasión fue ese cuello de botella lo que aplicó una decisión a todas luces lógica, la de desbaratar un conflicto bélico, mientras que la voluntad popular (muy influida por las noticias falsas) falló en contra. Porque por muy nefastos que sean en buena parte de las ocasiones, los políticos no dejan de ser “profesionales de la política”: viven de ello y por tanto manejan más información que el ciudadano medio. No debemos subestimar nuestra irresponsabilidad hacia ciertas cuestiones, asociada en buena medida a nuestro desconocimiento, ya sea por desinterés o por la imposibilidad de controlar sobre todos los temas. Así que esos bots podrán votar en función de la voluntad conjunta, pero habría que ver si esas decisiones desinformadas no acaban llevándonos a un completo descontrol. Antes de instaurar un sistema así debemos lograr una población mucho más concienciada, con mayor capacidad de razonar y desarrollar su punto de vista, con una alta conciencia de la importancia de participar en las decisiones conjuntas y, en definitiva, una sociedad crítica. En ese proceso todos colaboramos, no solo en el ámbito educativo, sino en nuestros hogares y en la calle. Pensemos y discutamos sobre el mundo que nos rodea y quizás logremos cambiarlo para mejor. 

 

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