Si nadie piensa en los niños, que al menos alguien piense en el papel – Valientín, el político honrado

Recibir una carta a muchos nos alegra. Ya nadie manda cartas, en parte porque ya no hace falta. Así pasa luego, las pocas que recibimos las guardamos como tesoros mágicos, modos y maneras de otra generación que ya no existen. De ahí su exotismo, fruto de su muerte anunciada.

Yo las mías, ojocuidao, alguna de mi primera novia y otra de mi madre las guardo en mi caja negra de las cosas importantes, de las cosas especiales, pequeñas y únicas, que como trofeos y joyas están seguras y a buen recaudo escondidas dentro de mi cueva. Y si, la caja es tanto negra por la seguridad como por el color azabache del cartón, dos de dos.

Como decía, a todos nos alegra recibir una carta salvo que esta sea, lo siento, propaganda política. ¡Por Dios, si da más alegría abrir una factura! Con estas al menos puedes entender por qué pagas tanto, como tiras tu dinero y de qué manera puedes tratar de prevenirlo. Quieras que no la solución ahí queda, al menos son útiles. Pero una carta de propaganda política no, no es útil para nada.

Sucede así que recibo un día una carta de propagando política y al final me veo como un torero, matador, que enfrenta al Miura con la mirada. Decido romper el sobre y saco el panfleto. Comienzo entonces a sufrir, a sudar y a leer. 

Empieza el sermón, y lo primero que leo es un querido y estimado, como si realmente apreciaran a sus votantes. Ay, tonto de mí. A veces se me olvidan esos oscuros gabinetes de comunicación que examinan y dirigen milimétricamente la imagen que da el partido de puertas para afuera. Si por mí fuera no habría problema en que me saludasen con un ey bro o un ¿qué tal tío? ¿Cómo estás?, hay confianza (realmente no). Es oír estimado y, mientras que en el DNI me suman 12 años, en la cabeza me aparecen 4 canas. Así, de golpe. Envejecimiento instantáneo.

Embarrado como ya estaba no me quedó más remedio que aceptar lo que se me venía encima y zambullirme de cabeza, intentando de corazón y pacientemente creerme todo lo que decía la carta. Al menos intentarlo. 

A ratos interesante, la carta seguía acunándome con sus delicias: estabilidad laboral, seguridad, menor cantidad de impuestos, un futuro crítico e ideal casualmente liderado por ellos…La carta seguía y seguía, mostrándome maravillas tan al alcance de la mano que más de uno se extrañaría preguntándose por qué no se había logrado antes. Conforme la leía, sin embargo, comenzaba a sentir una sensación extraña que aumentaba según iba descubriendo el potencial secreto que tiene España dentro de sí. Lo que leía eran actitudes políticas y propuestas sí, pero genéricas y además escuetas, como si buscasen decir de forma velada: “me mojo, pero no del todo, que aquí se trata de rascar votantes y no de perderlos”. Dime una mentira y de paso regálame una carta. Yo, por si acaso, he guardado todas las mías a ver si un día recibo el álbum de cromos completo.

Cromos aparte, por fin estaba terminando la carta y en el cuerpo tenía una sensación de euforia. ¡Sí!¡Joder! ¡Así si, coño! No solo había logrado sobrevivir al envite de este Victorino político, sino que ahora mi aburrimiento se había transformado en euforia, energía pura. Me sentía con ganas, y no sabía bien si salir de fiesta para divertirme o votar a un partido político. Creo que por fin he entendido lo de la fiesta de la democracia (fiesta sana, sin drogas Albert). En esta situación todavía quedaba algo que no entendía: a ver, ¿si las ideas son tan buenas y es tan sencillo aplicarlas por qué no lo están haciendo ya? Creámonos sus bellas mentiras, al menos la primera, juguemos, descubramos el engaño y aprendamos del error. Y eso hice, pero no esta vez. Tranquilo, millenial que me lees preocupado, no te asustes: no son las primeras elecciones en las que voto y de sobra desconfío del teatrillo al que nos llevan cada 4 años. 

Escucho al fondo a dos decir: “El país está muy mal y depende de los políticos arreglarlo, el día que me den trabajo les votaré”. Le responden: “En esos casos depende ya de cada uno conseguir trabajo”. Y yo no lo entiendo: el SEPE justifica derrochar presupuestos, y las políticas de flexibilización del despido (con sus infrajobs asociados) se aprueban solas. Para algunas cosas si, y para otras nos dejan amablemente de lado. Que alguien me lo explique que sigo sin entenderlo. Hoy, en directo, política de bar desde la barra de un bar.

Menudo rodeo, y todavía yo me pregunto (otra vez, sí): ¿Una carta para qué? Mi generación ya no envía cartas. Cotilleamos por Instagram, y leemos noticias por los canales de Telegram. ¿No notáis como respira nuestra generación? El futuro pinta más vegano, de la mano de una generación más concienciada con la comunidad biológica que le rodea, sean animales o plantas. ¿Y tratas de simpatizar con nosotros con un gasto desmedido e innecesario de papel? Cariño, empezamos mal.

Propaganda electoral, octavillas para votarda igual ya que el efecto es el mismo. Personalmente creo que un gesto así demuestra irresponsabilidad a la vez que nos recuerda nuestra obligación de vigilar de cerca a estos políticos y no fiarnos. Simplemente por el cargo deberían dar ejemplo, dice la teoría, aunque también los ídolos de masas deberían darlo pero no es el caso. En síntesis: una acción totalmente prescindible y que ejemplifica el gasto a toda costa con tal de garantizar una victoria. Política de guerra: da igual el costo con tal de garantizar el éxito del plan, de su plan.

¿Que nos queda pedir, si no rogar, entonces a una clase política que mira por sus intereses pero hace caso omiso de los nuestros? Unos políticos insisto, que reinan en su esfera de cristal  mientras que nosotros nos derretimos como ídolos de barro en nuestro vertedero, vertedero de presente y futuro que cada día nos avoca más a nuestra autodestrucción. El futuro parece dar igual en esta carrera masoquista a corto plazo, y si ya nadie piensa en el futuro que quedará, en lo que está por venir, en cómo enseñar a los futuros líderes que aún deben llegar, ahora niños, entonces solo puedo esbozar una sonrisa hipócrita, rabiar y parafrasear un lamento: “Si nadie piensa en los niños, que al menos alguien piense en el papel”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s