Oligarquía Digital – Dr. Nicolás Riviera

Son interesantes algunos de los cambios a los que el mundo se ha visto sometido en los últimos 200 años. En ese periodo, las tecnologías han evolucionado de una manera exponencial con respecto a los periodos anteriores. No solo han evolucionado, sino que también se han creado nuevos dispositivos que nos hacen nuestras vidas más fáciles. Uno de ellos es sin duda Internet, que desde su aparición a nivel global en los años 90 ha revolucionado la forma que teníamos de ver y usar muchos conceptos. Y aún puede revolucionar muchos más campos de los que creemos. Uno de los aspectos que ha cambiado con la aparición de Internet (y con la nueva proliferación de medios digitales y de redes sociales) ha sido la política. Ningún partido está fuera de ello. Tampoco ningún político. Nadie “de relevancia” parece vivir ya fuera del paraguas de las rrss. Twitter, Facebook, Instagram, las aplicaciones de mensajería instantánea… en todos ellos la política parece estar metida de lleno. Las comunicaciones avanzan, las formas de hacerlo también, así ¿porque no iban a hacerlo los políticos? Y más aún, ¿por qué no la Política?

Es aquí donde entraría el concepto de Democracia Digital. Es decir, que mediante aplicaciones online, nosotros podamos tener la posibilidad de ser capaces de decidir en los asuntos políticos que nos atañen, como si fuésemos un miembro más del congreso. Esto podría acabar con los problemas de un sistema de democracia representativa que no terminar de resultar satisfactorio, y que parece que no somos capaces de refinar para llevarlo un poco más allá. Así, con este sistema revolucionario, y las capacidades de aprendizaje cada vez mayores de estas aplicaciones (no hay nada más que ver Youtube y los algoritmos que seleccionan los vídeos de nuestra portada) habría un momento en el que podríamos dejar que la maquina tomara decisiones por nosotros, basados en nuestras ideologías particulares (pocas personas comparten al 100%  los ideales de un partido político). Así pues, quizás poco después de haber “recuperado” la democracia de manos de los políticos, podríamos “perderla” a manos de las maquinas. O como bien dijo Kubrick “How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb[1], aunque por supuesto, la traducción al español fuese bastante más chapucera.

Sin entrar en los posibles errores que pudiesen cometer esas aplicaciones (que sin duda podrían ser pulidos con el tiempo en base a operaciones de ensayo/error hasta eliminarlos por completo) o en la posibles manipulaciones de la seguridad de dichas apps (que seguramente sean inexpugnables, teniendo en cuenta su importancia), yo me centraría en un detalle que puede que se les escape: quizás este sistema no sea tan democrático como piensan algunos.

Desde luego, desde un punto de vista de una persona del primer mundo, y además de clase media, el sistema es perfecto. Permite que yo pueda involucrarme en política durante el tiempo libre que disfruto, y en caso de que no pueda hacerlo, tendré a un asistente político virtual que podría hacerlo por mí. Miel sobre hojuelas. Pero, ¿pasaría lo mismo si soy una persona que vive en un país menos favorecido? O sin irnos a un ejemplo tan complicado ¿Pensaría lo mismo si en vez de ser un ciudadano de clase media de España, fuese un ciudadano español en unas condiciones más desfavorables? ¿Qué pasa si mi jornada laboral es interminable? ¿Qué ocurriría si mis ingresos tuvieran que hacerme decidir entre comer o pagar una línea de Internet? ¿En qué punto ese sistema de democracia digital se convertiría en una oligarquía digital, en la que solo una serie de personas con unos requisitos económicos pudiesen ejercer su derecho al voto? Quizás este sistema haya sido pensando para eso mismo. Para devolver el poder (ya hasta en su expresión más primigenia, como es el voto en la democracia) a las clases más pudientes. De hecho, ¿Cuánto podría tardar esa aplicación en exigir una suscripción mensual, como si fuese una página de streaming? ¿Podría haber diferentes paquetes de democracia en función del precio que pagues por el servicio? ¿Se podrían generar grupos de 5 personas comprando cuentas “premium” para abaratar el precio?

Son muchas las preguntas que me genera esta propuesta de Democracia Digital, ninguna de ellas relacionadas con su uso o su seguridad, si no con sus intereses. Quizás todavía haya que darle un par de vueltas al asunto, hacer su enfoque un poco menos de clase media en adelante, e intentar hacerlo más transversal. La idea está ahí, solo hay que seguir puliéndola. Mientras tanto, tendremos que seguir empleando un domingo cada 4 años para elegir a alguien que nos represente…Dios, esperemos que no tarden demasiado en pulirla.

[1]Es parte del título original de la película “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú”, dirigida por Stanley Kubrik en 1964

Un comentario

  1. Muy interesante el término Democracia Digital en lo que anotas ¿En qué punto ese sistema de democracia digital se convertiría en una oligarquía digital, en la que solo una serie de personas con unos requisitos económicos pudiesen ejercer su derecho al voto? Dónde ubicas la pluralidad de pensamiento y la agenda de la Sociedad Red de Castell?

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