A propósito de algunos problemas del 1 er mundo: precariedad laboral, feminismo, postureo instagramero y demás falsos fantasmas – Una tarde de domingo

Voy a partir de la siguiente frase:

Una sociedad en crisis, sin perspectivas de superarla, tenía que crear sus propios fantasmas y luchar contra ellos

Y pienso durante unos segundos. Dicen que las derrotas son amargas, o al menos así es como deberían ser. Sin embargo, pasa que la épica y la estética de esa idea son un mal consuelo. Las derrotas no amargan sino que destrozan, derriban y destruyen. Las derrotas son sádicas y tienen pleno derecho a serlo. Y aun así intentamos desarmarlas, por despecho o por derecho, buscando que no duelan tanto. Es una cuestión de fuerza: necesitamos enemigos a nuestra medida, no potencias difusas, sino rivales de carne y hueso que puedan caer y fallar como lo hacemos nosotros. No me extrañaría que por esta falibilidad condescendiente los dioses tengan forma humana.

Elegimos a nuestros iguales y los deformamos en nuestra cabeza, volviéndolos aborrecibles y volviéndonos mezquinos al hacerlo.  Ese que tenemos enfrente, el extraño como otro, el contrario, el opuesto o el diferente, o sin ir más lejos, el coetáneo que nos obliga a colocarnos frente a frente, cualquiera vale como receptáculo de nuestro veneno y nuestro odio, alguien en quien se ve algo distinto y aborrecible. Debemos estar agradecidos a estos judas, su muerte sirve para que podamos coger aire y respirar. Insisto, el enemigo debe ser derrotable. Debe serlo, y solo entonces gracias a su muerte conseguimos la esperanza que necesitamos día a día para seguir adelante.

¿A costa de quedarnos huérfanos? Sí, así es como creamos nuestros fantasmas, matando a los demás, partiéndonos por dos y desangrándonos sin fuerza. ¿Y para qué? ¿Y si la promesa  acerca del futuro no era verdad? ¿Y si el día aquel en que lo prometido llegará nunca llega y vivimos soñando el horizonte? No. No miremos tan lejos y miremos más acá, contemplemos nuestro silencio y nuestra orfandad.

Imagínate que resultase que estos fantasmas son meros anestésicos, de usar y tirar, de fumarse y estorbar. Los enemigos de verdad, no los villanos de cuentos, están más cerca de Ozymandias que de Maléfica. Recordemos el final de la película Watchmen: gracias a un plan perfectamente calculado por Ozymandias, apodado el hombre más inteligente del planeta, se logra que Estados Unidos y Rusia detengan su escalada armamentística para acordar una tregua ante el terror de la bomba nuclear. Gracias al villano y no a los héroes de esta historia. Finalizamos la película con un sabor amargo: sabor producido por ver que nuestros héroes eran un simples guiñoles; sabor amargo que se origina en las millones de muertes que hicieron falta para frenar una majadería gracias a otra igual de terrible;  (para frenar una majadería, haciendo uso de otra) y sabor amargo al descubrir que el final feliz no depende de nosotros sino del malo, que gana lo que quiere y como él quiere.

Salvando las distancias, uno no puede evitar pensar en Hiroshima y Nagasaki, sucesos que sirvieron además de amenazas prepotentes y recordatorios desmesurados frente a los cuales el mundo agachó la cabeza mientras Japón lamía sus heridas. No nos engañemos: imaginar fantasmas solo es jugar a ser malo. Las mayores se matan en silencio y a pecho descubierto.

Si el que lee esto empieza a pensarlo, ya se lo  confirmo yo del todo: este texto es un puro ejercicio masturbartorio y no va a sacar de aquí más que las perlas que yo quiera darle. Mi texto, mis normas. Y me lo follo cuando quiero.

Yo, por desgracia, ya tengo mis normas demasiado aprendidas. Y sin embargo, no estoy dispuesto a pecar de lo que escribo:

Mimado lector y adorado lector, compañero, amigo, hermano, por favor, no pierdas tu tiempo y esfuerzo enfrentándote a falsos fantasmas. Seducen con facilidad sí, y parece fácil derrotarlos, también, pero hacerlo no sirve absolutamente para nada. Yendo más allá, no hay gloria porque no hay batalla posible.

Los verdaderos enemigos, nuestras sanguijuelas, son aquellas que callan, que nos adulan y que nos conducen al malestar en el que habitamos. Mira a tu alrededor. Calla, y da unos pasos para atrás. En silencio, vuelve a mirar y llora por la estafa. Los demonios, los rivales a batir de verdad se han diluido, se han hecho difusos, nos han hundido en la miseria y nos han quitado la posibilidad de recriminarles. Con los años te darás cuenta de que los arquetipos y los estereotipos son simples fantasías, y que el mundo real juega a ser mucho más mestizo de lo que parecía.

Por favor, aun así no te dejes derrotar. Haz acopio de fuerzas y limpia tus ojos del barro con el que te los mancharon mientras te hacían memorizar fantasmas. Mira el mundo que sangra y llora, date cuenta de en lo que se ha convertido el paraíso y lucha por cambiarlo. No dejes que los árboles te impidan ver el bosque y no malgastes fuerza, que hay mucho por luchar todavía.

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