Detrás de la resaca electoral – El Niño detrás de las barbas

No sé si soy el único, pero he vivido estas elecciones con especial intensidad e incluso diría que con una considerable dosis de congoja. Supongo que es la misma sensación que nos ha movilizado al votante de izquierdas o “progresista”, el miedo. El miedo a la entrada con fuerza de una ultraderecha anclada en nuestro pasado más oscuro, que critica de frente todos los avances sociales de los últimos años. Por eso no puedo evitar contemplar los resultados con una cierta alegría y mucho alivio, sobre todo alivio. He pasado auténtico miedo, no solo porque la derecha iba a estar sustentada en la ultraderecha, sino porque en cuatro años de gobierno podían herir de gravedad el sistema de bienestar español. No obstante, son muchos los oscuros a tener en cuenta y convendría señalarlos de manera adecuada.

Sánchez es el ganador indiscutible, ha sabido sacar rédito de una posición moderada en un momento en el que la derecha ha virado tanto hacia el extremo que en ocasiones resultaba difícil distinguir el discurso de Casado y Abascal. Esto le ha valido al PP su mayor desplome electoral de la historia, retornando a los niveles de Alianza Popular.  La izquierda, pero sobre todo PSOE, ha sabido aprovecharse de la fragmentación de la derecha y la altísima participación de votantes la ha elevado a los cielos (a ver si de una vez por todas entendemos que la fragmentación y el enfrentamiento solo sirve para entregar la victoria al bando opuesto). Porque la izquierda no ha sido solo PSOE y Podemos, también lo es Bildu y ERC (con todo el rechazo que me generan partidos que a la hora de la verdad anteponen sus deseos nacionalistas a todo lo demás).

No obstante, la izquierda tendría que preguntarse por qué demonios hace falta que aparezca un partido de ultraderecha para movilizar a todos sus votantes potenciales, o al menos a una mayoría de ellos. Pablo Iglesias ya ha salido haciendo su diagnóstico al respecto, y por primera vez en mucho tiempo se les oye algo de autocrítica, nuestras peleas internas nos han destrozado. Ya era hora de que lo entendieran, no quedan ya muchos con los que pelear dentro del partido, pero quién sabe, son capaces de todo. El partido morado ha logrado salvar las papeletas en el último momento, obteniendo diez escaños más de los que se pronosticaban, impulsado muy posiblemente por los dos debates electorales. No obstante, la sensación de victoria ante el fracaso de la derecha no puede hacernos una realidad inapelable, Podemos pierde casi la mitad de sus escaños respecto a las elecciones anteriores, que tampoco representan su máximo en representación parlamentaria. Deben sacar una lección de esto: el mensaje tranquilo, abandonando el discurso más provocativo y la prepotencia que en ocasiones rozaron lo esperpéntico, les ha ayudado a esquivar la debacle total, que ha pasado a ser solo parcial.

La derecha ha perdido sí, pero cuidado. Tampoco se han quedado tan lejos. VOX supera los 2 millones y medio de votantes. Se dice rápido, y el sistema electoral les ha perjudicado: deberían tener mayor representación parlamentaria si atendemos tan sólo al número de votos. Un 10% de los votantes españoles ha hecho suyo el discurso de VOX, algo que para mí resulta francamente preocupante. No mienten cuando dicen que ya han influido en la derecha. El viraje hacia el discurso intolerante ha sido muy marcado en el PP, y Ciudadanos ha hecho suyo el patriotismo de bandera (con poco contenido detrás) exponiéndola en todos lados. El discurso de soy español y hay que votarnos porque somos más españoles que los demás lo han utilizado las tres derechas; no en vano les han llamado el “trifachito”.

La derecha ha entrado en una situación complicada. VOX canaliza un porcentaje importante de sus votos de manera que la posibilidad de pactos depende de ellos, pero esa misma perspectiva es la que moviliza a los votantes y ha desplazado una parte de los votos hacia el PSOE. Es hasta cierto punto una paradoja, dependen de VOX, pero acercarse a VOX les perjudica. Ciudadanos tiene la salida más fácil, en un enésimo cambio de discurso podría buscar acercarse al PSOE cuando sea necesario (el IBEX 35 ya sueña con ello), ya que ha conseguido diferenciarse de la ultraderecha en algunas cuestiones sociales, como el matrimonio homosexual o la eutanasia (el truco de las banderitas parece que le funciona). Por otro lado, el futuro PP se parecerá mucho más al de Rajoy que al de Pablo Casado (su carrera política se vaticina oscura después de mayo). Habrá que ver como evoluciona VOX, que ha disfrutado de la subida de los partidos nuevos, algo similar a lo que le sucedió a Podemos, pero habrá que ver que tal aguanta. Ahora ya no podrá escaparse de los debates (en la televisión pública de Andalucía estaban invitados y no acudieron, en Atresmedia y TVE se quejaron de su ausencia, pero se desvelaron whatssap reconociendo a nivel interno que eso les beneficiaba). Pueden suceder dos cosas: que ahora que van a gobernar queden en evidencia todas sus carencias, o que se normalice su discurso, como ya está sucediendo ¿Cuándo se ha llegado a discutir en este país la idea de llevar armas? Me gustaría creer que será lo primero, pero la verdad, no lo digo muy convencido. Es cierto que en Andalucía la derecha ya ha bajado en representación, han sido nuestro Jesucristo particular, se han sacrificado para salvarnos a todos.

La otra lección a tener en cuenta es la de la plurinacionalida. En País Vasco y Cataluña el mensaje ha sido claro, nada de nacionalismos rancios. VOX se queda sin representación, PP (que ha optado por una candidata incendiaria) tan solo saca uno, y Ciudadanos se queda en cinco, muy lejos de ser el partido más votado tal y como sucedió en las elecciones a la comunidad. En el País Vasco estas tres derechas se quedan sin representación. La única derecha es el PNV, que mantiene un perfil mucho más bajo, y sobre todo, mucho más razonable que las derechas españolas. El partido de Revilla en Cantabria, de una tendencia similar, también saca su propio representante (a Revilla le ha faltado tiempo para pedir que inviertan en infraestructuras). Queda ver los pactos. Sánchez ya no declara con tanta claridad su rechazo a Ciudadanos, aunque eso la haría perder todo lo que ha ganado. Su éxito viene del viraje hacia la izquierda, se ha difrenciado de los varones mucho más conservadores, y sus militantes así se lo han recordado: Con Rivera no. Solo por si acaso se le olvida que es de izquierdas. Ciudadanos parece menos dispuesto: está decidido a suplantar al PP, y no va mal encaminado, aunque pronto parece que Feijóo dará un paso adelante y quizás se le complique el plan, ya veremos. La verdad es que tanto Sánchez como Albert son una veleta, todo es posible.

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