Pepsi presenta Nuevo Zanzibar -Dr. Nicolás Riviera

Es curioso como las grandes mentes pueden tener una visión nítida del futuro. Fritz Lang sabía hacia dónde se dirigía el mundo. Simplemente, no pudo imaginar que no serían las máquinas como tales las que iban a exigir los sacrificios.

Sería de necios negar que el progreso, en su mayoría de vertientes, es bueno para la humanidad. Aunque no está claro que para el resto de seres vivos que habitan el planeta lo sea (o para el propio planeta). Sin embargo, ese no és el asunto que nos atañe hoy. Hablamos de los avances, de lo que representan para el ser humano y de los costes derivados de ellos.

La Metrópolis que imaginó Lang, como no puede ser de otra forma, es propia de su tiempo. Él no pudo preverlo, pensaba que el progreso solo iba a llegar a unos pocos privilegiados, mientras que las masas se iban a ver abocadas a vivir en la miseria más dura (que tampoco estamos mucho mejor, pero bueno, aquí en el Primer Mundo no podemos quejarnos del todo) . Pero lo que nos ha convertido en esclavos, lo que está exigiendo sacrificios para aplacar su sed y seguir creciendo, lo que empieza a necesitar prácticamente de ejércitos personales para garantizar su seguridad no han sido las máquinas. Han sido las marcas.

Porque en un mundo en el que no tenemos chocolate si no 10 marcas diferentes de chocolate, no hay suavizante si no que hay 10 marcas distintas de suavizante, son las marcas las que marcan (valga la redundancia) el ritmo. Son ellas las que nos hacen trabajar más duro para poder permitirnos las. Las que nos piden sacrificios personales para poder alcanzarlas. Las que cada vez se vuelven más opacas en sus prácticas comerciales, hasta el punto de llegar a tener en nómina a grandes servicios de seguridad, tanto físicos como ciberneticos.

Resulta llamativo cómo las marcas cada vez están más presentes en nuestras vidas. Los patrocinios aparecen últimamente en los lugares más insospechados (festivales, encuentros culturales, etc…). No sería de extrañar que dentro de poco pasen a anunciarse hasta en los nombres de los países, como sabiamente esas otras grandes mentes que son el equipo de guionistas de Los Simpson insinuaron: Pepsi presenta Nuevo Zanzibar.

Así pues, ¿Hacia dónde vamos? ¿Serán las grandes corporaciones las que nos gobiernen en un futuro? ¿Tendremos a Coca Cola elaborando una constitución liberal, refrescante y sin azúcares añadidos para su territorio de Centro Europa?* Quién sabe. De momento muchos de nuestros futuros gobernantes ya tienen nuestros datos y preferencias, para utilizarlos como a ellos les convenga (no os estoy mirando a vosotros Facebook). Quizás ya se están organizando en estos momentos, acumulando datos y datos sobre nosotros, invirtiendo en sectores estratégicos y formando cuerpos de élite militares, puliendo los últimos detalles para su ascenso definitivo al poder…

O quizás no. Quizás esto simplemente sea una visión que he tenido en un desmayo. O una alucinación. A lo mejor ha sido solo un sueño. Igual que en la película, puede que esté viviendo una pesadilla nada más. Que no sea realidad, que todo esté en mi cabeza. Que las piezas no encajan tan adecuadamente como a mí me lo parece. Simples coincidencias. Que las marcas no están tan arraigadas en nuestra vida como yo creo, que no ostentan el poder que yo considero que tienen o que pueden llegar a tener. Pero piensen una cosa ¿Cuantos líderes de países del primer mundo son conocidos a nivel mundial? Quizás el presidente de los Estados Unidos de América sea el único que cumpla con este requisito. Sin embargo, ¿cuántas personas del mundo no serían capaces de reconocer el logo de Coca Cola? ¿O el de Nike? ¿No son acaso las nuevas figuras globales con las que todo el mundo se puede identificar? ¿Si un presidente de una gran compañía intentase su ascenso al poder, cuánto tiempo pasaría hasta que dejásemos de verlo como una broma digna de chanza, empezáramos a considerarlo un firme candidato al poder y finalmente lo aceptásemos como presidente ¿Make Apple Great Again?

Quizás no esté tan mal. Solo de pensar que el presidente Bezos prometiese regalar una cuenta de Amazon Prime a todos los ciudadanos se me pone la piel de gallina. O que el Resplandeciente Líder Musk vaya a entregar un coche eléctrico a todos los mayores de edad (probablemente esto acabe ocurriendo de aquí a unos 10 años…). Solo tenemos que abrazar el progreso, y dejar de preocuparnos de nada más.

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