Judas – Zule (poesía)

Reboso en el vagón de este tren truculento,

cuyo expreso del café, no se expresa ni sediento.

Creo que no queda silencio, se que todo es silencio:

la voz del chirriar se ha quedado en el momento.

Congelado como un templo, de hielo, perplejo,

pasa el tiempo y discurriendo, soy el rey de los rameros.

Me vendo, me tuerzo, me parto por dentro,

y reviento excrementos que huelen a mi aliento.

Tabaco pustulento, que me das el escarmiento.

Me siento poderoso, aunque sé que estoy muerto.

No soy heroe de conejos, que comen rabos secos,

y atragantan la templanza con babillas sin sustento.

Se alimentan las entrañas de arañas de descontento.

Su telar es la matanza que llora el correr del viento.

Aguacero somnoliento, pero que sigue en vigilia,

masticando pensamientos como nueces las ardillas.

Corre y pilla, corre y trinca, corre como lagartija.

Calorcillos sin caricias que sudan melancolía.

Bosques muertos, bosques raros, y estorninos, y arrendajos,

peleando en el costado de ese monte devastado.

Sin linaje, sin substento, sin amor, sin sentimientos,

solo, lo loco, que a cojo, sabe a poco.

Revienta esquizofrenia cuando nos quedamos sordos.

Alucinación de acción, de coacción y calaveras.

Camino por veredas a mano de sin respuestas.

Me destruyo, me consumo, soy mi droga y mi farlopa,

mi jaco en vena pocha, mi jeta en ensetá y loca,

mi calo de congoja que hace grises mariposas.

Picazón del escorpión de la puta del río.

Soy el chulo, soy la puta, soy el sitio, soy destino.

Soy crisis potencial, que algún día estallará,

y toda la bondad quedará borrada en limo.

Soy maldad, soy ambición, soy deseo de perdición,

un intento de escapar, a la cama del olvido.

Pero yo ya no me olvido, me siento conmigo.

Me muero entre cervezas que han caído y no he cogido.

Oigo cuervos, veo sectas, soy la secta de Longinos,

pero yo maté a Judá, y a San Pablo, y hasta a Cristo.

Me acosté con todos ellos, pero luego, por monedas,

me crucifique a mi mismo, tras correrme en sus ojeras.

Y al final me colgaron, de una cruz invertida,

donde sangro hacia mis ojos: soy Judas, ¿que te creías

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