Guerra civil de Libia (2011). II parte: desarrollo de la contienda, medios internacionales y consecuencias

Mikel Larrinaga Ortiz

En la anterior entrega analizamos el inicio del la guerra, el posicionamiento de los actores partícipes, los intereses que mediaron a nivel internacional y el porqué de la resolución de la ONU a favor de la intervención militar. En esta segunda parte queremos profundizar en el desarrollo del conflicto, analizando el papel de los distintos actores en él y señalando con claridad como la citada resolución fue sistemáticamente incumplida por los países participantes. Veremos que versión se nos ofreció a los europeos, y más concretamente a los españoles, a través de los mass medias y los puntos flacos de la versión oficial. Finalizamos planteando un retrato pos-conflicto del país y nos hacemos la siguiente pregunta ¿Existen de verdad las guerras humanitarias?

El desarrollo del conflicto o crónica de una muerte anunciada

Una vez que las potencias extranjeras intervinieron la guerra quedó decidida. El bando rebelde fue recuperando posiciones frente a Gadafi hasta que el 23 de agosto toma la capital del país, donde residía el dictador. Hay que recordar que los países interventores fueron mucho más allá de la resolución de la ONU y no se limitaron a garantizar el espacio de exclusión aérea, tal y como se había establecido en la misma. Tomando parte activa en pro del bando rebelde se dedicaron a bombardear posiciones estratégicas del régimen libio: las bases navales de Trípoli, defensas anti aéreas, puestos de mando, etc. Si el mandato instaba a proteger a la población civil, esta obligación fue desechada por un objetivo de mayor interés: el derrocamiento de Gadafi y su sustitución por el bando rebelde, recurriendo para ello al uso de la fuerza. Se llegaron incluso a localizar algunas tropas de a pie europeas y varios consejeros militares. El mandato anterior de la ONU había establecido un bloqueo armamentístico, y este fue aplicado por las potencias occidentales sí, pero tan solo para restringir los suministros recibidos por Gadafi (España participó patrullando con submarinos el Mediterráneo). Por el contrario, un flujo constante de armas dirigido a los grupos rebeldes llegaba a través de la península del Sinaí y no se hizo nada por frenarlo, más bien parece que se amparó. En definitiva, las potencias extranjeras no solo no participaron en un intento de minimizar las víctimas de la guerra sino que tomaron parte activa por un bando, lo que iba manifiestamente en contra de las resoluciones adoptadas por la ONU.

A pesar de todo ello Gadafi tampoco estaba completamente solo. El líder libio había practicado durante sus prolongados años de gobierno una activa política exterior a la que ahora iba a sacar una cierta rentabilidad. El país vecino de Argelia fue el principal apoyo del régimen gadafista, aportando armamento y ayuda militar materializada en el envío de mercenarios argelinos. La propia Irán entregó armamento de gran calibre destinado a la defensa frente a los bombarderos, aunque no llevó a cabo acciones de mayor peso. A su vez Gadafi había financiado grupos guerrilleros a lo largo y ancho del continente africano y estos se mostraron agradecidos brindándole su apoyo  (a cambio de un buen salario, todo sea dicho). Fueron muchos los que se presentaron en el país para tratar de frenar los avances rebeldes. Todos estos apoyos no fueron ni mucho menos suficientes para retener el avance rebelde y tan solo se tradujeron en un recrudecimiento del conflicto, siempre en perjuicio de la población civil.

El tratamiento de la prensa

Los grandes medios de comunicación jugaron un papel clave durante este conflicto, y es que no se limitaron a informar de manera concienzuda sino que tomaron parte activa por el bando rebelde y se posicionaron claramente a favor de la intervención militar. El conflicto de Libia se simplificó de la siguiente manera: el violador de los derechos humanos y dictador de Libia Gadafi había bombardeado de manera sistemática a la población civil para acallar las protestas en su contra. Consecuentemente la población se rebeló y adoptó las medidas necesarias para expulsar al líder libio, que opuso una tenaz resistencia, dando lugar a una guerra civil que enfrentó a unos buenos (el pueblo libio) contra un malo malísimo (el presidente Gadafi). Nada o muy poco se comentó de la composición del CNT, de que en el mando rebelde muchos de sus líderes eran ex-ministros de Gadafi. A pesar de ello, se hablaba sin tapujos de una oportunidad para la democracia. Pocos en los grandes medios se preguntaron cómo unas protestas civiles se convirtieron en un conflicto armado en apenas unos pocos días. Fue escasa la repercusión mediática que generaron las violaciones de derechos del bando rebelde, mientras que se condenaban día tras día las acciones del dictador. Tampoco se puso en duda la legitimidad de la resolución de la ONU. Apenas se produjeron debates en favor de mediaciones pacíficas: esa opción ni siquiera llegó a plantarse como posible. Se nos dijo que la intervención militar era la única posibilidad de pararle los pies a Gadafi. En resumen, no se nos explicó el conflicto sino que nos vendieron un relato muy concreto, y la gran mayoría de nosotros lo compramos.

Hay que decir que la prensa contaba a su favor con dos aspectos importantes. El clima generado por las primaveras árabes (que hablaban sin tapujos de la instauración de democracias, o al menos de regímenes menos autoritarios) despertó pronto simpatías en el mundo occidental. Las protestas libias se entendieron como una más. Pero ante todo, para la prensa fue muy fácil vender una imagen negativa de Gadafi, un líder autoritario y extravagante que quiere aferrarse al poder sin importarle el precio, al que se le tachó de auténtico loco. Y la realidad es que Gadafi fue en efecto un dictador autoritario que siempre hizo valer sus intereses, tanto dentro de Libia como fuera de ella, sin que el respeto por los derechos humanos fuese nunca un impedimento para él. Pero distaba mucho de estar loco: extravagante sí, pero no loco. Llevó a Libia al mejor momento económico desde su independencia y supo granjearse la confianza de los inversores europeos que hasta 2011 no vieron en Gadafi un dictador sanguinario sino un fantástico socio que garantizaba protección a los capitales europeos. Poco importó durante años que este personaje financiase guerrillas de todo tipo en el continente Africano. Eso no impidió que fuese acogido en todos los países europeos que ahora le daban la espalda, entre ellos España. Gadafi siempre fue Gadafi, pero durante mucho tiempo no fue ningún obstáculo. De repente se encontró en una posición de debilidad y su imagen sufrió un duro golpe del que ya era difícil recuperarse. Ya no sería tan fácil justificar el apoyo a un gobierno semejante. Gadafi dejó de ser útil.

Consecuencias de la guerra

Desgraciadamente las consecuencias de la guerra civil de Libia aún se hacen notar en el país y no resulta exagerado decir que la población vivía mucho mejor antes de que esta se desencadenara. Los efectos más visibles de la guerra siempre son el número de fallecidos  y el conflicto dejó en torno a 50.000 víctimas directas así como la destrucción de importantes infraestructuras a lo largo de todo el territorio libio.  Los enfrentamientos también generaron movimientos masivos de refugiados. Vivían en Libia muchos africanos inmigrantes que se vieron obligados a retornar a sus países de origen, y a ello se le añaden los desplazamientos, internos y hacía países vecinos, de buena parte de la población civil.

Pero sobre todo el conflicto dejó profundas secuelas que dificultarían la convivencia dentro del país y que son el germen de la actual situación de inestabilidad interna que lo azota. Gadafi había logrado mantener bajo control a los grupos tribales mediante un sistema combinado de represión y recompensas, al caer él, este sistema se rompe. Las tensiones tribales se recrudecieron alimentadas por el posicionamiento de unos grupos y otros en los distintos bandos del conflicto. Todo ello ha dado lugar al resurgimiento de la conflictividad tribal dentro del país. Recordemos que los grupos terroristas islamistas, que hoy en día han adquirido gran fuerza en el país,  ya actuaban en Libia antes de la guerra y  habían realizado varios intentos de asesinar a Gadafi. El conflicto será un campo abonado para su crecimiento, más teniendo en cuenta que van a participar activamente en él y que algunos miembros del CNT han sido acusados de enlaces con el terrorismo. En definitiva, Libia pasó de ser uno de los países africanos con mayor índice de desarrollo a un Estado fallido y en constante conflicto. Precisamente la inestabilidad que reina en el país lo ha convertido en una de las principales rutas de acceso a Europa para la inmigración, ruta controlada por completo por mafias a las cuales ya se les acusa de tráfico humano.

La guerra humanitaria: un contrasentido

No me posicionaré aquí ni mucho menos a favor de Gadafi. Estoy en contra de cualquier tipo de autoritarismo y sus injerencias en los países vecinos mediante la financiación de grupos guerrilleros son argumentos más que de sobra como para ganarse mi rechazo. Pero también me posiciono en contra de cualquier conflicto bélico en la medida de que este pueda evitarse, y todo parece indicar que en Libia, si bien nunca podremos asegurar nada, pudo hacerse más. Todos los intentos de promover soluciones diplomáticas fueron completamente ignorados, y los grupos a favor de la intervención alzaron con fuerza su voz para convencernos de que esta era su única opción: había que iniciar una guerra con tal de defender los derechos humanos. Esto es algo que no deja de ser un contrasentido en sí mismo, ya que resulta prácticamente imposible garantizar su respeto en un escenario de enfrentamientos constantes, más cuando los propios bombardeos  de la coalición afectaron directamente a la población. Una guerra puede llegar a ser justa, pero jamás humanitaria puesto que tan solo trae muerte, destrucción y dolor. En Libia la etiqueta fue utilizada para justificar una intervención que en última instancia no estaba sino motivada por intereses geoestratégicos de distintas potencias extranjeras. Ese fue el único motivo real por el que estas participaron.

Bibliografía

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