¿Que tienen en común una abuela y un ciudadano? – Dr. Nicolas Rivera

Vamos a empezar poniendo las cartas sobre la mesa, por desgracia en mi familia sabemos lo que es tener que cuidar a alguien. Mi bisabuela sufrió alzheimer, teniendo que ser cuidada por mi abuela y su hermana hasta que murió. Ahora es mi otra abuela la que sufre la misma enfermedad, teniendo que ser atendida en su casa por mi familia, con las consecuencias que ello conlleva: contratación de una empleada que la atienda la mayoría de la semana, turnos rotatorios para cubrir las ausencias de dicha empleada, etc… De todas las reflexiones que se pueden sacar sobre esta situación, hay una que me resultó especialmente llamativa a la hora de ponerme a escribir este artículo: ¿por qué tiene que pasar mi familia por esto sola?

Que no se me malinterprete tampoco, no me refiero a un apoyo por parte de vecinos, amigos y demás, si no mas bien desamparada por el gobierno. Las únicas ayudas son la pequeña paga que recibe mi abuela, más la presencia de una asistenta social durante un par de horas al día. Más allá de eso, que cada palo que aguante su vela. Yo entiendo que hay mucha gente en la misma situación de mi abuela, y que los recursos son finitos. No se puede negar esa realidad: España es un país cada vez más envejecido, con todo lo que ello conlleva. Sin embargo, la sensación más que de desamparo es de falta de interés por parte de las instituciones, sobre todo de los últimos gobiernos. Han decidido que esto es un problema de ámbito familiar, que estas pueden resolverlo como hace 60 años, cuando la mujer apenas se había incorporado al mundo laboral en nuestro país, y al final cuidar del abuelo o de la abuela en sus últimos días era una tarea más de las obligaciones domésticas. La realidad demuestra que esto ya no puede ser así.

Pero esto me lleva no solo a relacionarlo con el ámbito del cuidado de las personas mayores. ¿Y si el gobierno quiere que la mayoría de nuestros problemas los resolvamos en el ámbito familiar? Me explico: creo que los gobiernos (vamos a ampliar esto al ámbito internacional, para no ceñirnos solo a nuestro país) han decidido que los ciudadanos ya no son cosa suya. Que quien tiene que hacerse cargo de ellos no son las instituciones sino las familias: los padres manteniendo a sus hijos hasta edades nunca vistas antes, los hijos manteniendo a sus padres cuando estos enferman, y así sucesivamente. No estamos hablando de una vuelta a una especie de comunismo, donde el Estado sea el que organiza y planifica de una manera u otra la vida de los ciudadanos, pero sí parece que los distintos gobiernos cada vez están menos enfocados a esa función social y prefieren volver a los tiempos de Roma, donde el “Patronus” era el que indicaba al “Cliens” cuando debía actuar para ganar un pleito y ayudarle a superar el laberinto burocrático. Así pues rendir pleitesía a alguien por encima nuestro parece ser la única manera de poder medrar hoy en día, por mucho que nos vendan la moto de los emprendedores y demás zarandajas.

Más allá del signo del partido que gobierne, creo que los ciudadanos deberían ser el punto fundamental de cualquier política. Sin embargo, no parece ser ese el caso, al menos en los últimos 25 años. La falta de modelos políticos diferentes al capitalismo nos lleva a legislaturas cada vez mas enfocadas al capital y a los mercados mas salvajes, mientras que los ciudadanos quedan cada vez mas en segundo plano: empleos precarios que no permiten estabilidad, hacen que se proyecte sobre la juventud una imagen de fracaso con respecto a la generación anterior, sin que a la primera se le hayan dado las herramientas necesarias para poder construir lo mismo que sus predecesores. No se puede ir a construir un edificio solo con pico y pala.

Con esto, parece que el mismo desdén con el que se rigen las políticas de cuidado a los ancianos y a los discapacitados es el que empuja a las políticas sociales. El tejido social que tanto tiempo costó construir, ese que permite que todo dios se sienta “clase media” (discurso alimentado desde arriba) aunque su sueldo y su horario de trabajo diga lo contrario, se desgarra por completo, y nadie parece querer ponerle remedio, o al menos agarrar el toro por los cuernos y empezar con aquellas medidas destinadas a empezar a recuperar lo que se perdió en esta última crisis. Y aquí es donde el papel de “Papa Estado” debería equipararse con el de los padres de verdad, el de los padres que aparte de ser padres, son hijos. Hijos que también deben mirar por sus padres ahora que estos ya no pueden hacerlo por si mismos. Porque a veces en la vida no vale con pasar de largo, con nadar intentando poner la ropa a salvo. Hay que mojarse y tomar las decisiones difíciles, no ampararse en excusas y enfrentarse al problema con claridad y eficacia. No parece que ese vaya a ser el panorama que tengamos en los próximos años.

Para concluir, un simple recordatorio: no olviden a los abuelos. Son ellos los que han inspirado esta “diatriba” contra una situación con la que parece que convivimos a gusto. También son ellos uno de los pocos colectivos que están saliendo a la calle en contra de una situación bastante injusta. Hacen falta más abuelos, aunque sea para recordarnos que las cosas se pueden sacar adelante por difícil que sea la situación. Ya lo dijo Arquímedes: “Dame un puñado de abuelos, y moveré el mundo”(1).


(1) Esta cita de Arquímedes es totalmente falsa y me la acabo de inventar. No hay ninguna prueba escrita de que Arquímedes dijese semejante cosa. Todos los derechos de dicha cita son reservados. TM

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