¿Cuando se convierte una historia en verdad? – Dr. Nicolás Riviera

Hace poco estuve almorzando en casa de mis abuelos. Mientras conversaba con ellos, salio el tema de los miedos, las historias que contaban en esa época sobre determinados lugares (mis abuelos proceden de un entorno rural), etc… Ellos me contaron, como una vez, uno de sus vecinos dijo que se le había aparecido un caballo blanco en mitad del camino, y que lanzó un potente relincho. Todos pensaron que había sido una alucinación de borracho, y no le prestaron la mas mínima atención al asunto. De hecho mis abuelos recordaban la historia con diversión. Sin embargo, en la misma conversación, también me contaron otra historia sobre un camino por el que durante años estuvo prohibido circular al caer la noche, una historia para la que emplearon un tono totalmente diferente al que habían empleado antes, uno de mayor respeto. La razón que me dieron mis abuelos, es que allí se aparecía una “vieja con una capucha, peinándose”. Decían que habían sido varias las personas que habían visto a la vieja en el mismo punto del camino, asi que decidieron que no se transitara el mismo durante la noche. Al final, con el tiempo se descubrió que la aparición, no era mas que unos gamberros con ganas de divertirse, que habían creado una especie de marioneta que colocaron en esa parte del camino para echarse unas risas a costa de los incautos transeúntes.

Mas allá de otras posibles reflexiones que me dejaran estas historias, una de ellas se me quedo dándome vuelta a la cabeza: ¿Porqué en la primera historia nadie vio veracidad en las palabras de aquel hombre que porfiaba sobre la aparición de ese caballo blanco misterioso, y sin embargo en la segunda historia, bastaron un par de apariciones para hacer que un camino deje de ser transitable? Es decir, ¿Que elementos son necesarios para convertir una historia en verdad?

Analicemos de manera rápida las diferencias de estas dos historias contadas por mis abuelos. En primer lugar, la aparición del caballo solo fue visto por un hombre, de noche, y cuando este, según me contaron mis abuelos, volvía de un bar no en la mejor de sus condiciones. Mientras que en la segunda historia, la aparición de la anciana se presento delante de varias personas, con lo cual ahí entra el primero de los factores en mi opinión: el numero de personas. No es lo mismo una historia contada por un solo individuo, que respaldada por el testimonio de varias personas. La segunda tendrá mayor validez a ojos de la gente, por lo que es mas probable que se queden con ella antes que con el testimonio solitario de un desvariado.

Y es que precisamente ese es el segundo de los factores que entran en juego en la verosimilitud de una historia: la legitimidad del interlocutor. Decían mis abuelos que el hombre que vio el caballo venia de un bar, y que era conocido por frecuentarlos, por lo que la historia fue tomada simplemente por la locura de un borracho, nada digno de tomar en cuenta, salvo para hacer burla de su inventor. Sin embargo, en la segunda historia, las personas que las contaron eran tenidas por miembros respetables de la comunidad, de los que no era necesario poner en duda su palabra. Y ademas, como comentábamos antes fueron varios de estos miembros respetables los que confirmaron la historia, asi que con el respaldo que daban  estos testimonios, fue el miedo el que guió a la comunidad y el que les hizo actuar. Aunque estas historias se circunscriban a un ámbito rural, de una época que si bien no esta tan alejada temporalmente como pudiera parecer, tecnológicamente nos parece que esta a siglos de distancia, también pueden extrapolarse al ámbito académico de lo que conocemos como “Historia” con mayúsculas.

Son miles las investigaciones históricas que aparecen cada año, con nuevos enfoques sobre temas ya tratados anteriormente. Sin embargo, estos enfoques no siempre reciben la misma bienvenida entre el publico, y es aquí donde entran en juego los factores que apuntábamos anteriormente: el numero de personas que suscriben la nueva teoría (aunque este punto puede llevar a engaño, ya que una teoría equivocada, respaldada por muchos, seguiría siendo una teoría equivocada) y especialmente el prestigio de aquellos que desarrollan esa nueva teoría o de los que la apoyan.  Y es que al final, hasta las historias mas inverosímiles pueden convertirse en verdaderas si reciben el empujon necesario: ¿cuantas personas tuvieron que ver la “Santa Compaña” en las zonas rurales de Galicia y Portugal, para que eso fuera tomado por un hecho? No lo sabemos a ciencia cierta, pero seguro que muchos de los que la han visto o la vieron, fueron sugestionados por el relato de estas personas.

Decía J.R.R Tolkien al hilo de las historias y de las verdades que los mitos no eran mentiras, si no que eran  “invenciones acerca de la verdad”. Y es que es también curioso el caso contrario al que comentábamos antes, como las gentes pueden crear una historia para explicar una realidad de la que ellos desconocen su origen. Bien sabido es el mito del “coco” entre los niños, que toma miles de nombres por toda la península ( Mi abuela lo llama “el Bute”), basado en las tétricas historias de los ladrones de niños . O la riqueza mitológica de los valles de Cantabria, Asturias y el Pais Vasco, donde las formaciones rocosas de formas caprichosas, creadas a través del paso de millones de años, eran explicadas mediante gigantes y seres mágicos, que eran capaces de colocar ahí esas piedras, ya que de otra forma no era posible que se encontrasen allí.

Numerosos de estos mitos, como sucede con “el coco”, parece que forman parten de una memoria común de la humanidad, ya que se repiten en numerosas culturas, con diferentes nombres, pero rasgos comunes. ¿Significara eso que nos encontramos ante una verdad en lo que creíamos que eran simples historias? Quizás simplemente necesitamos que alguien con mucha credibilidad nos cuente que los cíclopes existen, que no eran solo leyendas que alguien escribió, si no que son de carne y hueso, que caminan entre nosotros. ¿ Alguien sabe como tiene la tarde Javier Cárdenas? Es para una cosa, gracias.

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