Tres poemas a la soledad – Francisco Frangelico

A la soledad.

 

I

Hacia lo alto va

con trémulo paso vuelto a las nubes,

tornándose polvo evaporado

en el aire la montaña profunda.

Extraña a sus cuevas,

a los filosos poros de sus cumbres,

a su ruidoso derrumbe de piedra,

cantando tiende su sueño

quebrado por estas y otras rarezas

desde la dura y áspera sierra.

Mal que la cercan

pobladas y angustiosas dehesas,

pues ella sola es fuente

y manar de inmensas reservas.

Nada es completamente suyo

y, sin embargo, algunos así la contemplan,

porque, callada, detiene el horizonte,

porque, inmóvil, soporta la tormenta.

Sus sendas se esconden

a los ojos de quien se aleja

por vastos mares y páramos eternos

anclado como un pozo vacío

a un vano y vago sufrimiento.

Y es que tal vez sea

a un tiempo, su cuerpo,

soledad templada y serena

y a otro, su deseo,

como el de una blanca sirena

que canta en la niebla atroz

con voz majestuosa

para procurarse de los hombres

y sus miedos, el más preciado alimento.

II

¿Qué es lo que buscas Soledad?

Hay algo en las lágrimas,

hay algo en el mar,

hay algo que buscas

y que no te puedo dar.

¿Por qué vienes entonces

a llamarme sin cesar,

si nunca te respondo,

si de ti no quiero más?

¿Crees que en mí está tu sed,

tu hambre o quizás tu libertad?

¿Qué es lo que buscas Soledad?

Hay algo en mis lágrimas

o en mi triste caminar,

hay algo que añoras

y que no te puedo dar.

III

Epitafio

Tan solo me siento,

con tanta libertad,

que me libero de ser yo mismo,

me libero de ser verdad.

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