Carta a un catalán, o como respondí por Facebook a alguien – Zule

El presente texto (publicado inicialmente en Contrapunto) versará, desde la perspectiva de Zule, sobre la situación catalana en relación al procés.  En el presente PDF se encuentran los detalles de la postura de la revista frente al tema, así como el marco en el que se escribe el texto: la respuesta a un comentario por Facebook. Sin embargo, aquí simplemente se reproduce la carta, sin el resto de observaciones.

       2. Respuesta a E.D.O. (seguidor de la revista)

En primer lugar, gracias por tu comentario. Eres la primera persona que comentas y por ello te has ganado un bueno, bonito y barato…. chapón xD para el comentario n° 100 intentaremos tener un bonito puntero láser, asique sigue jugando ;P

Fuera de coñas, queríamos responder a tu comentario, con el cual, como suele ser habitual, estamos en parte de acuerdo y en parte en desacuerdo. Las posturas en la revista son varias, así que yo, Zule, te doy la mía, que en lo esencial -aunque no en todos los puntos ni matices- creo que refleja la postura de la mayor parte de Contrapunto. Dado que somos una revista, voy a responderte de forma extensa, porque estoy en contra de los tweets, y si nos critican -y en este tema pueden hacerlo mucho-, que sea por un discurso y no a palabras sin contexto. Espero que por eso me perdones la posible pedantería y la pesada extensión, y desde luego, aunque parezca sentar cátedra, creo que el debate es de lo más agradable: no pienso poner ningún punto y final, y la bola podemos pasárnosla quienes queramos tantas veces como deseemos.

Coincidimos plenamente en tu crítica a los métodos totalitarios del Estado español. No sería difícil hoy en día confundir los telediarios con Cuéntame, especialmente en el caso de TVE (que además, filtra las cosas como las filtra). La manipulación mediática es el pan de cada día, y no me parece extraño hacia donde se manipula sabiendo que los principales propietarios de los medios masivos estatales son Planeta, Berlusconi, el Opus, las bancas yanqui y germana, y los partidos políticos (más o menos directamente). Creo que todos sabemos que la prensa masiva vive esta realidad y que hemos de filtrar lo que dice. Es un fetiche, repetido incluso por quien defiende la hegemonía, el de que las noticias y los políticos siempre mienten. Y ojo, y aquí nuestra primera discrepancia (o no): lo hacen todos, cada quien para su lado.

En el lado español sobran los ejemplos. No todas, pero sí importantes cadenas estatales (TVE a la cabeza) han omitido, sesgado y falseado todo el tratamiento del procés, llegando a niveles escandalosos y denunciables, que atentan flagrantemente a la libertad de prensa. No consumo las noticias de TV3, pero dudo -o al menos quiero dudar- de que se haya llegado a esos niveles de manipulación. Los medios, muchas veces reflejan como mayoritarios sectores que no necesariamente lo son (no creo que, fuera de círculos picoletos y semejantes, tanta gente como se piensa en Cataluña corease el famoso “a por ellos”) y como marginales otros sectores que evidentemente no lo son (véase el independentismo). Pero esto de la manipulación mediática es como los pedos: se notan, huelen mal y salen de todos los culos.

La manipulación también se da en el lado catalán (Évole lo refleja bien en su entrevista a Puigdemont). Personalmente, se me ocurre el ejemplo de Merlí, una serie maravillosa (la única actualmente en emisión que roza la filosofía). En ella ha ido permeando -para bien (en lo social) y para mal- el discurso de la CUP. Conforme se ha ido desarrollando el procés, una serie que partía de un discurso modelo 15M (empleado en todo el Estado) y en la que el independentismo era una parte más de la realidad general ha ido empapándose más y más del discurso independentista, que ha sepultado el discurso original. Obviamente, ambos discursos han sido usados de forma panfletaria, pero ahí no entro, porque la tele es así. Yo aun así la veo, por el soterrado sustrato filosófico que usa como excusa pa los amoríos. Pero a ratos, la matraca del español infantil, ingenuo e idiota (encarnado en el profe de literatura castellana de la tercera temporada) se me hace cansina, y más en un programa de adolescentes.
La evolución mediática del procés ha llevado a una caricaturización del español -y del andaluz y del castellano- tanto o más descarada que la que se hace del catalán en los basureros periodísticos estatistas. Y subrayo el o más -y lo siento sí aquí te chirrían un poco los dientes: recuerdo quienes son los que están en la cárcel- porque mientras que el Estado se empeña en repetir que es una minoría política la que hace y dice ciertas cosas en Cataluña (la que pide independencia) -es decir, el Estado desvincula el independentismo de una actitud mayoritaria: sus despectivas caricaturas no atacan en conjunto a la cultura catalana, que se siente en parte propia (sí habla castellano, eso sí), sino a ciertos agentes políticos- lo que encuentro en el discurso catalán, muchas veces, alude a ciertos defectos culturales congénitos a las regiones castellana, anduluza, extremeña, murciana… A cualquier cultura que hable castellano y quede comprendida dentro de las fronteras del Estado Español. No se están deformando solo los hechos y los discursos, se está tratando de forma despectiva un modo de vivir, una cultura otra. Es cierto que yo no consumo las noticias de TV3, sino ficciones, y que en este género, todo es mucho más exagerado: por eso en un principio no le dí importancia, y me pareció equiparable a lo que hacen los medios españolistas (que no todos los estatales: creo que la Sexta o eldiario.es han tratado minuciosamente el tema, sacando todos los puntos de vista, aunque, como todo discurso, partan desde un posicionamiento, en su caso, uno preferentemente no indepe).

¿Que el Estado del PP ataca a la lengua catalana? desde luego, y es más: me parece que atacar una lengua debería ser delito de lesa humanidad, pues es acabar con un modo de estructurar el mundo, de referirlo, de vivirlo y de crearlo. ¿Que así está atacando a toda una cultura? Sí, innegable. Pero con ello no está tachándolas de inferior: no he oído a ningún facha decir que los catalanes son sistemáticamente ladrones y delincuentes (sí decir que allá también está Puyol… esta gente siempre tirándo balones fuera). El peligro de este discurso, es que lleva a definir de cierta forma a las personas en base a una cuestión étnica. Este proceso lo he visto no solo en esta serie, sino en conversaciones con gente a la que quiero y respeto mucho, pero que en ocasiones ha dicho cosas que me sorprenden y me parecen demagógicas. Si cambio el gentilicio al que se le achacan ciertos adjetivos calificativos defectos congénitos, las palabras son claramente racistas.
En ocasiones me he sentido como ese negro que escucha de un amigo un discurso racista sobre los negros delincuentes y tiene que recordar “oye, pero que yo soy negro” y entonces su amigo le contesta “sí, pero no es lo mismo, tu eres diferente”. Mira, yo solo soy diferente porque no soy otro, soy tu amigo, y creo que de mi etnia hay grandes cretinos y fantásticos hijos de puta, pero porque así se han hecho -y les han hecho-, no por ser de mi etnia. Esa gran construcción del otro es algo que siempre me esperé siempre por parte de los de la pulserita de España, pero no de los indepes de izquierdas. A lo que voy es a que la presión tensa los discursos, la construcción de un otro fortalece la diferencia, y el fortalecimiento de esa diferencia, termina deformando la realidad. No solo hablamos de demagogia: hablamos de la construcción de un otro mediante los medios, y eso está ocurriendo desde ambos discursos de forma vergonzosa. Me centro en la que siento que me ataca, como allá os centráis en la que sentís que os ataca, pero la jodida realidad es que hasta hace no mucho, ese acá y ese allá eran diferentes, pero no tanto. Hace diez años seguíamos sabiéndonos distintxs en historia, lengua, cultura (y obviamente, en el espacio), pero no éramos diferentes: no éramos un marcado otro, un enemigo. Por suerte, aún quedamos quienes pasamos por encima de eso -tú y yo entre ellxs-, pero desde luego, la matraca fatiga, y las actuaciones de lxs políticos no ayudan (y en esto último, los españolistas tienen mucha más mierda que repartir).

Vuelvo así a los comunes. Como el texto que publicamos y tu mismo señaláis, el presente en general y el Estado español en particular pretenden desdibujar los límites de cosas claramente desemejantes (la oposición pacífica y el terrorismo) para hacerlas parecidas, a fin de poder legitimar así su aplicación de la violencia (siempre desmesurada) y, ya de paso, de manipular los planes de estudios (cosa que hacen en todo el Estado, allá donde gobiernan nos los comemos, aunque allá están atacando a la identidad cultural, y eso es muy grave). El Estado siempre -y ahora, de nuevo, más- establece el bien y el mal a su antojo. Y como malos son todxs menos ellos, quien no tiene el carnet del PP o del PSOE lo tiene crudo. La cárcel órbita sobre nuestras campanillas, y aunque ello de miedo, como artista, espero que al menos esto nos sirva para volver a dominar la metáfora. El punk que escupe verdades me excita, pero coño, hay que volver a hablar entre líneas -por fortuna para la estética, por desgracia para las personas. Pero al mal tiempo buena cara, que incluso aunque pongamos el perfil malo que realmente tenemos, sabemos de siempre que volverá con moratones.

Todo de lo que aquí hablamos estamos viéndolo desde hace años (como sospecho que sabes). Pandora, Piñata, Piraña, Ice… hemos vivido diversas operaciones por terrorismo a grupos y personas -principalmente anarquistas, aunque también comunistas- que no habían aplicado nunca la violencia: creo que nunca pretendieron hacer daño a personas, y desde luego, nunca lo hicieron. Lo vemos en Alfon y en Nahuel, en la gestión de la trifulca de Altsasu (donde los militares sin uniforme pueden ponerse hasta el culo de patxaran, pero nadie puede pelearse con ellos: pa ciertas cosas representan al Estado, para otras…). También en los raperos imputados (que solo repiten titulares de prensa, pero, eso sí, con mucha bilis), en periodistas como Boro (que simplemente informan y están donde los agentes no quieren), en Titiriteros Desde Abajo (que encima hablan con humor)… Son tantxs, que ya no caben.

Ahora, que el enemigo es otro, y tiene más poder, se aplica el mismo juego al independentismo. Se es más rotundo (quizás, no lo tengo claro) porque hay poder por medio, y eso acojona. Como decía Yoda «el miedo, al lado oscuro lleva». Y aunque no se si eso es verdad, tengo claro que a más miedo más se sacan los dientes (a veces con porra, otras con mazo). No es que lo que pase no haya pasado antes, lo que pasa es que ya no se ataca a los freaks de siempre. Lo que pasa es que ahora se ataca a un movimiento evidentemente hegemónico -o al hemos hegemonizante- para un porcentaje importante de la población catalana. Ya no son lxs antisistema: ahora son familias normales, con trabajo y sin él, personas que van a misa, gente con placa, sin placa, con clase, sin clase, gente de múltiples discursos, algunos de los cuales son plenamente capitalistas y conservadores. Estos últimos se sorprenden y se decepcionan, nosotros, como bien dices, no.

Como leo entre tus líneas, para tí (como para mí) el problema radical es el modelo de Estado -cuando no el Estado mismo. Señalaría que, ante esta crítica, el apoyo se esparce por todo el Estado. También creo que en todo el Estado ha habido un apoyo, -no se si mayoritario, pero sí creo que numeroso- a reivindicaciones como el -creo que ya casi olvidado por causa de traumatismo (el shock, de nuevo, jugando con la gente)- derecho de autodeterminación. También te digo que no hubo tanto apoyo en las depuraciones de consellers del pasado verano, ni tampoco en los pactos con el viejo modelo de Estado, que solo quiere cambiar de bandera (esos simpáticos azulones sin gaviota). El independentismo no lo ha hecho bien, pero los de siempre, lo han hecho peor. Lo han hecho haciendo lo de siempre: poner la pistola sobre la mesa. Así, Rajoy y los milicos hacen y han hecho más que nadie por el independentismo, tapando estos defectos que, quizás no ahora, pero si en algún momento, deberán ser tenidos en cuenta. Al menos, deberán ser tenidos en cuenta por quienes no ven en esto una mera cuestión nacional -la cual asumo como completamente legítima e identitariamente comprensible. Al menos, deberán ser atendidas por personas que ven tanto o más importante la cuestión del modelo de Estado, el modo de hacer política, la cuestión del poder, la economía y el medio ambiente (como siempre, las conjunciones pueden ser oposiciones, porque no todxs lo quieren todo, pero che, nos entendemos).

El independentismo es una gran bestia. Lo digo por fuerza, no por “incivilizada”. Es una bestia bicéfala: una cabeza niega principalmente el modelo de Estado, la otra cabeza -la primigenia- niega el concepto de España. Creo que lo cierto es que el independentismo seguiría siendo solo nacionalismo si no fuese por esta unión: la una (nación) sin la otra (Estado social) se convierten en dos grandes minorías (de nuevo frikis a los que podemos meter en la cárcel sin fallo alguno). En cierto momento del procés, las raíces decidieron que solo la raíz primigenia contaba (la cabeza nacional). Creo que en ese momento, todo siguió igual, pero algo había cambiado, aunque es fácil decirlo desde fuera. Por eso, en este punto, te invito a recordar las imágenes de las plazas (que aunque no nos representarán nunca del todo, reflejan un sentimiento positivo que vivimos por unos días, un sueño del que gozamos todxs por un instante). La cosa es que en Cataluña eso ha sido canalizado por el sentimiento nacional, y así nació el monstruo bicéfalo del que hablaba, que creo que en su unión solo ha confundido las cosas. La cosa es que ese monstruo, alimentado en su bicefalia, volvió a ser monocefálico, por el bien de la República. Yo no estoy allá (aunque soy un poco de allí: ahora, virtualmente, soy, como tú, ciudadano de la República) y no puedo valorar que habría hecho, pero precisamente por estar entre dos mares, creo que no todo lo justifica todo (quizás lo diga porque solo parlo una mica de catalá, y mal).

Y ojo, creo que en Cataluña se dio ejemplo, con la excusa independentista, de cómo articular ese movimiento de masas que late en tantos pechos y que tanto necesitamos en todo el mundo -ya no solo en el Estado Español. Cataluña ha sido un ejemplo visible de movilización social (aunque no lo comparta, me conmovió realmente la cadena del 2013), como creo que hay otro en Islandia, y en Uruguay y, por otra vía (y perdón a las guerrilleras por comparar lo incomparable) en Kurdistán. Pero al mismo tiempo me pregunto, y aquí me entristezco por el panorama que planteo, cuánto habrá influido en todo esto la chequera de esa burguesía a la que se la suda el modelo de Estado, esa que se mueve por los mismos intereses que pagaron el pistolerismo de la Semana Trágica. Sea como sea, en el independentismo catalán se une gente que está y siempre estuvo por intereses muy distintos. Con Allende estuvieron los democristianos, con la burguesía española los comunistas (siento poner ejemplos tan dispares y pobres, pero no se me ocurren otros, y los más evidentes son los clichés totalitarios que tanto se usan y tanto detestamos). El caso es que cuando hay un gran enemigo común y suficientes intereses compartidos (en los medios, que nunca en los fines) se pueden hacer todo tipo de pactos, pero eso no quiere decir que se esté por lo mismo.

En todas partes, de noche, todos los gatos parecen pardos, pero luego, al alba, se ven distintos. Ya en la mañana, unos y otros se hincan las garras: no solo son distintos, son antagónicos. Bebieron juntos esperando al sol, porque la luna llovía sangre, pero el sol les abrió los ojos, y he aquí entonces, de nuevo, la sangre. Entiendo que cuanto más oscura sea la noche, más querrán unirse al independentismo personas como tú, porque el Estado evidencia aquello que le achacáis (que le achacamos). Pero parte de los gatos que el Estado ha hecho ratones fueron tigres contra las mismas que ahora se manifiestan por ellos. Esos tigres, que ahora son ratones, negaron la existencia de presos políticos hasta que no pudieron negarlo, porque ellos mismos lo eran. Muchas personas que ahora hablan de presxs políticxs, y vosotrxs, catalanxs, lo sabéis mejor que nadie, desalojaron a ostias la plaça Catalunya, dejaron a chavales tuertos, apresaron a manifestantes en huelga, entraron en un rectorado okupado y han puesto a lxs okupas en la vía de lo penal. Esos tigres criminalizaron a personas a las que ahora, con las gónadas de corbata, llaman hermanas en la sangre, la cultura y/o la lengua; y es que puede que sean hermanos, como Caín era hermano de Abel. Y el mayor problema que yo siento, es que los de la chequera de ambos banderines han construido un otro Caín y un nosotros Abel. Ambos han hecho lo mismo en el discurso (mejor los azulones catalanes, claro está, con la ayuda de los patosos de la gaviota) y el resto -no tú y yo, pero sí mucha gente, la mayoría- han comprado ese discurso y se han olvidado de lo que realmente quieren o, mejor dicho, de quienes son sus hermanxs.

En este punto, y tras ver como crecen las líneas (planteándome ya si esto es una respuesta a tu mensaje o un artículo inspirado por ti) te pido disculpas por la extensión. Llevaba mucho tiempo queriendo expresarme sobre esto tal como lo estoy haciendo, y tú me has servido de excusa. Sé que toda esta verborrea que te digo te la sabes de memoria, pero creo que a veces hay que recordarla, para recordar lo que nos une, y no lo que nos separa. Por ello, quiero que sepas que elogio posturas como la tuya: me parece muy complicado mantener un discurso como el tuyo, atrincherado en un frente aunque, en el detalle silbeante de la bala, mudo entre sordos, en tierra de nadie. Quizás me equivoque, pero como se radicalizan las posturas en las dos grandes urbes del Estado me hace suponer cosas… Aquí siguen gobernando los nazis, y aunque siempre hemos sido más lxs bastardxs, como los de Tarantino, hay un proceso de nazificación, que sin embargo no logra tener sus frutos: la tensión enturbia y convulsiona, pero la mayoría tiene muy claro quien hace peor las cosas.

Me parece complicado habitar así, como creo que estamos nosotros, entre dos mares, especialmente en momentos como los que estáis viviendo (solxs, aunque no estéis solxs, al menos no en los problemas con el Estado, y me da igual la bandera y los milicos que se gaste). Es difícil hablar con calma cuando suenan los grilletes, y Piolín se convierte en el guardián de los perros que dormitan entre nieve -como siempre- en el puerto. Pero quizás, y esto es tema de ayer y de mañana, pero no de el largo hoy de los jueces de partido, debáis recordar que ni sois todxs lxs que estáis ni estáis todxs lxs que sois. Tenéis hermanas en todo el Estado, en todo el mundo. Por el modelo político (que no solo de Estados va la cosa) y por la identidad cultural (y la necesidad de reconocimiento, respeto y representación) y no siempre por las dos cosas, y no siempre solo por estas dos cosas. Pero recordad que tenéis enemigos en todas partes, y que ahora dormís con algunos de ellos, y que os dais besitos de buenas noches.

La mayor parte del Estado Español quiere un cambio de modelo de Estado, un cambio en el que -creo- puede y debe entrar un cambio en la noción centralista del Estado y en su reconocimiento de las identidades catalana, vasca, gallega, astur, leonesa, manchega, aragonesa, extremeña, madrileña, murciana, cartagenera, canaria (y creo que aún me dejo alguna). Creo que tenemos culturas muy distintas, y sin embargo muy iguales. Todxs sabemos castellano (sí, por circunstancia históricas, pero igual ocurre con latinoamérica, y no por ello dejó de sentirme hermanado a ellos), a todos nos gusta la siesta, los pinchos, el comer con los colegas, el beber con los amigos. Todxs tenemos muertos en las cunetas, todxs tenemos políticos corruptos. Todxs tenemos muchos problemas, defectos y virtudes comunes -como los tenemos con muchos pueblos mediterráneos, y americanos, y centroeuropeos. Creo que eso es un motivo suficiente para mantenernos juntos, aunque coincido en que hay que replantear las formas. Y dado que quienes mandan no quieren, y habremos de esperar (todxs, que yo también me como la mordaza, y la educación, y la sanidad, y la deuda, y la vivienda), creo que no podemos olvidarnos de todo esto, para poder construir juntxs en cuanto podamos. Porque juntxs, sí nos respetamos, somos más fuertes. Y fuera de pragmatismos, porque lejos de las caricaturas, cuando vemos nuestras caras, nos queremos y nos odiamos como familia que somos.

La mayoría queremos un cambio en las políticas. Queremos justicia redistributiva. Queremos techo, queremos educación (de verdad) y cultura (de la buena). Queremos tierras y aire y agua limpios. Queremos igualdad de género, de raza, sin frontera. Queremos libertad sexual (en la praxis, en la identidad, en la expresión). Queremos ser felices, queremos conseguirlo, y me gustaría decir que podemos, pero no lo tengo claro: no tenemos fuerza, y nos necesitamos. Nosotrxs a vosotrxs seguro, pero creo que también allá nos necesitáis. Recordad quienes os pegaron y os desalojaron cuando hace siete años comenzó esta guerra (que aún, sabemos, solo está comenzando). No olvidéis, por favor y por amor lo digo, quienes detuvieron en las plazas, y en las huelgas, y al GAC. No lo olvidéis, porque la bandera y la lengua no aseguran nada, aunque unan mucho. Y aunque espero no tener que decir que os lo dije, y aunque pueda, no lo diré nunca, tened en cuenta mis palabras. Hacedlo cuando empiece a clarear, antes de que caiga la luna y los gatos saquen las uñas. Porque vosotros sois gatos, de calle o de campo, pero vuestros hermanos son tigres de Siberia, y os devorarán tal como hicieron y aún hacen con todos nosotros. Sobrevivid como buenamente podáis a la noche, pero estad alerta, porque siempre llega el alba.

Desde Madrid,

con cariño y mucha fuerza

Zule

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